Tabla de Contenido

Lengua,historia y destino

La lengua y Nuestra Lengua

1. La lengua y nuestra lengua

2. Formación de una gran lengua

3. Proverbios y refranes

4. Modismos

5. Anglicismos y espanglish

6. Notas sobre bilingüismo

7. Palabras que entran y salen de la lengua

8. Cambios y vicios lingüísticos

9. Resumen

10. Conclusión

11. Algunos puertorriqueñismos

12. Frases intraducibles al inglés

13. Algunos anglicismos

Bibliografía

Unidad y diversidad de la lengua española

Introdución

Unidad y diversidad

El hablar latino-ibero

Poder de evocación

Notas sobre la lengua

1. Lengua y cambio incesante

2. La difusión de la lengua española

3. La lengua y nación

4. Los refranes y la cultura

5. Expresión y comunicación

6. En el Principio

7. Contraste entre lenguas

8. El lenguaje del humor

9. Lengua y cantar

Lengua, historia y destino



Alguien ha dicho que los pueblos sin historia son pueblos felices. Si la felicidad consiste en nacer, trabajar, comer, procrear y morirse sin pena ni gloria; pasar por la vida y desaparecer sin rastro, podríamos decir que son felices. Por el contrario, afirmo que la vida no se le dio al hombre para disiparla en rutinas intrascendentes. Sólo vive quien vive intensamente. Para Benedetto Croce la historia es la hazaña de la libertad y la libertad no se obtiene por la gracia divina: o se lucha o se pierde.
Hace años, cuando estudiaba en la Universidad de Madrid, tuve la suerte y el honor de trabar amistad con Gabriela Mistral y en una ocasión me pidió que la acompañara a Gibraltar y al norte de África. En esos días hablamos largamente de esta América nuestra tan zarandeada, de su Chile de tan larga tradición democrática; del Puerto Rico que ella conoció y del que dijo en su Discurso de Graduación en la Universidad las cosas más hermosas que se han dicho de nuestra tierra. Y en una de esas conversaciones dejó caer esta frase que se me grabó como leyenda escrita en mármol:
Me doy cuenta de que los pueblos giran irremisiblemente en su órbita
cultural-histórica. Si se salen de su órbita estallan en el vacío.
No es historia todo lo que le sucede a un pueblo. Su historia es también lo que quisiera haber sido, lo que quisiera llegar a ser. Lo otro es la crónica. Los gobernadores americanos en Puerto Rico -crónica. La lucha frente a sus arbitrariedades -Muñoz Rivera, Matienzo, De Diego- historia.
¿Cuándo y dónde empieza nuestra historia? ¿Qué es lo que podemos llamar nuestra historia? Muchas teorías se han levantado sobre el tema, algunas totalmente erradas y cargadas de prejuicios dogmáticos y condenadas, por ende, a vivir muriendo en cenáculos de minorías. Pero la verdad histórica siempre permanece aunque pretendan sepultarla en una avalancha de conceptos vacíos.
La historia es la memoria del trayecto de nuestra sangre a lo largo del tiempo. Los hechos no son históricos si no son pensamiento. Y si concebimos así la historia, la nuestra empieza con las carabelas. En ellas llega toda la cultura del occidente cristiano y civilizado; el mundo cristiano que para Benedetto Croce es el fundamento de la época moderna.
La civilización judeo-cristiana al concebir al hombre como hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza, lo ha dotado de la suprema dignidad; le ha dado un alma inmortal; le ha inyectado el espíritu de redención, la noción de que todos los hombres pueden salvarse.
Pero traen también esos hombres que ponen pie en el Nuevo Mundo, la ciencia que heredaron de Grecia, el concepto del Estado como ordenación jurídica de la sociedad que es herencia de Roma; traen la palabra de Cristo que habla de perdón y de amor; y traen las instituciones que se van cuajando a lo largo de la Edad Media: la lealtad del vasallo al señor a cambio de protección y de justicia. Que la ley se viole no le resta importancia al principio. Las monarquías nacionales del Renacimiento surgen por necesidad, como instrumento de defensa frente a la arbitrariedad de los señores. En el palacio está la Corte. El poder del Rey descansa sobre su facultad de impartir justicia, pero por encima del poder absoluto del monarca se reconoce la inviolabilidad del espíritu.
Los versos inmortales de Calderón así lo atestiguan:

Al Rey la hacienda y la vida
Se han de dar, pero el honor,
Es patrimonio del alma
Y el alma sólo es de Dios.

Y cuando el Rey es tiránico y no cumple su sagrada misión de hacer justicia algunos miembros de la Iglesia son los primeros en justificar el tiranicidio. Los libros del Padre Mariana que justifican la violencia contra la tiranía fueron quemados en París a raíz del atentado contra Enrique IV.
Vienen con esos hombres la cruz y la espada. Y la cruz en la empuñadura de la espada. No se puede conquistar el mundo con oraciones. Pero la espada por sí sola puede aterrorizar o matar; conquistar nunca. Si Roma hubiese descansado exclusivamente sobre sus legiones para mantener en sujeción los pueblos conquistados, jamás hubiese sido dueña del mundo. El derecho romano, y con el derecho la pax romana, permitieron juntar, una vez restañadas las heridas de la guerra, los pueblos más dispares y aguerridos.
Otro tanto podemos decir de la conquista. Sin la idea redentora que aflora consistentemente en las cédulas reales y sin el celo de los misioneros, la conquista y la colonización habrían seguido la suerte de la Armada Invencible: se las habría tragado la selva como se tragó el mar aquel otro propósito imperial.
Sobre el trasfondo histórico, sobre la vida de millares de hombres que en su cotidiano vivir van moldeando imperceptiblemente, sin propósito aparente, la cultura de la sociedad en la que están inmersos, puede escribirse tanto que no cabría en la Biblioteca de Alejandría.
Lo anecdótico puede servir para ilustrar el pro y el contra de cualquier situación, pero las dos anécdotas que transcribo son típicas de lo que acumulándose siglo por siglo creó el mundo hispanoamericano.
A Rodolfo Reyes, el jurista, hermano de Alfonso, le oí en el Ateneo de Madrid este suceso. Iba a caballo por uno de los parajes agrestes del norte de México. Lo acompañaba como guía un indio, silencioso y hermético como tantos que he conocido. Al llegar a un paraje solitario donde había una arboleda rodeando un manantial el indio se apeó del caballo, caminó hasta el manantial, se quitó el huarache, afirmó la planta del pie, se puso el huarache nuevamente, y volvió a montar.
-"¿Por qué hace eso?" - le preguntó don Rodolfo.
-"Es la huella del padrecito."
Allí, lejos de lo que llamamos la civilización, los indios no permitían que se borrara la huella de uno de aquellos misioneros que vivieron, enjugando lágrimas y repartiendo bendiciones donde otros habían pasado repartiendo cuchilladas. Ninguna estatua en ningún lugar del mundo me impresionó más que el recuerdo de aquella huella.
Y aquí, en Puerto Rico, años más tarde estaba limpiando un cercado de mi finca de Trujillo Alto con una treintena de hombres. Ordené que se tiraran tres pelos de alambre en la guardarraya. Uno de los más viejos levantó la cabeza y me advirtió: "Don Salva, Ud. no puede cerrar ahí." Y todos dejaron de trabajar.
-"¿Por qué?" - le pregunté.
-"Ese es un camino del Rey."
El rey había dejado de ser nuestro rey hacía casi medio siglo, había sido destronado, había pasado la Guerra Civil, había muerto, pero ese seguía siendo "el camino real". Nadie podía cerrar el paso a nadie. Esas servidumbres de paso estaban protegidas, bajo severas penas, por la autoridad real.
No puede darse mejor prueba de la persistencia de unas instituciones y unas normas sin las que la conquista y la colonización jamás se habrían cumplido. Por haber faltado en el mundo anglosajón ese esmero en la implantación de normas de justicia, el oeste americano cayó bajo el dominio de la ley del revólver.
¿Por qué hay tan encontrados criterios sobre la conquista y la colonización? Muchas razones hay. El territorio americano es enorme. Plácido el paisaje en algunos lugares, aterrador en otros. Pacíficos los indígenas en algunas regiones. Feroces y díscolos en otras. Cultos y caballerosos muchos de los conquistadores al frente de las expediciones; incultos y violentos en otras. Consecuencia de esas variadísimas combinaciones de tierra, indígena y conquistador, son las diferencias radicales entre los hechos que se suceden en diversos lugares, y entre las narraciones y los documentos que van surgiendo al paso de los amos: unos de gran objetividad, otros de aprobación y elogio o, per contra, de censura y repudio.
Hay pues, como en la Biblia, lo que puede servir para ejemplificar cualquier conducta, campo abierto para exaltar o condenar la obra de España en América. Y puesto que las naciones que llegaron tarde tenían como primera providencia que debilitar el Imperio español para poder acercarse a las nuevas y fabulosas tierras, se lanzaron sobre las expediciones que regresaban en anárquicas maniobras de piratería, así como sobre toda información dañina que pudiese empañar o destruir la imagen de España. La leyenda negra contribuyó más que ninguna otra causa a destruir el prestigio de la gesta española en América,
Frente a eso y como reacción natural, se levantó la leyenda rosada, tan ajena a la realidad como aquella. Las glorias de la cruz y la espada; el triunfo de una política religiosa de salvación por la persuasión y la fe y el pleno respeto a las normas e instituciones del indio. Para esa leyenda los conquistadores resultan tan purísimos especímenes como los bobalicones peregrinos de Massachusetts que dominaban a los indios con la Biblia en la mano y los ojos en blanco y se sentaban a comer el pavo de Thanksgiving con los caciques, como si fueran monaguillos, cuando, como cuestión de hecho, no dejaron indio sano.
En el último siglo, sin embargo, los más serios historiadores de Norteamérica y Sudamérica vienen haciendo una revisión meticulosa y justiciera de nuestros siglos pasados. Como resultado, me atrevo a decir que antes de una generación se volverá a ver la obra de España con mayor claridad y que será interpretada con más acendrado espíritu de justicia. En los ensayos de Carlos Fuentes, de Carlos Rangel y de Octavio Paz hay párrafos iluminadores. Pero sobre todo, no ya España, todos los que hablamos español, tenemos una deuda de gratitud con Silvio Zabala, el meticuloso y preciso historiador mexicano. Con la más rigurosa precisión, Zavala se ha dedicado no a exaltar, a valorar la conquista, la colonización, y sus instituciones. No puedo resistirme a la tentación de leer para ustedes algunos párrafos de su Filosofía de la Conquista, publicada hace años.

No parece vana la insistencia en estos precedentes si hemos de
corregir la equivocada idea de que debimos exclusivamente la
independencia y el liberalismo a una imitación ingenua y casual de
modelos extraños que, de pronto, deslumbraron a nuestros antepasados.

Hoy nos damos cuenta de que sus peticiones -a fines del siglo
XVIII y principios del XIX- se acomodaban a una antigua disposición
de ánimo; a un anhelo perdurable de justicia y libertad que les hacía
venerar, entre otras, la figura de Las Casas. Y en tal época, como había
ocurrido en el momento de la Conquista, tampoco faltaron ideas ni
realidades contrarias que surgieron asimismo del fondo de nuestra
historia. Por eso hubo otra lucha porfiada y trágica.

La libertad es más antigua entre nosotros de lo que comúnmente se
ha creído.
El Cristianismo no llega el Nuevo Mundo desprovisto de fermentos
favorables a la libertad humana, aunque después haya podido
desviarse por otros caminos.
Quienes desde la época de la contienda por la independencia
vienen defendiendo la concepción liberal de la vida, no tienen que
renegar del pasado hispanoamericano en su conjunto pues contiene
valores capaces de suministrar apoyo y estímulo a esa misma defensa.

Sepúlveda y Las Casas son los dos polos opuestos de la concepción jurídica y política de la Conquista. Sepúlveda cree en la violencia y Las Casas en la persuasión. Bernardo de Sahagún cree que hay que meter a los indios al cielo a palos. Vasco de Quiroga cree en la prédica pacífica.
Pedro de Angulo en 1542 escribe a Carlos V desde Guatemala: "Todas estas gentes no quieren sino paz y amor." Y añade:

suplicamos a V. M. nos conceda que dentro de quince años no entren
allá españoles hasta que los indios puedan estar informados de las
cosas de nuestra santa fe católica y sepan usar de su libertad y
andando el tiempo nosotros los induciremos a que ellos mesmos
llamen a los españoles y hagan en medio de aquellas tierras una gran
ciudad para que tomen la policía de los buenos cristianos (Hanke, El
prejuicio racial en el Nuevo Mundo, p. 132).

Y Gregorio López cita a Cayetano, comentarista de Santo Tomás, al efecto de que "no es justo pretender que se haga la guerra para extender el Evangelio" (pp. 138-39).
Unos se apoyan en Aristóteles, y su justificación de la esclavitud, y otros invocan a Santo Tomás y a otras autoridades de la Iglesia para admitir solamente la guerra justa. Lo que finalmente sucede, y es historia, no es ni lo uno ni lo otro. Toda síntesis histórica contiene rasgos de las tesis y las antítesis de las cuales surge.
No hay, pues, que apegarse, por prejuicios, superficiales cuando descansan en pobre información, o profundos cuando se fundan en rencores o resentimientos personales, a leyendas de ningún color. Estamos ante una obra magna, hecha por manos de hombre, y los hombres somos capaces de las mayores grandezas y las mayores iniquidades. Pero lo que queda como resultado final es que somos el producto de una obra de cíclopes sin parangón en la historia humana.
El gran historiador mexicano Carlos Pereira nos dice que "la independencia de México nació en la Conquista." Y como dice Aguado Bleye en su Historia de España: "En las Cartas de Relación de Cortés y en La verdadera historia, de Bernal Díaz del Castillo, ve Pereira la fe de bautismo de su patria." Y Charles Lummis expresa con asombro: "Ninguna nación dio jamás cien Stanleys en un siglo."
De la obra ya citada de Lewis Hanke, dos párrafos recogen admirablemente las características del conflicto filosófico y religioso que atormentaba a los españoles en ese momento estelar de la historia de la Humanidad.
Dice Hanke, citando a Sepúlveda:

Algunos hombres pueden ser muy nobles y dueños de grandes
propiedades pero el derecho de las naciones y la ley de naturaleza
dispone que de los vencedores son los despojos.(1)

Y por otra parte afirma el mismo autor:

Ni siquiera el Cabildo de México respaldó la opinión de que los indios
no tenían cultura o lugar en la estructura del gobierno español en
México. Por ejemplo, el 3 de octubre de 1561 recomendó al Rey que 6
de los 24 regidores de la ciudad fuesen siempre indios para promover la
unión y conformidad de indios y españoles (Actas del Cabildo de
México 492-93).(2)

No hay espacio en tan poco tiempo ni siquiera para nombrar a esos 100 Stanleys de que habla Lummis. Pero sí debemos mencionar a algunos como un tributo a aquellos hombres, a los descubridores, a los adelantados, a los fundadores.
Además de Cristóbal Colón, los Pinzón que hicieron posible el primer viaje. Nicolás Ovando, Diego Colón, Juan Ponce de León, Francisco, Gonzalo y Juan Pizarro, los Almagro, Pedro de Valdivia, Orellana, Jiménez de Quesada, Coronado, Álvarez de Nicuesa, Aguirre, Magallanes, Juan Sebastián el Cano, Vasco Núñez de Balboa, Legazpi, Cabeza de Vaca, Benalcázar, Pedrarias Dávila, Hernán Cortés, Hernando de Soto.
Y junto a estos, los hombres de la espada, los cronistas y los misioneros: Bernal Díaz del Castillo, Abad y la Sierra, Cabeza de Vaca, Solórzano, Montesinos, el Padre Las Casas, Vasco de Quiroga, Bernardo de Sahagún, Junípero Serra, Fernández de Oviedo.

(1) Lewis Hanke, El prejuicio racial en el nuevo mundo, p74.
(2)Ibid.,p.85.

Pero lo que sorprende es el valor, la audacia, la movilidad de aquellos cíclopes. Un día hallamos a Pizarro en Panamá y un año después ha conquistado el Perú, y con él cruzan la línea que trazó en la arena, los trece de la fama. Un día vemos a Hernando de Soto enseñando a jugar ajedrez a Atahualpa y unos años más tarde descubriendo el Misisipi. Un día inicia Ponce de León la construcción de San Juan Bautista de Puerto Rico y poco después es herido de muerte por los seminolas en la Florida adonde fue a buscar la fuente de la juventud. Como dijera de él uno de nuestros poetas:

Fue el primer Don Quijote de la Historia,
el primer Fausto y el primer Don Juan.

En menos de 70 años, 150,000 hombres habían conquistado todas las islas del mar océano, en el Caribe, y se extendieron hasta las Filipinas. Y conquistaron casi toda la América del Sur, la América Central y en la América del Norte las dos Floridas, la Luisiana que se extendía hasta Canadá, y el territorio que ocupan hoy California, Texas, Colorado, Nevada, Arizona, Nuevo Méjico y llegaron hasta Alaska: una de sus ciudades se llama Valdés.
Pero detrás de la conquista venía la colonización. Cien años después del descubrimiento había 70,000 iglesias en el Nuevo Mundo y junto a las iglesias, los hospitales, los seminarios y las universidades: la de México, la de San Marcos en Lima, la de Santo Tomás en Manila. Hoy, en un mundo descreído, es difícil concebir el fervor religioso que permeó toda esta obra civilizadora. Pero la preocupación por cristianar a los infieles es una constante en las cédulas reales, en las instrucciones a los gobernadores, en las crónicas, en los memoriales de los misioneros.
No fueron pocos los abusos contra los aborígenes. Pero fueron mucho más numerosos los esfuerzos por evitarlos y por incorporar a los naturales a la nueva cultura.
Llama Fernando de los Ríos "los imponderables de la Historia" a hechos fortuitos, a la aparición de figuras providenciales, a coincidencias extrañas que alteran el curso de los acontecimientos humanos. Hecho fortuito fue que la rendición de Granada se produjera en 1492. Si hubiesen tardado un año más los servicios de don Cristóbal, que ya iba camino de Francia a ofrecer su iluminado proyecto, podían haber esperado un siglo más, o América hubiese sido descubierta por otra gente.
Hechos providenciales fueron la testaruda presencia de Colón en la Corte y la visionaria decisión de esa extraordinaria mujer que se llamó Isabel la Católica.
Coincidencia extraña es que ese mismo año de 1492, con la conquista de Granada Isabel y Fernando consumaran la unidad española, Colón descubriera el Nuevo Mundo y Antonio de Nebrija publicara la primera gramática de la lengua castellana, que contribuyó también a unificar la lengua y su enseñanza. Se consolidaba un imperio y una lengua para dominar ese imperio.
Sin esa lengua de tan extraordinaria sencillez fonética, no puedo imaginar que un continente con una población fragmentada en centenares de lenguas y dialectos pudiese haber sido conquistada y unificada en tan corto tiempo. Baste como ejemplo de esa variedad de idiomas que aún hoy, en Guatemala solamente, como me aseguraba hace poco Barón Castro, subsistan veintisiete lenguas indígenas, y 50 entre los 3 millones de indios mexicanos que todavía no hablan español.
Por esa lengua fue posible, aunque no fácil, que como dice Juan de Silva "nunca se predicó Evangelio sin sangre de predicadores," la unificación cultural de América.
En la primera generación los indios ya hablaban español, y usaban pantalones y zapatos. Y no conocemos de otro caso que en la primera generación haya producido un clásico en la nueva lengua, como es el caso del Inca Garcilaso de la Vega, hijo de un capitán español y de una princesa inca de la casa de los Capac.
Por esa lengua se incorporaron a la civilización millones de hombres de otras razas que otros poderes coloniales, o no quisieron o no pudieron incorporar a su cultura.
No hubo el menor empeño en la marcha anglosajona hacia el Oeste, de cristianar o incorporar a los indios de Norteamérica. Les violaron todos los tratados que les firmaron. Y hace apenas dos semanas en la marcha de los indios en Washington en la que participó su "cara pálida" favorito, Marlon Brando, el jefe Pluma Blanca hizo una tremenda acusación: "Nos han matado 14 millones de indios y ahora quieren esterilizarnos."
Las propiedades maravillosas de esa lengua puede palparlas cualquier persona que se tome el trabajo de cruzar desde la mitad sur del oeste americano hasta la Patagonia en la Argentina. Verá que puede entenderse con cualquier campesino, blanco, negro, mestizo o indio. En cambio, donde en situaciones geográficas y demográficas similares entraron el inglés, el francés, el holandés, se habla patois, créole, papiamento o un inglés que no se entiende ni en Brooklyn.
La nuestra es hoy la segunda lengua del mundo occidental. Antes del año 2000 será la primera por el número de sus hablantes. Y por eso podemos afirmar que el común denominador de nuestra América es el elemento hispánico. Por este don le deberemos a España gratitud imperecedera.
"Lengua, historia y destino" he titulado estas palabras. En esa historia hay valores desde los cuales levantar un futuro más alto. En esa lengua están los fundamentos de un posible programa de porvenir colectivo. Sobre el destino no me aventuro a profetizar. Son muchos los pueblos que se han frustrado en la historia, pero en las buenas y en las malas, estoy con los míos, y tengo fe en que nuestro mundo sabrá vencer las enormes dificultades que le ha deparado la suerte y que podrá, sobre su pasado de gloria y su lengua inmortal, arribar a un destino más alto.

La lengua y nuestra lengua

1. La lengua y nuestra lengua. 2. Formación de una gran lengua. 3. Proverbios y refranes. 4. Modismos. 5. Anglicismos y espanglish. 6. Notas sobre bilingüismo. 7. Palabras que entran y salen de la lengua. 8. Cambios y vicios lingüísticos. 9. Resumen. 10. Conclusión. 11. Algunos puertorriqueñismos. 12. Frases intraducibles al inglés. 13. Algunos anglicismos. 14. Bibliografía.

1. La lengua y nuestra lengua

Si hemos de hablar de la lengua debemos empezar por definirla. Es el órgano muscular movible situado en la cavidad de la boca que le sirve al hombre para cumplir dos funciones indispensables: para deglutir los aIimentos y para articular sonidos.
Y puesto que ha sido el instrumento para convertir los sonidos en palabras, se ha venido a llamar lengua al conjunto de palabras que el hombre ha inventado para comunicarse desde que aparece en un remoto día sin fecha en el umbral de la prehistoria.
Desde que empieza a mencionar las innumerables cosas del mundo enorme que lo rodeaba fue emitiendo sonidos elementales para distinguir unas cosas de otras. Casi todas las lenguas primitivas son monosilábicas: la naturaleza fue la primera maestra de idiomas.
El hombre aprendió a hablar con la canción del pájaro, con el murmullo del río, con el rumor del mar; con el susurro del viento en los árboles, con el ruido del árbol que se troncha y de la piedra que cae y rueda y se desliza, y también aprendió con los peculiares gritos de animales y fieras.
Revisaba recientemente el Diccionario de voces naturales de Vicente García de Diego, y es del mayor interés ver cómo se manifiestan en las más diversas lenguas sonidos similares para nombrar cosas similares.
Es pues la onomatopeya, la imitación de los sonidos de la naturaleza, la fuente inicial del idioma. Pero la lengua crece como los ríos y su cauce es la sintaxis, la ordenación de las partes de la oración de manera que el pensamiento pueda expresarse con claridad. El artículo, el pronombre, el sustantivo, el verbo, el adverbio, el adjetivo, la preposición, se coordinan de manera diferente en lenguas diferentes. Una lengua es un sistema de pensamiento.
Aunque parezca extraño, un gran músico, Federico Chopin, ha expresado con fidelidad esta trasmutación del sonido en palabra:

Las palabras arrancan de los sonidos; los sonidos existen antes de las
palabras; la palabra es una cierta modificación de los sonidos.

¿Pero por qué, puede preguntarse, no modulan todos los hombres esos sonidos de idéntica manera? A eso diremos que no hay dos voces iguales y cada hombre al imitar un sonido suena de distinta manera cuando lo reproduce.
De lo expuesto resulta evidente que aunque las palabras onomatopéyicas sean diferentes en diferentes lenguas, hay cierta similaridad en los sonidos que denuncian el origen del vocablo.
Sólo unas cuantas palabras deben servir como botón de muestra:

EN ESPAÑOLEN INGLÉS
El león, rugeThe lion, roars
El caballo, relinchaThe horse, whinnies
El burro, rebuznaThe donkey, brays
El toro, mugeThe bull, bellows
La oveja, balaThe sheep, bleats
El ternero, berreaThe calf, bellows
La gallina, cacareaThe hen, cackles
El lobo, aúllaThe wolf, howls
El gato, maúllaThe cat, mews

Con algunas excepciones en esta lista de nombres de sonidos que emiten los animales se oye claramente que el hombre, en dos lenguas diferentes, ha tratado de imitar el mismo sonido.
El gruñido de un perro está con gran precisión marcado en la palabra 'gruñir', que en inglés tiene varias equivalencias; growl, grunt, grumble, snarl.
Muchas aves nos dicen su nombre al pasar volando, o mientras anidan en un árbol cercano. Y nuestro vocabulario puertorriqueño está salpicado de nombres que permiten a cualquier hombre de campo identificarlas sin verlas: el juí, el judío, el bienteveo, el pitirre, el guaraguao. Son palabras autóctonas que identifican el origen nacional de una persona tan valederamente como un pasaporte. Si lejos de Puerto Rico usted oye a alguien decir "cada guaraguao tiene su pitirre," puede acercarse y saludarlo en la seguridad de que va a entablar amistad con un compatriota.

2. Formación de una gran lengua

Nadie sabe en qué momento el hombre aprendió a encender el fuego para usarlo a voluntad; ni en qué momento se le ocurrió domesticar el caballo, el buey, la vaca y la gallina; ni en qué momento inventó la rueda o el arado. Tampoco sabemos en qué momento el hombre empieza a hablar; a convertir los sonidos que fluyen de su boca en palabras. Los hechos fundamentales sobre los que se fundamenta el progreso humano antes de la historia no tienen fecha. Pero sí sabemos que el hombre, desde que aparece en la historia, ha inventado por lo menos 5,000 lenguas; que están vivas más de 2,700; y que de ese extraordinario caudal, de ese esfuerzo disperso de todas las razas, en todos los continentes, por adueñarse del mundo que habita, las primeras dos por el número de sus hablantes son, en el Occidente, el inglés y el español. Y también podemos predecir que, por razón de nuestro crecimiento demográfico, antes de veinte años el español será, también por el número de sus hablantes, la primera lengua del mundo occidental.
Haber sido formados en una lengua de cultura de tan extraordinaria dimensión, tan firmemente establecida en tres continentes, y que tan grandes contribuciones ha hecho a la cultura universal debe ser no sólo motivo de orgullo sino de preocupación. La fragmentación de esa gran lengua sería un desastre cultural para todos los que en ella nos hemos formado. La lengua es un sistema de pensamiento; un acervo común de experiencias pretéritas, un instrumento de comunicación, de creación.
No es superfluo, pues, que digamos algunas palabras sobre su formación. Nos servirá para entender algunos cambios que se están operando en la lengua que hablamos hoy y para especular sobre el futuro.
Nuestra lengua es, de las lenguas romances, la hija más pura del latín. Se estima que de esa gran lengua que fue señora del mundo por casi 2,000 años, se deriva el 85% del léxico español. Pero los griegos, que fueron los grandes maestros de la humanidad, le dieron a Roma las palabras más cultas, las palabras de la ciencia, de la matemática, de la filosofía, de la literatura. Así pues nuestra lengua, indirectamente,también está cargada de griego. Y aún hoy una porción de los grandes inventos busca en raíces griegas la manera de crear palabras aceptables y entendibles en todas las lenguas del mundo occidental. Para que se vea la influencia griega a través del latín veamos algunas que nos descubren con claridad su difusión:

MONARQUÍA, OLIGARQUÍA, ANARQUÍA, DEMOCRACIA, AUTOCRACIA, ARISTOCRACIA, DEMAGOGIA, MATEMÁTICA, ARITMÉTICA, GEOMETRÍA, GEOLOGÍA, ZOOLOGÍA, GRAMÁTICA, RETÓRICA, POESÍA, ETIMOLOGÍA, TEATRO, JUEGOS OLÍMPICOS, DIOS, NINFAS, MÚSICA, LÓGICA, PSICOLOGÍA, ACADEMIA, LICEO, ASTROLOGÍA, MITOLOGÍA. Son palabras que ilustran la personalidad, el carácter de aquella prodigiosa civilización.
El griego le enseñó a los romanos a pensar y dotó a esta lengua más tosca de las palabras del refinamiento espiritual. Pero los romanos le enseñaron al mundo a gobernar. Su rasgo más definido fue la organización social. De ahí que nos llegaron del latín las palabras como: REX (REY), LEY y LEGIÓN, ESTADO, JUSTICIA, FORO, SENADO, MILICIA, CÓDIGO, JURISPRUDENCIA, DERECHO, ARGUMENTO, CIUDAD, MUNICIPIO, TRIBUTO, TRIBUNA, VALOR, RELIGIÓN, PAZ, ARMISTICIO, PATRIA, GLORIA, HONOR. En nuestros días, al tener el hombre necesidad de crear palabras para bautizar cosas nuevas, se acude al griego como antes hicieron los romanos. Por eso muchas de esas palabras, aunque designan inventos de países de otros idiomas, entran en nuestra lengua con facilidad, por ejemplo: AUTOMÓVIL, FONÓGRAFO, TELÉFONO, TELEVISIÓN, TELÉGRAFO, ELECTRICIDAD, TELEGRAMA, CARDIOGRAMA.
Una lengua es la acumulación del saber de un grupo humano, de sus experiencias y de su inventiva. Toda lengua destila historia. El latín se vulgarizó en las provincias del Imperio. Las clases cultas cultivaban el latín clásico, pero las legiones, compuestas de soldados de las más diversas provincias, al mezclarse con los habitantes indígenas de cada demarcación fueron moldeando el latín al incorporarlo a su propia sintaxis y a sus maneras de pronunciar y de construir.
Surgen así las lenguas romances, pero es una descomposición que toma siglos en producirse. Y es por eso que una misma palabra latina, pater ('padre'), se pronuncia padre, en español; père, en francés; padre, en italiano; y en inglés, por influencia normanda, father.
Una lengua receptora, aunque sea pobre, obliga a la lengua dominante a irse amoldando a ella. Y los cambios se suceden por lo que en gramática se llama derivación: por la adición de sufijos, por su composición de dos o más palabras, por el cambio, adición o supresión de letras de acuerdo con las tendencias fonéticas de cada lengua receptora. Por ejemplo, hablando de la incorporación de vocablos de lenguas modernas, bloc se convierte en 'bloque'; pancake en 'panqueque'; beefsteak en 'bifteque' o en 'bisté'; chalet, en 'chalé'; parquet, en 'parqué'; bidet en 'bidé'. La lengua española es alérgica a las terminaciones en consonantes duras como t, k, g.
Contaba don Epifanio Fernández Vanga, para mostrar esa inclinación de las lenguas a forzar sus mecanismos fonéticos, sintácticos y gramaticales sobre la lengua invasora, que en una escuela que visitó puso a los alumnos a formar el femenino en una lista de nombres en inglés y español.
-"¿Cuál es el femenino de niño?" -Niña
-"¿De muchacho?" -Muchacha
-"¿De boy?" La contestación no se hizo esperar: -¡Boya!
Pero antes de entrar en ciertos problemas de nuestra lengua quiero completar a grandes rasgos el cuadro, que estaría demasiado incompleto si no sumamos otras influencias que han dejado su marca en el español que hablamos.
Desde 714 de nuestra era, hasta 1492, cuando Isabel y Fernando expulsan de Granada a Boabdil, el último rey moro, el árabe enriquece notablemente el léxico de la lengua española en formación. Fueron siete largos siglos de convivencia en algunas regiones, de lucha en otras. Y aunque no sufrió alteración fundamental la sintaxis, dejan en la lengua de cuatro a cinco mil palabras.
Aunque no nos demos cuenta al usarlas, estamos hablando árabe cuando decimos: ALCÁZAR, MEZQUITA, ALMIRANTE, ALCALDE, ALUMBRE, ALFOMBRA, ACEITE, AZÚCAR, ALDABA, ALFAJÍA, ÁLGEBRA, ALARDE, ALGAZARA, ALCOHOL, ALAMBIQUE, ALBÓNDIGA, ALGUACIL, AJEDREZ, ALFILER, JINETE, ALHARACA, ALMACÉN, ALJIBE, ALHAJA, AJONJOLÍ, JEQUE, OJALÁ.
Del francés nos han llegado algunas palabras de uso frecuente: chalet, carnet, 'buró', 'chofer', parquet, boudoir, bidet, negligée, 'pasaporte', artillería, pendantif, demi-tasse, bon-bon, pousse-café, 'champán'. Y así, de unas lenguas y otras ha venido a lo largo de los siglos enriqueciéndose el vocabulario de esta lengua portadora de tantas experiencias históricas.
Al llegar los españoles a América el primer contacto es con las Antillas antes de precipitarse a la conquista de México y Perú. Y por lo tanto, en el lenguaje de las primeras crónicas hay abundancia de vocablos de origen taíno al que se suman gradualmente palabras del náhuatl, del quechua y del cumanagoto.
La primera palabra taína que anota el Diccionario de Nebrija en 1493 es 'canoa'. De ahí en adelante van incorporándose nuevas palabras. Zamora Muné anota quinientas en el lenguaje de los conquistadores. Y entre ellas, muchas que siguen vivas en la lengua de los puertorriqueños de hoy: BOHÍO, CONUCO, CACIQUE, HAMACA, CANOA, AREÍTO, MAMEY, MANÍ, YAUTÍA JUEY, GUANÁBANA, CAOBA, FOTUTO, CAMÁNDULA, GUAYACÁN, IGUANA, BEJUCO, PETATE, GUAYABA, GUAMÁ, GUACAMAYO, JICOTEA, YUCA, HURACÁN, GUARAGUAO. Y algunas nos vienen del náhuatl, como CHOCOLATE, CACAO, MAÍZ, TOMATE; o del cumanagoto, como BUTACA.
Los indigenismos han enriquecido notablemente el español. Muchos han ido a engrosar la corriente caudalosa de la lengua general. Otros los guardamos amorosamente entre nosotros. Son parte del rasgo personal puertorriqueño; guardan para nosotros una estremecedora carga afectiva y emocional.
Cuando Palés Matos dice:
Cuba, ñáñigo y bachata
Haití, vodú y calabaza.
Puerto Rico, ¡burundanga!

O cuando termina un verso con este derrame de sabores tropicales...

mamey, cacao, guanábana.

¡Qué mucho nos está diciendo aunque las palabras le digan poco a otras gentes de nuestra habla!
En una ocasión vi a una mujer del pueblo aguársele los ojos oyendo a Llorens recitar el "Canto a la mujer puertorriqueña", cuando llegó a la estrofa que dice:

Y aquí te traigo el alma mía
para que tú te la bebas
en una hoja de yautía.
Hoy nos conciernen con mayor razón el influjo del indigenismo y del anglicismo, que pueden a un mismo tiempo, enriquecer el léxico y contribuir a la fragmentación de tan extraordinario instrumento de comunicación y de cultura.

3. Proverbios y refranes

La lengua de cualquier pueblo está cargada de refranes, de sentencias, que no son otra cosa que un acervo de prescripciones morales, de normas de conducta, de sentencias filosóficas que se repiten en forma invariable y perduran por infinitas generaciones. Son la expresión más precisa del saber popular.
Una historia rica y variada debe producir en abundancia esas manifestaciones que encapsulan la experiencia de siglos. Y no es por casualidad que la paremiología española es la más rica de Europa, paremiología que se ha enriquecido con los refranes y proverbios de América que, en ocasiones, no son sino los viejos refranes modificados con nuevos vocablos y modismos.
El decir del pueblo tiene múltiples formas como podemos ver por la variedad de términos que usamos para describirlos: decires, dichos, modismos, sentencias, máximas, adagios, aforismos, proverbios, refranes, pensamientos.
Alguna gente usa de estas frases proverbiales que nos llegan hechas como las palabras, que vamos absorbiendo a lo largo de nuestra vida, y que, sin darnos cuenta, nos van formando a imagen y semejanza de todos los demás, de todos los que participamos en común de una historia, una cultura y una lengua.
Pero así como no se puede nombrar ni adjetivar de cualquier manera no se puede utilizar cualquier refrán si no viene a cuento, si no sirve de molde a lo que pretendemos expresar, y ya Cervantes, cuya obra está plagada de refranes y modismos, nos pone en guardia contra tal vicio, que sólo sirve, si se incurre en él, para desvirtuar y oscurecer el pensamiento.
Muchas de esas sentencias y refranes nos vienen tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y de las obras de los grandes filósofos y escritores desde Grecia y Roma hasta los que llamamos clásicos de nuestra literatura. Y es así como la lengua crece y se enriquece; los cultos dando alcurnia literaria a la expresión del pueblo, y el pueblo nutriéndose de la palabra de los hombres cultos. Es un proceso circular, de ida y vuelta. Si se separan, si se aíslan, la lengua culta se pone pesada y pedantesca, la lengua popular se degrada hasta la vulgaridad.
Pocos ejemplos hemos de citar para ilustrar lo dicho. Cada cual puede a solas con los refranes que recuerde ver también como de esas normas establecidas al paso de los siglos surgen también las frases que enriquecen el quehacer literario.
La avaricia, que es uno de los pecados capitales, se denigra en este refrán: "El que mucho abarca, poco aprieta" -que los puertorriqueños hemos redondeado con éste, de hechura boricua: "El gofio ajoga."
Como advertencia contra el engaño de las apariencias, decimos: "El hábito no hace al monje." Al que le sigue éste, para ponernos en guardia contra la hipocresía o la simulación: "Del agua mansa me libre Dios, que de la mala me libro yo."
"Ayúdate, que Dios te ayudará" encarece el valor del trabajo, que no es cosa que el hombre se siente a esperar que caiga el maná del cielo sin dar un tajo, y el vulgo lo dice más enérgicamente con este adagio: "A Dios rogando, y con el mazo dando."
"Por la boca muere el pez" y "en boca cerrada no entran moscas" aconsejan la discreción y nos alertan contra el hablar peligrosamente, sobre todo en tiempos de represión cuando la palabra adversa se castiga porque puede ser raíz del acto.
"Si quieres paz, prepárate para la guerra" nos dice la conveniencia de estar avisados en un mundo lleno de peligros y de rencores. Pero al mismo tiempo la lengua sentencia admonitoriamente "el que a hierro mata a hierro muere," al que aquí le hemos dado un giro humorístico cuando se dice "el que a hierro mata no debe morir a sombrerazos."
Casi todos nuestros refranes son de procedencia española. En muchos nos hemos limitado a sustituir algunas palabras por palabras de nuestro léxico como en ese refrán tan puertorriqueño y que es expresión de nuestra voluntad inveterada de defendernos contra el abuso: "cada guaraguao tiene su pitirre," que todo puertorriqueño entiende cuando se dice, por qué se dice.
Aquí, como en todos los países de nuestra América, damos por típicos centenares de dichos y refranes que aparecerán en cualquiera de los catálogos de refranes y aforismos españoles que ya han recogido alrededor de cuarenta mil. Y lo mismo podemos decir de los cantares, como demuestra Augusto Malaret en su Vocabulario de Puerto Rico.
La cultura no se improvisa y nadie inventa su lengua. Son herencias que nadie puede repudiar sin disminuirse. A lo más que podemos aspirar es a enriquecerlas y a embellecerlas. Y eso sólo es posible si conservamos el orgullo de ser lo que somos y una voluntad indomable de ser más.

4. Modismos

Llamamos modismos aquellas expresiones pluriverbales que el lenguaje trae consigo y que utilizamos con tanta naturalidad como las palabras. Es una conjunción de vocablos que no forman una oración, como en la frase hecha, pero que dicen algo más de lo que sus palabras sueltas significan.
Es una especie de taquigrafía que le hurta al lenguaje su rigidez, lo agiliza y lo llena de gracia. Economiza. Es más lo que suscita que lo que explica. Dice más con menos.
Decimos, por ejemplo, "hombro con hombro" para evitarnos tener que decir "en estrecha colaboración", que sonaría tan frío.
En vez de decir que "pidió permiso para casarse con su hija", decimos que "pidió su mano", aunque en realidad estaba pidiendo mucho más. Pero a decir verdad este es un modismo que, como ciertas palabras, está cayendo en desuso. Resulta un tanto superfluo "pedir la mano" despues de haber "metido mano", que es otro modismo.
Los cinco sentidos, ver, oír, oler, tocar y gustar, son fuente inagotable de refranes, de frases hechas y de modismos; son los cinco caminos de la inteligencia y de la sensibilidad.
Algunos modismos de cada uno de los sentidos "vienen al pelo" para provocar en quien los oye el recuerdo de una serie de expresiones similares en las que no reparamos porque están tan internalizadas en nuestra conciencia como las palabras que podemos usar "a manos llenas" sin "darle un segundo pensamiento".
VER : "de buen ver", "está por verse", "vamos a ver", " allá veremos".
OÍR: "como lo oyes", "como quien oye llover", "oídos sordos", "no dar oídos".
OLER: "me huelo que", "olió" (que algo pasaba), "oler el poste", "ni güele ni jíe".
TOCAR: "por lo que a mí me toca", "en lo que toca a", "tocar de cerca", "dar el último toque".
GUSTAR: "el mal gusto", "el buen gusto", "a su gusto", "estar a gusto", "dar gusto al gusto".
Son miles los refranes y miles los modismos, como son miles las palabras. Si los refranes suelen ser normas de conducta, los modismos son formas, maneras de decir. Y cada pueblo tiene sus maneras y debe impedir que se las descompongan.
Hay modismos para casi todo como hay palabras para casi todo; pero nunca para todo. Por eso una lengua inventa palabras nuevas todos los días, o le da un nuevo giro a viejas palabras, o las junta en los modismos para decir lo que tiene que decir con más fuerza, más penetración o más gracia, o las toma prestadas de la lengua ajena.
Hay modismos cargados de violencia, o de ironía, o de poesía. Pero hay que tratarlos con cuidado. No se puede usar la palabra "al buen tun-tún". No se puede nombrar o adjetivar de cualquier manera sin que lo que se dice pierda sentido o significado. Bien nos lo advierte Cervantes: "El refrán que no viene a propósito es más disparate que sentencia". Y lo mismo podemos decir de los modismos: el modismo que "no viene a cuento" daña el cuento.
Creador de lengua, creador de refranes, creador de modismos es el pueblo. Y todos podemos notar cómo algunas personas dan a su expresión mayor eficacia o la salpican de gracia por su manera de decir. Y puesto que cada pueblo tiene su manera de ser, cada hombre tiene su manera peculiar de decir que lo distingue de los demás. Y bien vale recordar unas palabras de Francis Bacon: "el genio de las naciones está en sus máximas y proverbios". Podríamos decir también que en sus modismos muestra una lengua su genio y, además, su ingenio; y cuando el caso lo quiere, su mal genio.
Cuando aprendamos otro idioma no es difícil para gran número de personas aprender mil o dos mil palabras y unas docenas de verbos con sus conjugaciones. Lo difícil es adueñarse del modismo, de la peculiar y muchas veces ilógica manera de juntar las palabras y de poner en ellas un sentido que elude la traducción. Generalmente son intraducibles. Y hasta que no podamos captar esos matices, esos tonos, la lengua aprendida puede servirnos para la comunicación, muy poco para la comunión.
Modismos, modos de decir, maneras. Esa arbitraria conjunción de palabras es parte de lo que llamamos la índole, o el genio, de una lengua. Como la poesía, son casi imposibles de traducir. "La poesía es lo que no está en la traducción," ha dicho Octavio Paz. Por eso se dice comúnmente "traducción, traición," que es juego de palabras tomado a préstamo del italiano "traduttore, tradittore."
Estos decires, que vamos absorbiendo impensadamente, como las palabras, y como la forma de juntarlas para que sean entendibles que es la sintaxis, facilitan nuestro decir y son obstáculos a nuestra expresión en cualquier otra lengua que no sea el vernáculo.
Vemos algunos decires, algunos modismos que no son traducibles, pero que son aprendidos con naturalidad por los que participamos de ese acervo común que es un lenguaje:
No vale la pena; andando el tiempo; gozar de lo lindo; lloviendo sobre
mojado; rayos y centellas; cargando con la cruz; hombro
con hombro; mano a mano; hasta aquí llegó mi amor; obras son amores; darle
tiempo al tiempo; se le hizo la luz; como anillo al dedo; a la luna de
Valencia; por los cerros de Úbeda; de lo vivo a lo pintado; como tres en
un zapato; sin comerlo ni beberlo; más claro no canta un gallo; al cantío
de un gallo; a la luz de lo dicho; a fuerza de golpes; machacando en
hierro frío; era todo oídos; cayó en cuenta; entre dos platos; por
jurutuneo; a mí plin; ten con ten; ni arte ni parte; sacar el bulto.

Toda lengua tiene miles de formas expresivas que agilizan la expresión y facilitan la comprensión del oyente. He aquí algunas que saco a voleo del inglés:

By hook or crook; have a heart; a has been; grandstand play; keep
company with; clean bill of health; by a long shot dead broke; break
ground; about face; hide and seek; a drop in the bucket; get personal;
penny wise; take French leave; free for all; single out.

Se puede encontrar, para trasladar una de estas maneras de decir a otra lengua, alguna frase que quiera decir lo mismo, pero tiene que quedar claro que son intraducibles literalmente. Y en ello radica una de las dificultades casi insalvables para pasar de un idioma a otro.
Cuando se intenta trasladar literalmente estas expresiones a otra lengua, la expresión se hunde en vaciedades. Dominar el uso de estos mo dismos es más importante que dominar unas palabras y unas conjugaciones.
Por eso encontramos con frecuencia al leer un artículo, o un escrito en español de una persona formada intelectualmente en lengua inglesa, que aunque las palabras estén correctamente usadas, la expresión no lo es. Es una literatura con acento tan marcado como el del habla. Y el lector tiene la sensación de que le hablan en una lengua aprendida a la que le falta siempre la agilidad y la gracia.

5. Anglicismos y espanglish

Es mucho lo que puede decirse del anglicismo, que es el punto por donde la lengua se enriquece y se empobrece a un tiempo. Cualquier vocablo de otra lengua que no tenga equivalencia precisa en español es enriquecedor y debe asimilarse. Todo lenguaje encontrará que carece de vocablos para expresar conceptos, ideas y matices que existen en otro. Y nadie puede argüir que incorporarlo a la propia lengua la empobrece.
Los sinónimos no existen sino como similaridad. ¿De cuántas maneras se expresa en español, por ejemplo: la belleza femenina? Podemos decir que una mujer es mona, agraciada, guapa, bonita, linda, preciosa, hermosa, bella y bellísima. Cualquier persona de sensibilidad jamás llamaría bella a una mujer que sólo admite que se le diga mona. He oído decir a algún tenorio que le gustan todas, lo cual no es sino la comprobación de que un tenorio es un ser indiferenciado de un mal gusto bien cultivado. El hombre afina su buen gusto según se va civilizando y eso significa aprender a distinguir los matices de las cosas. Esa distinción se refleja en su lenguaje. Cuando una cultura decae la lengua se embota y se empobrece; o el vocablo necesario no existe, o se utiliza sin precisión y sin rigor. La decadencia de un pueblo va siempre acompañada de una desvalorización de su idioma.
No hemos de ser tan remilgosos que rechacemos los extranjerismos por un falso sentido de la pureza. Todas las lenguas sufren cierto grado de contaminación. Pero si la contaminación es excesiva puede ser asfixiante.
Un buen número de anglicismos que lingüistas de talla rechazaban airadamente hasta hace poco se han impuesto y muchos han recibido el visto bueno de la Academia de Madrid, por ejemplo: 'récord', para decir registro, expediente o marca de atletismo; 'controversial', que no es controvertible como algunos insistían en decir; casete, en vez de cinta magnetofónica; 'eslogan', para lema de campaña o consigna; 'estándar', que economiza el uso de vocablos españoles que se le acercan pero no se le ajustan; 'reportero', de reporter , que ya uno se olvida hasta de que es anglicismo.
No hemos venido a hacer un catálogo de anglicismos. Un estudio de los que ya han penetrado el español de Puerto Rico puede ser objeto de un curso completo en el que se enumeren y se analicen para determinar los que son necesarios, y por lo tanto, bienvenidos. Y los que son superfluos y por lo tanto constituyen una intrusión y merecen tratamiento de intrusos.
Algunos lingüistas y hasta filólogos, aferrados a la teoría naturalista, insisten equivocadamente en sostener primero, que los anglicismos que andan libremente por nuestras calles no son numerosos. Y segundo, que como no afectan la estructura sintáctica, no son peligrosos para el porvenir de la lengua.
Pueden refutarse ambas conclusiones. Cualquiera puede comprobar que el número de anglicismos va en aumento y aunque el mal no se ha generalizado, se está produciendo industria por industria y profesión por profesión, una invasión de préstamos lingüísticos que en algunos sectores cobra carácter de inundación.
Los estudios realizados por la Academia bajo la dirección del Dr. López Morales establece de un 35 a un 40% de anglicismos en la industria textil y alrededor de un 60% en la banca y la bolsa. Y si obtenemos los recursos necesarios para proseguir las investigaciones no es necesario adivinar lo que descubriríamos en la medicina y en la ingeniería. Los informes médicos y hasta las recetas se redactan en inglés. Y me falta por ver un plano que esté redactado en español.
Es cierto que las interferencias en la sintaxis no revisten todavía mayor gravedad, aunque ya se empiezan a sentir efectos perniciosos que señalaremos luego. Pero aunque no sean todavía copiosas las alteraciones de la estructura del español, se corre el peligro de que acabemos hablando español con palabras inglesas. Ese es uno de los dos caminos que llevan al papiamento, que es, culturalmente, el suicidio.
Naturalmente que todo pueblo se encariña con su lengua aunque sea un adefesio. Si le ha servido desde la niñez para comunicarse, para describir su mundo y a ella están asociadas sus experiencias vitales, sus estremecimientos emocionales, esa será la lengua madre, la lengua del corazón. Pero sería lamentable que nuestra lengua materna, tan hermosa, tan rica, tan cargada de historia, se desfigurase hasta el punto de desprenderse del tronco común, de ese árbol gigantesco a cuya sombra estarán acogidos tantos millones de almas como nunca antes se viera igual acontecimiento en la historia
Tengo en mi poder una comunicación del Gobierno de Curazao en la que advierte que cualquier curazaeño se sentirá ofendido si alguien insinúa que el papiamento no es un idioma. Sin embargo, esa lengua pintoresca habría aislado totalmente a sus hablantes si casi toda la población no hablase español, y muchos el holandés y el inglés.
El 85% del léxico es español. La sintaxis, en cambio, tiene más del inglés, como, por ejemplo, el artículo carece de género; las terminaciones son anárquicas, y la fonética imprecisa.

Les daré unos ejemplos:

Yo estoy malo - Mi ta malu
Yo estaba malo - Mi tábata malu
Yo quiero ir - Mi ta bai
Yo quería ir - Mi tábata que bai
Me gusta el café - Mi gusta koffi
Me gustaba el café - Mi tábata gusta koffi
¿Qué hora es? - ¿Cuánt'or ta?
Yo sé donde él vive - Mi sabi unda é ta biba
¿Cuánto dinero tienes? - ¿Cuántu placa bo tin?

Si en ese estado de postración cayó el español en Curazao y Aruba, también podría ocurrir algo similar en Puerto Rico si no se extrema el rigor para evitarlo. Puede tardar más tiempo por muchas razones pero si le ha ocurrido a otras lenguas en todos los continentes no hay razón para creer que somos indemnes al daño.
Cuando hace alrededor de treinta años acuñé la palabra espanglish, ya vislumbraba que por efecto del desarrollo insólito de la industrialización y de la emigración tan copiosa podríamos ser víctimas de ese mismo fenómeno.
Hay fuerzas que contrarrestan esa tendencia. Pero a continuación podemos ver, por la lista de anglicismos que les ofrezco como ejemplo (§ 13), así como por ciertos cambios sintácticos, que el proceso puede adquirir en cualquier momento peligrosa aceleración.

6. Notas sobre bilingüismo

Por razones políticas se han confundido en Puerto Rico la adquisición de una segunda lengua y el bilingüismo.
Por razones de conveniencia comercial o política cualquier pueblo, y lo vemos principalmente en la Europa central, trata de aprender el idioma de los pueblos vecinos con la inevitable transfusión del léxico y de formas sintácticas de unas lenguas en otras. El proceso puede ser voluntario como entre eslovenos, croatas y serbios. O forzoso, como en el intento fallido del Imperio Austro-Húngaro, de imponer la lengua alemana a los pueblos sometidos. La prohibición del húngaro despertó tal resentimiento en Hungría que podemos señalarlo como una de las principales razones de la fragmentación del Imperio. Como dice Harold Goad en su obra El lenguaje en la historia, "el lenguaje es factor esencial de la unidad de una nación."(1)
En Puerto Rico existían, y existen razones comerciales y políticas de peso (y de pesos) para que los puertorriqueños se adueñasen en lo posible de la lengua inglesa. Pero también había razones políticas para que los Estados Unidos tratasen de imponer su lengua a como diese lugar.
El 98 fue el momento de apogeo imperialista norteamericano. Los dirigentes creyeron que le hacían un gran bien a los habitantes de cualquier territorio sometido imponiendo su lengua como se impone una tarifa. Esa arrogancia del poder está retratada de cuerpo entero en el Informe de Clark al Presidente McKinley en 1899. "Será tan fácil -decía- enseñar el inglés a los puertorriqueños como enseñarles a hablar la elegante lengua de Castilla."
A esos criterios obedeció la organización del sistema escolar de Puerto Rico y la incalificable torpeza pedagógica de impartir la enseñanza en inglés desde los primeros grados que se inició con el Comisionado Brumbaugh y alcanzó su más absurda expresión con el Comisionado Faulkner.
Perdieron de vista los propugnadores de ese programa de asimilación la homogeneidad cultural y lingüística de Puerto Rico. Y de que no se estaba operando sobre una lengua primitiva. Poseíamos una de las grandes lenguas de cultura y éramos un pueblo con una tradición histórica hondamente arraigada y un acervo cultural inagotable. La resistencia del país fue general y el peso de la resistencia lo cargaron sobre los hombros los maestros de Puerto Rico.
El tema vuelve a estar sobre el tapete hoy, ochenta y tres años después del cambio de soberanía. Y el conflicto no es pedagógico, es político. Se confunde la conveniencia de aprender buen inglés por razones culturales con el propósito de enseñar en inglés por razones políticas.
El intento de conducir el aprendizaje, siempre difícil, en una lengua que el maestro no domina y el niño no entiende, ha sido uno de los obstáculos insalvables para cumplir uno de los propósitos fundamentales de la enseñanza: "aprender más en menos tiempo."
Pero ha traído como secuela el empobrecimiento de las dos lenguas en pugna, y el embotamiento de la capacidad expresiva y de la facultad creadora del mayor número. En vez de adquirir una segunda lengua estamos adquiriendo dos medias lenguas.
No se puede poner cuidado en la correcta construcción de un concepto ni en la correcta pronunciación, cuando lo que importa es tratar de explicar un teorema de geometría, una ecuación algebraica, una teoría biológica o metafísica. Es un doble esfuerzo agotador y un grave impedimento de la tarea siempre difícil de aprender.

(1)Harold Goad, Language in History, Penguin Books, 1958; p. 26.

Al maestro de ciencia le importa saber si el niño sabe, no cómo pronuncia lo que sabe. Se adquieren así vicios de dicción que a la larga resultan incorregibles. Es lo que afirma Harold Goad: "el acento que se adquiere en la niñez y en la juventud es muy difícil de cambiar en el adulto."(2)
No hay un sólo estudio pedagógico serio que propugne la enseñanza en otra lengua que no sea la lengua materna. El hombre sólo se siente cómodo en su vernáculo.
Sólo hay una manera de enseñar el inglés a gentes de otro idioma: enseñarlo como segunda lengua. Insistir en la adquisición simultánea de ambas lenguas es caer en el pecado de empobrecer y desfigurar las dos principales lenguas del mundo de hoy: el español y el inglés.
Puerto Rico está abocado a un papiamento. Pero no es ese el único peligro. Hace años acuñé otra palabra que no ha tenido la misma fortuna que el "spanglish" pero que ilustra la otra cara de la moneda falsa del bilingüismo: el inglañol. En este caso es la anglificación del español.
Cuando a una palabra española le imponemos su significado inglés estamos anglificando nuestra lengua. Por ejemplo: 'Apología' en inglés es 'excusa'. En español es 'elogio'. 'Realizar' en inglés es 'darse cuenta'. En español es 'hacer'. Si decimos "exijo una apología," estamos perdiendo su significado de elogio. Y esto merece muy poco elogio. Si decimos "estoy realizando" por decir "me estoy dando cuenta," estamos realizando una descomposición del español sin darnos cuenta. Y en la misma categoría cae "estar supuesto". En español yo no "estoy supuesto", yo supongo. Ese "estoy supuesto" está mal puesto, y como es de suponer no se enterará ningún hispanohablante que lo oiga decir. Y esto no lo supongo. Lo pongo así porque así es.
"El hombre ha hecho el lenguaje -dice Pedro Salinas- pero luego el lenguaje, con su monumental conjunto de símbolos, contribuye a hacer el hombre..."(3) Y pregunta, ¿debemos admitir que el lenguaje funciona como una fatalidad, que nos arrastra en su caudal, como el arroyo a la brizna de hierba?(4)
Salinas rechaza la actitud positivista adepta a la teoría naturalista cuando ésta afirma que el lenguaje escapa a toda acción voluntaria del hombre.(5) Y cita a otro gran filólogo, Amado Alonso, que afirma:

(2)Op.cit.,p.158
(3)Pedro Salinas, Aprecio y defensa del lenguaje,Uprex,1979, p.57.
(4)Ibid., p.58.
(5)Ibid., p.58.

La lengua ...no es un organismo vegetal ni animal, ni tiene en sí leyes
autónomas... Una lengua ha sido lo que sus hablantes hicieron de ella...
y será lo que hagan de ella. (6)

Y termina el capítulo afirmando:

¿Es lícito aceptar en ningún país una posición de indiferencia ante su
habla? No. No es permisible a una comunidad civilizada dejar su
lengua al garete.(7)

Sobre el mismo tema don Samuel Gili Gaya, afirma:

La lingùística ha pasado de 'ciencia natural' a 'ciencia cultural' y permite
afirmar que el porvenir de las lenguas está en gran parte sujeto a la
voluntad de los hombres cultos.(8)

Y de otro de los más prestigiosos filólogos españoles, Navarro Tomás, es esta tajante declaración: "El futuro del español en Puerto Rico será lo que los puertorriqueños quieran que sea."(9)
Sobre ese criterio que sostiene que las lenguas llevan dentro de sí mismas unas leyes de cambio inexorables, dice don Ramón Menéndez Pidal refiriéndose a José Rufino Cuervo:

Cuervo, en su senectud erró su camino científico sumándose a una
teoría de fatal evolución, que entonces comenzaba a caer en
descrédito.(10)

Rechazamos pues, la teoría bastante difundida e impugnable que mantiene que cualquier palabra o cualquier modificación sintáctica que se opere en una lengua hay que darla por buena. En "Tres errores en la interpretación de la Lengua de Puerto Rico" (p. 2l) el profesor Del Rosario expone lo siguiente:

Desde el punto de vista estrictamente científico, ningún dialecto o
modalidad es superior ni inferior a otra, ninguna variedad lingüística es
inferior siempre que cumpla cabalmente su misión social de
comunicar el pensamiento.

(6)Ibid., p.58.
(7)Ibid., p.59.
(8)Gili Gaya, La lengua materna. Instituto de Cultura,1965, p.11.
(9)Ibid.,p.11.
(10)Washington Llorens,El español de Puerto Rico,1957,p.161.

Tal posición es cultural y lógicamente insostenible. Rechaza con esto el distinguido profesor el respeto a toda norma. Rechaza que el hombre pueda intervenir deliberadamente en el destino de su lengua. Es la exaltación de la anarquía. Si cada hombre puede hacer lo que se le antoje no tardaría en descalabrarse la vida social. Si le da por correr su automóvil a 100 millas por la ciudad, o atracar un banco, o asesinar a un prójimo, o violar a una doncella o pervertir a un menor, nada debemos hacer para impedirlo. A eso llevaría en la vida social la aplicación de la teoría naturalista del profesor.
Evidentemente está en un error. Hay buena pintura y mala pintura; buena poesía y mala poesía; y tenemos no sólo el derecho sino la obligación de aplicar la sanción de la crítica. Es así que se depura una cultura. Cualquiera canta, pero quien cada vez que canta suelta un gallo no tiene derecho a pedir que lo contraten en la Ópera de Milán, ni siquiera en el friquitín de Pancho.
Hay en la lengua hablada errores de construcción y de pronunciación inadmisibles no ya en el hombre culto, en cualquier ser humano que no sea analfabeto o morón. Y la escuela tiene importancia capital en la formación del hablante.
Cuando entra un niño a primer grado se le pone a escribir palotes para acostumbrarle la mano a la complicada labor de componer palabras y oraciones. Y así, año por año, se le va educando la letra hasta que al final de su escuela secundaria, o universitaria, domina la escritura con precisión y soltura. Si no se le educa saldrá escribiendo borrones ininteligibles. De la misma manera va pasando del dos más dos al cálculo infinitesimal. ¡Ah! pero con relación a su lengua, a su pronunciación y a su construcción, "eso no se puede tocar." Que se destruya y destruya en el camino aquello que es el más alto atributo del hombre; o que lo distingue de un mero mamífero.
Cuando en la escuela se enseña a los niños a aprender un idioma extranjero se pone el mayor empeño en que articule las palabras con propiedad hasta que su acento y su sintaxis sean tan semejantes como sea posible a la lengua que se les pretende enseñar. ¡Ah! Pero en la lengua propia que digan "han habido," "habemos," "íbanos y veníanos," "sordao", "placel", "honol", "amol" y "veldá", y "etá y no etá". Sostener tal posición haría un daño cultural incalculable a las nuevas generaciones puertorriqueñas.
Empeñarse por testarudez filológica en tan indefendible posición naturalista, en creer que la lengua se dirige a sí misma, ha hecho grave daño, y ha sido obstáculo a la instrumentación de una política escolar inteligente. El desaliño y la pobreza expresiva de miles de puertorriqueños tiene en esa posición una de sus causas. Otra es la insistencia antipedagógica de obligar al aprendizaje en lengua extraña, convirtiendo lo que podría ser el placer de enseñar y de aprender en instrumento de tortura.
La lengua no sufre de leyes inexorables; no piensa con su propia cabeza. Lo más que podemos decir es que ciertas tendencias la empujan en determinada dirección. Pero esas tendencias suelen ser generales y lentas y no le rompen la unidad. El Diccionario abunda en arcaísmos y en pronunciaciones que han caído en desuso, neologismos y cambios fonéticos. La f y la y de fiyo se convirtió en la h y la j de 'hijo'. Y el seseo y el yeísmo se están produciendo simultáneamente en el mundo hispanoparlante. Pero cuando aparece una pronunciación fea y aberrante como la r velar puertorriqueña o la sustitución de r por l, que chocan a todo hispano-hablante culto, nos topamos con un vicio de dicción que puede corregirse y Bally es concluyente sobre el tema cuando afirma, en El lenguaje y la vida, que "se puede luchar con éxito contra una tendencia fonética."
Se llama equivocadamente tendencias del habla a malas influencias generalizadas que lenguas primitivas como las lenguas indígenas o las de los esclavos han venido ejerciendo sobre el español. Erradicarlas es mucho más fácil que enseñar una lengua extranjera.

7. Palabras que entran y salen de la lengua

Nuevas cosas, nuevos procesos, nuevas realidades históricas, requieren el uso de nuevas palabras, de nuevos términos. Y así se van introduciendo en la lengua, imperceptiblemente, vocablos que nunca habían conocido nuestros abuelos o nuestros padres, y que pasan a ser parte del idioma de todos los días.
La historia nos hace la cultura. Pero la cultura y la lengua crecen paralelamente y se influyen recíprocamente. Por ejemplo, si en 1898 Estados Unidos no hubiese ganado la guerra con España, hoy, ochenta y tres años después, algunos anglicismos se habrían colado en nuestra lengua como está ocurriendo en todas las lenguas importantes, pero no constituirían problema mayor, ni estaríamos discutiendo las ventajas y desventajas del bilingüismo. Estaríamos estudiando los métodos más eficaces de aprender una segunda lengua con criterios puramente pedagógicos. En cambio, los estamos discutiendo con criterio político. Veamos algunos términos que son hoy de uso general, del dominio del vulgo, y no lo eran ayer.
La palabra 'social' es definida en la Enciclopedia que preparan Diderot y d'Alembert entre 1751 y 1772 para designar "aquellos atributos que hacen al hombre útil a la sociedad."(11)
Durante la primera mitad del siglo XIX aparece la palabra 'socialismo'. Y 'sociología' fue palabra acuñada por Augusto Comte en el último tercio del mismo siglo.
La palabra 'liberalismo' surge por vez primera en las Cortes de Cádiz.
PSICOLOGÍA, PSIQUIATRÍA, NEUROSIS, PSICOSIS, COMPLEJO DE INFERIORIDAD, esquizofrenia son palabras que empiezan a rodar a fines del siglo XIX y principios del XX después de los descubrimientos de Freud, Jung y Adler.
Lo mismo podemos decir de palabras como AVIÓN, AUTOGIRO, HELICÓPTERO, COHETE ESPACIAL, PORTAAVIONES, SUBMARINO. Y de la medicina nos llegan ELECTROCARDIOGRAMA, ENCEFALOGRAMA, TRANSPLANTE, SULFA, PENICILINA, RAYOS X, ANTIBIÓTICOS, VITAMINAS.
La Economía nos trae CRISIS, RECESIÓN, INFLACIÓN, MONOPOLIO. Y las ciencias nos proveen de palabras hoy corrientes como FUERZA DE GRAVEDAD, RELATIVIDAD.
Podríamos contar por miles las palabras que se han sumado a las lenguas de los cinco continentes en el último siglo, palabras tan corrientes como ELECTRICIDAD, GASOLINA, BOMBILLA, TELÉFONO, TELÉGRAFO, RADIO, TELEVISIÓN, CINEMATÓGRAFO, TRANVÍA, TAXI, AIRE ACONDICIONADO, MICROONDAS.
Estas nuevas palabras son parte de la vida social, y de la vida de cada hombre en las sociedades civilizadas. Y es así como la historia nos va haciendo la cultura y con la cultura, la lengua: tres términos inseparables.
Desde que se inventa la imprenta en 1457, se difunde el saber que antes estaba encerrado en los conventos y casi encerrado en las universidades. Después del libro proliferan las revistas, los periódicos y otros medios de comunicación masivos como el cine, la radio y la televisión, con el consiguiente enriquecimiento de todas las lenguas con algún acceso a los canales de la civilización.
En los próximos diez años centenares de palabras nuevas estarán en boca de miles de millones de personas. Y continuará el desarrollo inexorable de la lengua del hombre que es manifestación de su espíritu y acervo de su cultura.
Todas las profesiones, todas las actividades humanas elaboran sus propios dialectos, sus códigos de señales para entenderse. Los lenguajes del médico, del abogado, del ingeniero, del profesor de filosofía, del banquero, del mecánico, del agricultor, difieren fundamentalmente. Pero cada cual juega con su lengua a su manera, incorpora palabras, inventa términos, crea símiles y metáforas que agilicen la expresión. La lengua está en perpetua ebullición. Y crece, no sólo por el número de vocablos nuevos, sino por las nuevas acepciones que se da a viejas palabras.
Con la exacerbación de la literatura en la época romántica, por ejemplo, la poesía se llena de palabras exaltadas, como 'estruendo', 'horrísono', 'fragoroso', 'retumbante'. A ningún poeta moderno se le ocurriría usar tales palabras en un verso. Las palabras se gastan, envejecen, se pierden por abuso. O acaban muriéndose por falta de uso.

8. Cambios y vicios lingüísticos

Como hemos dicho antes las lenguas cambian. Algunos de esos cambios obedecen a leyes internas del lenguaje, a tendencias fonéticas que se producen a veces simultáneamente en lugares remotos donde se habla la misma lengua, como por ejemplo, ciertos cambios que se han producido casi simultáneamente en España y en Hispanoamérica.
Cuando esos cambios no son simultáneos se produce el arcaísmo. En el caso de Puerto Rico, la ruralía, y destacadamente las comunidades aisladas, han mantenido en uso vocablos que tanto en el país como afuera han caído en desuso como por ejemplo 'asina', 'asina mesmo', 'haiga', 'agora', 'bajura', 'antier', 'cambea', etc.
También podemos observar cambios en entonación y de pronunciación. La entonación diferente que cobra el español según pasa de país en país o de región en región, no debe preocuparnos. La entonación no es obstáculo a la comprensión.
Tampoco son motivo de mayor preocupación los cambios de pronunciación que enumeramos: la pronunciación que aspira la s a final de sílaba (laj mujerej); la h aspirada por la j velar propia de Castilla (holgorio, en vez de jolgorio); el seseo, la neutralización de s, c y z (sanahoria o siudad, en vez de zanahoria o ciudad); el yeísmo (poyo en vez de pollo, que en la Argentina se convierte en posho); la pérdida de la d intervocálica (como en "cansao") que es fenómeno generalizado; la pronunciación de la v que confunde la labiodental de vaca, con la bilabial de buey; la pronunciación de la x, que se pronuncia como gs cuando está entre vocales, como en "tagsi", o como s o h aspirada cuando choca con una consonante, como en experto (esperto, ehperto); y la x que se escribe todavía a la antigua, como en México.
Pero sí es para mí motivo de preocupación, la neutralización de l y r al final de palabra o entre sílabas como en amol, dolol, honol; o en "sordao", pursera, bardío. Esta pronunciación nos aparta de la lengua general del mundo hispánico. Quien así se expresa en casi todos nuestros países sería considerado persona inculta. Aunque el fenómeno está bastante difundido en Puerto Rico, incluso entre gente culta, la escuela puede corregir este vicio de dicción.
Otro aspecto que afea nuestra lengua es la sustitución de la r alveolar (española) por la r asibilada (r inglesa) y por la r velar (r francesa).
Estos vicios pueden contrarrestarse. El Dr. Álvarez Nazario se pregunta si es posible, pero él mismo se contesta cuando afirma: "Corresponde a la conciencia culta del país determinar lo que ha de hacerse para desterrar en lo futuro su empleo isleño."
Estudios dirigidos por el Dr. Humberto López Morales indican que dos terceras partes de la población cree que la velarización de la r debe ser rechazada y solo una tercera parte cree que debe ser aceptada. Si la actitud negativa de los hablantes se opone a una variante lingüística no hay duda de que ésta llegará a desaparecer.
Hay que estar en guardia contra un nacionalismo bobo que aprueba que ciertos rasgos dialectales distintivos del país deban cultivarse como símbolos de puertorriqueñidad, sin detenerse a meditar el daño que esas razones extralingüísticas pueden acarrear al saludable desarrollo del idioma.


9. Resumen

Varias cosas importantes quiero decir de esta gran lengua que tenemos la fortuna de llamar nuestra lengua materna. Natural que todo pueblo ame su lengua aunque sea insuficiente para expresar con soltura el pensamiento. En ella cada ser humano recibe las primeras impresiones y las primeras experiencias que andando el tiempo se hacen recuerdo y norma de conducta. La carga emocional que una lengua va acumulando en el alma de los que la hablan es insustituible.
Puede el hombre aprender una segunda lengua, o muchas otras, pero todas sirven solamente como medio de comunicación, o a lo sumo para facilitarle sus quehaceres financieros, o para abrir la puerta al pensamiento de otras culturas. Pero sólo en la propia, en la que hemos crecido, en la que nos hemos formado espiritualmente, encontraremos el estímulo de la creatividad.
Procrear para perpetuar la sangre, y crear para perpetuar el espíritu son los dos polos de la vida humana. Tan pronto podemos producir en otra lengua con más facilidad que en la propia ya hemos dejado de pertenecer a la cultura propia; hemos pasado a ser otra cosa.
Algo nos está diciendo la biología. Hoy podemos transplantar riñones, pulmones y hasta corazones, pero en una boca no cabe bien más que una lengua y no admite transplantes.
Sólo podemos hablar bien cuando podemos hablar impensadamente y sin esfuerzo. Cuando tenemos que pensar la forma de decir lo que queremos decir la vacilación nos delata. Se puede dominar con ejercicios prolongados el acento. Pero la misteriosa urdimbre de la razón y la emoción que es un idioma no se aprende, se vive. Por eso ha dicho un gran filólogo: "el hombre sólo se siente cómodo en su propia lengua". Y el gran escritor portugués, Eça de Queiros, declara que "es auténtica demostración de patriotismo hablar todas las otras lenguas patrióticamente mal".
Por eso siempre me sonrío cuando oigo a ciertos partidarios de la enseñanza bilingüe, decirnos que ellos estudiaron en inglés y hablan bien el inglés y el español cuando en realidad no se sabe cuál de los dos lo hablan peor.
Algunos han podido dominar el acento pero no dominan el léxico. Algunos dominan el léxico pero no logran dominar el acento. Pero en unos y otros lo que falta es algo inefable, es el aura, el genio, la índole del lenguaje, que es cosa tan misteriosa y elusiva. Los que en esa forma fueron educados no poseen dos lenguas, poseen dos medias lenguas que no suman una.
No conozco ningún tratadista o pedagogo serio que defienda la enseñanza en otra lengua que no sea el vernáculo. Si a pesar de ello algunas "autoridades" pedagógicas insisten en tal desatino tiene que estar envuelto en el intento, o más bien atentado, un propósito político, o más bien, gran despropósito.
Si fuese recomendable desde el punto de vista de la enseñanza, no hay duda de que Estados Unidos establecería la enseñanza en español en todos los grados. Estoy seguro de que en una generación sería un pueblo de gagos.
Es oportuno señalar varios puntos en esta apretada síntesis:

PRIMERO: que de las lenguas romances, el español es la hija más pura del latín. También está, en sus palabras más cultas, influido por el griego, aunque muchos de esos vocablos llegan a través del latín, que se engrandeció por influencia griega. Tiene algunos vocablos de procedencia germánica, pero no tantos como debiera esperarse, porque los invasores visigodos, vencedores en la guerra, son vencidos por la cultura de los pueblos sometidos y asimilan la lengua del fallecido Imperio Romano.
SEGUNDO: A diferencia de otros países de lengua romance, alrededor de 5,000 vocablos árabes se incorporan a la lengua española durante los siete siglos que permanecen en la península,
Con el desarrollo posterior de Francia en los siglos XVIII y XIX, era inevitable una nutrida representación de galicismos.
Desde 1492 entran también en la lengua española de Puerto Rico centenares de indigenismos americanos, principalmente del taíno, el náhuatl, el quechua y el cumanagoto.
De las lenguas africanas hay muy poco. Apenas 120 vocablos y sólo nos son familiares alrededor de 30 palabras como 'ñame', 'ñeñeñé', 'quinbombó', 'jurutungo'.
En este siglo, por el predominio de Inglaterra y Estados Unidos, es notable el influjo del inglés. Y la lengua española sigue su curso, como un río cargando siempre en su impetuosa corriente todo lo que encuentra a su paso.
Por lo tanto podemos aventurarnos a decir que la lengua española es tan rica y tiene tantos o más recursos expresivos que cualquiera otra de las grandes lenguas de cultura.
TERCERO: es la más antigua; es, de las grandes lenguas europeas posteriores a Roma, la primera que puede mostrar su fe de bautismo porque es la primera en dar testimonio escrito de su existencia. De ello da fe la glosa descubierta en un códice del Monasterio de San Millán de la Cogolla en la Rioja, escrita en el año 976. Nuestra lengua tiene pues 1,105 años; ha entrado en su segundo milenio.
CUARTO: es la que menos ha cambiado; es la que menos se ha desfigurado en ese milenio. En el francés, el divorcio entre la lengua escrita y la lengua hablada es sorprendente. Un inglés, para entender la lengua de Chaucer tiene que tomar un curso de por lo menos seis meses. En cambio, con un breve aprendizaje un hispanohablante puede entender el Cantar de Mio Cid. Tenemos la sensación, a pesar de los cambios inevitables de toda lengua en el espacio y en el tiempo, de que seguimos hablando la misma lengua que nuestros ya remotos antepasados.
QUINTO: la lengua española posee el aparato fonético más sencillo y más claro entre las grandes lenguas europeas. Las cinco vocales se pronuncian siempre de la misma manera. Las diferencias de matiz en la pronunciación, dependen de las consonantes contra las que una vocal tropieza, pero esas diferencias no tienen intención significativa.
SEXTO: es la más fácil de aprender de oído por poblaciones analfabetas. Esa es la razón por la cual pudo ser adquirida en pocas generaciones por la población indígena de América. Cualquier hispanohablante puede entrar por Nuevo Méjico, cruzar Centroamérica, seguir por la Costa del Pacífico, entrar a las cordilleras y a las selvas, cruzar la Pampa argentina, subir por Uruguay y seguir a las Antillas y de ahí a España, y puede entenderse no solamente con la gente culta. Puede entenderse con cualquier campesino.
El inglés, sin embargo, por su anarquía ortográfica y la intención significativa de los diferentes sonidos de vocales y consonantes se está dialectizando rápidamente, se está fragmentando visiblemente.
SÉPTIMO: la lengua española es la segunda de las lenguas europeas por el número de sus hablantes y será la primera antes de que lleguemos al año 2000. Ha inventado el hombre desde que aparece en la Historia 5,000 lenguas. Están vivas 2,792. Permitir que nuestra lengua se fragmente y se dialectice sería un suicidio. Pero como han dicho Navarro Tomás, Pedro Salinas, Samuel Gili Gaya y tantos más, "el hombre puede influir deliberadamente en el destino de su lengua." Es una herencia que no puede repudiarse sin caer en el deshonor. Es un patrimonio que tenemos la obligación de conservar y acrecentar.
OCTAVO: la paremiología española es la más rica de todos los pueblos europeos. Baste ver los términos con que designamos esas fórmulas de la cultura popular: dichos, decires, modismos, adagios, sentencias, proverbios, refranes, aforismos, locuciones. Por medio de ellos el pueblo, sea o no letrado, va absorbiendo principios y valores inherentes a una cultura, y los va incorporando, los va internalizando, tal como va adquiriendo su lengua materna. Cuando llega a la edad adulta ya está formado; lo ha formado su lengua a su imagen y semejanza. Por eso notamos tan hondas afinidades entre los hombres que hablamos el mismo idioma; participamos de la misma cultura, porque idioma y cultura son inseparables. Y si de esa afinidad participamos es que hemos sido hechos por la misma historia. Ahí están las raíces. Cualquier pueblo que permite que le corten las raíces se desploma al primer vendaval.
NOVENO: la unidad y la diversidad son los dos polos sobre los que gira nuestra lengua. Toda lengua cambia con el paso del tiempo. Y cambia según va extendiéndose en la geografía. Así ha cambiado la nuestra en su lejano y atareado caminar. Pero si hay fuerzas centrífugas también hay fuerzas centrípetas que tienden a la unidad. La difusión de la lengua escrita es un freno a la dispersión; igualmente los medios masivos de comunicación, radio, prensa, televisión y cine; las revistas profesionales, las obras más importantes de esa literatura que se difunde por todo nuestro mundo apuntan hacia la unidad. No hay dispersión cuando una palabra que surge en México, en Argentina o en las Antillas pasa por esos medios a la lengua general.
DÉCIMO: la lengua está en perpetua ebullición. Inventa vocablos nuevos todos los días en todas partes. Las mujeres inventan palabras continuamente, tienen más tiempo para hablar que los hombres. El beauty parlor es un mini-ateneo, y hay miles de beauty parlors. Cada profesión inventa vocablos que otras profesiones no entienden. Los adolescentes inventan palabras todos los días. El hampa es otro surtidor de voces pintorescas y aunque la mayor parte se evaporan y desaparecen, algunas quedan para siempre.
UNDÉCIMO: el bilingüismo no existe. Todo el mundo tiene una lengua, su lengua, la lengua de su formación, la lengua desde la cual puede ejercer el hombre su facultad creadora. Todas las otras lenguas son instrumentos de comunicación. Pueden ser, en algunos casos, avenidas para entender mejor otras culturas y profundizar en ellas. Pueden servir para enriquecer la propia con nuevas palabras y nuevos giros. Pero tan pronto, en la conciencia de un hombre, pesa tanto su lengua como otra lengua cualquiera ya no tiene lengua propia, posee dos medias lenguas, y en ninguna podrá ahondar en los insondables misterios del alma de su pueblo, ni de la suya propia.
DUODÉCIMO: el anglicismo es inevitable y no hay por qué lamentarlo. Los neologismos y los términos acuñados por los inventores deben entrar en nuestra lengua por la puerta ancha.
A lo que hay que temer es a la intrusión demasiado rápida de vocablos y términos ingleses innecesarios. A lo que hay que temer es a los calcos, que le roban el sentido a palabras españolas de buen cuño. A los préstamos que pueden ser tantos que nos quiebran la lengua, como le pasa a quien pide más préstamos de los que puede pagar. Y hay que temer los cambios sintácticos: el abuso del gerundio ("estoy siendo"), el abuso de la voz pasiva ("el Senador fue preguntado"), el abuso del pronombre personal que da la impresión de que el hablante está hablando una lengua extranjera.
Esas influencias malignas tienen que erradicarse de nuestra lengua. La escuela puede hacerlo. Es parte de su responsabilidad si entiende cuáles deben ser sus objetivos fundamentales.
Para algunos mal encaminados filólogos la lengua es lo que la gente habla y nada puede hacerse para encauzarla. Rechazamos la proposición. La lengua es lo que la gente debe hablar. Si no lo sabe se le enseña. "El porvenir de nuestra lengua será lo que sus hablantes quieran," como ha dicho Tomás Navarro Tomás.

10. Conclusión

Decía Clemenceau que "la guerra era demasiado importante para dejarse en manos de los generales." Parafraseándolo podemos decir que la lengua es demasiado importante para dejarse en manos de los lingüistas.
Tienen que ver con la lengua la lexicología, la semántica, la gramática, la etimología, la filología, la fonética.
La lexicología, que estudia las palabras desde el punto de vista de su significado. La semántica, que analiza la función significativa de los símbolos. La etimología, que estudia el origen, la procedencia y la derivación de las palabras. La gramática, que es la ciencia de la estructura de una lengua determinada. La filología, que estudia conjuntamente una lengua y su literatura. La fonética, que estudia el conjunto de sonidos de un idioma y su pronunciación. Tan importante es la lengua que hoy se la estudia desde todos sus ángulos. Se estudia su historia, sus leyes internas, sus cambios incesantes. Se hurga en sus entrañas buscando sus secretos. Y no es para menos. Lengua es pensamiento: son conceptos inseparables. Como decía Unamuno, "no es que pensamos en palabras, es que las palabras nos piensan." Lichtenberg dice: "hablar es filosofar." Y Wittgenstein sostiene que "un lenguaje dado es una forma de vida."
Forma de vida es. La lengua no es invento de nadie; es lenta y larga acumulación de la experiencia histórica de un grupo. Se acrecienta como un valle con las sucesivas avenidas de los ríos. Empieza por ser torpe instrumento de comunicación. En el transcurso de generaciones llega a ser instrumento de creación y vínculo emocional entre todos los que saben decir las cosas de la misma manera.
El hombre se siente como el pez en el agua en su lengua materna. Si se le saca de ella se muere espiritualmente como el pez si lo sacan del agua. Cuando una lengua se pierde los que la hablaban dejaron de ser lo que eran. Si una lengua se corrompe o se desfigura los que la siguen hablando ya no serán los mismos. El hombre es lo que el hombre habla. Por eso es exacto decir: "dime cómo hablas y te diré quién eres."
El hombre sale del animal por la palabra. ¿Y qué es la palabra? "Nada...," -dice Ortega- "un poco de aire estremecido que desde la confusa mañana del Génesis tiene el poder de la creación."
Si nos preguntamos cuándo empieza a hablar el hombre nos estamos haciendo una pregunta sin respuesta. Pero sí estamos seguros de que el hombre aprende a hablar en algún punto desconocido del tiempo y del espacio, cuando empieza a señalar las cosas del mundo misterioso que lo rodea y a distinguirlas unas de otras con sonidos elementales pero diferentes.
Dos atributos distinguen al hombre del animal: la mano y la palabra. La técnica asombrosa de nuestros días no es sino la prolongación de la mano. La ciencia no es sino la prolongación de la palabra. El homo faber -el hombre que hace- y el homo sapiens -el hombre que conoce- es el homo loquens, el hombre que habla, que es como decir que es capaz de pensar. Sin palabra no hay pensamiento.
Se estima que el hombre aparece sobre la faz de la tierra, ya con figura de hombre, hace 600,000 años. El hombre histórico apenas tiene 6,000 años. El hombre que empieza a dejar constancia de sí en documentos escritos no llega a 4,000 años. El apogeo mayor del hombre, ya en plenitud de desarrollo intelectual, surge como un milagro en Grecia hace sólo 2,500 años. Nuestra era se inicia con la muerte de Cristo hace 2,000 años. El mundo moderno apenas tiene cinco siglos y empieza con dos hechos fundamentales: la invención de la imprenta en 1457, que pone con el libro el saber en manos de un creciente número de hombres, y el descubrimiento de América en 1492, que redondea al mundo y pone la geografía al alcance de todos. Ese mundo termina en Hiroshima. Desde ese momento entramos en la Era Atómica, que puede llevarnos al dominio total del universo o a la destrucción de la humanidad. Ha sido increíble el desarrollo geométrico del progreso humano en los últimos cinco siglos. Y el lenguaje ha tenido un desarrollo similar. La palabra engendra el acto. Y cada nuevo acto, nuevas palabras.
Poseer tan extraordinario instrumento de comunicación y de creación debe ser para los puertorriqueños motivo a un tiempo de orgullo y de preocupación. De orgullo, por ser parte de una gran historia y de una gran cultura de posibilidades incalculables. Preocupación, porque en esta frontera que es nuestra patria el choque de esas dos grandes lenguas que debía servir para que ambas se enriquezcan puede servir para que ambas se desfiguren. Y si eso ocurre pasaríamos de ser una isla geográfica, a ser un islote culturalmente yermo, históricamente estéril.

11. Algunos puertorriqueñismos

(11)Raymond Aron, Progreso y desilución, Monte Avila,1969,p.7.
Cocuyobembeteo
coquíafrentao
chéveretusa
burundangasusubano
parquear pitorro
mogollamalafé
mofongoamapucho
mongobuenagente
jurutungopuestu
enjillíofiebrú
revolúfutriaco
nacarilefufú
jendío

12. Frases intraducibles al inglés

1. A más no poder
2. No poder con su alma
3. No poder hacer carrera
4. El que puede, puede (arrastra)
5. El libro está en su poder
6. Muy bien puede que...
7. No puedo con tanta pena
8. No poder llegar a más
9. No puedo menos
10. Poder poco (poco puedes si no lo consigues)
11. Querer es poder
12. Puede ser (maybe)

13. Algunos anglicismos

ANGLICISMOSESPAÑOL
dar el gradodar la talla
deadlinefecha límite
debutante joven que se presenta en sociedad
detectardescubrir
detrimentaldetrimento
displaydespliegue
distorsionardesfigurar, torcer
un drinkun trago
un driverun conductor
drontambor de acero para líquidos
escalatorescalera mecánica
EasterPascua florida
Drive-inCine al aire libre
espidómetrovelocímetro
esprínmuelle, resorte
convictopreso
facilidadesestructuras
casualtiesheridos
fatalitiesmuertes
filearchivar
full timea tiempo completo
part-timea tiempo parcial
overtimea tiempo extra
hacer sentidotener sentido
headlinetitular
hi-figramófono de gran fidelidad
high lifeel mundo elegante
highballtrago mezclado con agua u otras bebidas gaseosas
high-schoolescuela de segunda enseñanza
influenciar influir
inuendoindirecta derogatoria
jeepvehículo
knowhowpericia, conocimientosprácticos
lipsticklápiz labial
loose-leafde hojas sueltas (cuaderno)
loncharalmorzar
membresíamatrícula
mopmapo
osterizertrituradora
panacompañero
piqueteconcentración de protesta contra algo

Anglicismos aceptados
controversial
estándar
estrés
récord
control
chequear
crucial
casete

Bibliografía

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Piedras: Editorial Universitaria, 1977.

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Unamuno, Miguel de. Obras completas. Madrid: Pelicier, Tomos III y IV.

Unidad y diversidad de la lengua española

Unidad y diversidad de la lengua española

Introducción

Nada más justo y más merecido que haber dedicado esta celebración del Día de la Lengua a Samuel R. Quiñones, fundador de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española y Presidente de la institución desde su instalación en 1955 hasta el día de su fallecimiento el 11 de marzo de 1976.
Si no lo hubiese sorprendido su inesperada muerte cuando aún conservaba la plenitud de sus facultades, todavía estaría ocupando la presidencia que desempeñó tan eficazmente, tan honrosamente, desde el precario comienzo de la institución.
Nada más difícil que crear algo desde la nada, recoger los esfuerzos dispersos y juntarlos, dar forma a las ideas siempre encontradas cuando algo nuevo surge y es aún indefinido e informe. Samuel lo hizo, y lo hizo bien y con altura. Y la Academia es ya una institución que debe perdurar porque de la persistencia de las instituciones de un pueblo depende que no se desfigure su identidad y no se quiebre su continuidad; identidad y continuidad, dos palabras que deben ir siempre cogidas de la mano para que un pueblo pueda caminar por su historia sin deshacerse, sin esfumarse, sin perderse un día cualquiera en las arenas movedizas del olvido.
Gran orador y gran improvisador fue Samuel R. Quiñones. En sus años jóvenes fue uno de los innovadores literarios de la década del '20. En sus años maduros, llevó a la política altura y estilo. Y su amor y su respeto a la palabra, a esta lengua grande entre las grandes, le impidió esas caídas a las que nos está mal acostumbrando una política que confunde la energía con la injuria y el ataque con la difamación para desdoro y mengua de nuestra cultura y de los hombres que en ella nos formamos.
Se echará de menos, en un día como hoy, la palabra fluida y certera del amigo desaparecido. Pero puesto que me correspondió el inmerecido honor de ocupar la posición que dejó vacante al irse de entre nosotros, he aceptado el honor que me dispensa la Asociación de Autores que con tanto entusiasmo preside la Dra. Edna Coll, Académica de la Lengua, autora y profesora de lengua y literatura en universidades del país y del extranjero, para dirigirme a ustedes en esta celebración del Día de la Lengua, bien anclado el día en que se conmemora la muerte de don Miguel de Cervantes Saavedra, el más grande escritor de nuestro pasado.
Escogí para esta participación un título por desgracia demasiado amplio para ser expuesto abarcadoramente en el breve espacio de que dispondremos: "Unidad y diversidad de la lengua española." Pero en momentos de confusión ideológica, política y literaria, creo que es oportuno tocar algunos puntos que preocupan a todos los que hablamos español en un mundo tan grande como es hoy el mundo hispanohablante, donde hay campo abierto tanto a la esperanza como al sobresalto.

Unidad y diversidad

La historia está llena de mitos. Uno de ellos que alcanzó notable difusión en el siglo XVII y que el Padre Mariana toma de La Ciudad de Dios de San Agustín, y López Madera convierte en absurda teoría, nos dice que como secuela del episodio de la Torre de Babel, Tubal, quinto hijo de Jafet, se estableció con los suyos en España. La primitiva lengua original se había dividido en setenta y dos lenguas, una para cada uno de los setenta y dos hijos y nietos de Noé, y una de esas setenta y dos lenguas le llegó a España con Tubal, por lo cual, dice irónicamente Emilio Alarcos, debió llamarse "tubalina.(1)
Andaban, pues, muchos españoles empeñados en darle alcurnia de antigüedad a una lengua en la que ya se había producido una extraordinaria literatura y tenían en menos que se la considerase como mera corrupción del latín.
Sin embargo, no creo que haya campo en nuestros días para disputas de este género. Siglos de dominio romano latinizaron casi toda la Península y no tardó España en darle a Roma algunos de sus más grandes emperadores, Trajano, Adriano y Teodosio el Grande, y también su mayor filósofo, Séneca; su mayor epigramista, Marcial; su mayor gramático, Quintiliano.
El gran Imperio Romano fue hecho, más que por las legiones, por el derecho y la lengua. Pero el cambio es ley de la historia. Y con la invasión de los bárbaros y la caída de Roma, el latín se vulgariza, surgen las lenguas romances, y hace poco celebrábamos el milenario de la lengua castellana, que hoy preferimos llamar española, porque hace tiempo dejó de ser la lengua de Castilla para convertirse en la lengua de veinte pueblos desplegados sobre una enorme porción del planeta.
No eran lo mismo las lenguas de Castilla, y de Galicia, de Asturias, de Extremadura, de Andalucía o de Canarias. Y es aquí, en América, donde se juntan en una obra común gentes de todas las regiones de España y comienza, con la obra colonizadora, la fusión de todas las lenguas regionales de España y al mismo tiempo su enriquecimiento espectacular con la incorporación de nuevas voces del taíno, del náhuatl, del maya, del quechua, de otras de las múltiples lenguas y dialectos y, en menor cuantía, de vocablos de los múltiples dialectos africanos.
Todo cambia pero no es ley que siempre se cambie para mejorar. La fe en el progreso indefinido quedó rezagada y no pasa día sin que observemos cambios destructores. Tenemos, pues, razón en sospechar de cualquier teoría que convierte el cambio en ideal, y tenemos razón para preguntarnos si los cambios que ocurren en nuestra lengua suponen enriquecimiento o erosión.
En justicia tenemos que adoptar una posición ecléctica. Todos los días nacen y mueren palabras por desuso, y pasan al arcaísmo; o por abuso se gastan y pasan al olvido. Casi nadie dice ya 'ansina', 'agora', "naide", "ñamas" o "mismamente". Todos los días alguna noble palabra adquiere una nueva acepción que puede ampliar su utilidad o acentuar la confusión, o adquiere nuevo brillo alguna voz que ayer era plebeya, porque un poeta le dio alcurnia poética o un suceso imprevisto le dio valor insospechado. Todos los días alguna voz indígena baja de su montaña o sale de su selva y entra por el poema, el cuento o la novela al caudal turbulento del idioma y muchas van recibiendo la santa bendición del Diccionario. Todos los días se incorpora a la lengua usual algún término nuevo de la ciencia, de la economía, de la psicología, de la medicina. Nadie decía 'parámetro', ni 'problemática', ni 'complejo', ni 'antibiótico' y hoy son de uso general. (De su "problemática" me habló hace poco el conserje de mi "condominio" porque no le querían pagar las "horas extra.")
Todos los días los "tinéyeres" (y es mucho mejor palabra que 'adolescentes', que es demasiado refinada, o la madrileña, 'pepillitos', que nos suena tan cursi) inventan nuevas voces para hacerse valer y entenderse entre ellos, y algunas como "cherear" se apagan en diez años, y otras son tan feas que la lengua misma, por pudor, las arrumba, como "jeba", "mamito", "gufeo" y "rosheo", que le dan a quienes las usan todavía
la falsa sensación de seguridad de que "están por la maceta," frase que cae sobre el idioma como un macetazo.

(1)Emilio Alarcos, "Una teoría acerca del origen del castellano". Boletín de la Academia Española, Año XXI, Tomo XXI, pp. 209-28.

También el hampa genera profusión de palabras nuevas o de nuevas acepciones de viejas palabras y hasta el anglicismo la viene penetrando, porque "el Barrio" ha sido para miles de boricuas escuela de delincuencia. Y se van a sorprender: ya hay más palabras de la delincuencia en la lengua de Puerto Rico que indigenismos y africanismos juntos. Se le dice "hace" a la heroína; "aguacatón" a un zángano; brother a un amigo íntimo; la "pelona" a la perpetua; un "elepé," goza de libertad bajo palabra; la policía es la "jara," "limpiar" es asesinar; "tecato" es un adicto; sissymen, homosexual; un "kike de koka," un toque de cocaína. Hay multitud de palabras para designar la droga, y a la Penitenciaría, de veinte maneras, desde el "Oso Blanco" hasta el "Sheraton" y la "Universidad," y está bien nombrada. Es allí donde los novatos pagan su novatada y en pocos años salen con un doctorado en dilincuencia, mientras se produce la homogenización del lenguaje del hampa que varía en las diversas provincias del crimen.
Muchos de los vocablos son eufemismos y abundan las frases pintorescas avivadas por metáforas y símiles con las que se busca evitar la frase malsonante o soez. Con lo cual vemos que, aún en los ínfimos estratos sociales, el hombre mantiene un sentimiento de pudor ante su lengua (que algunos literatos y literatas parecen haber perdido).
Y por último quiero rozar dos fenómenos que nos dan motivo a un tiempo para el regocijo y la preocupación: el anglicismo y la nueva lengua literaria.
No hay que alimentar excesos de temor ante el anglicismo. El que inventa, bautiza. Y por causa del indisputable predominio de la inventiva y del empuje industrial y comercial del mundo anglosajón en los últimos dos siglos (hasta ahora que el Japón parece haberle cogido la salida) el anglicismo penetra todas las lenguas cultas.
Se han propagado por esa razón centenares de anglicismos por casi todos los países del mundo civilizado y los encontraremos por lo tanto en todos los pueblos de nuestra lengua. Esa diversidad no quiebra la unidad del idioma que propugnamos como ideal de la cultura.
Pero en las fronteras de nuestra lengua con otras lenguas, los anglicismos y extranjerismos se multiplican peligrosamente. A primera vista veo cinco de esas fronteras: el Archipiélago Filipino, que se perdió; las fronteras con Francia, y durante mucho tiempo el galicismo entró a España sin pagar derechos de aduana; los muelles de Buenos Aires desde donde el lunfardo amenazó por un tiempo con escindir la lengua argentina del continente hispánico; el Río Grande. Puerto Rico, donde un bilingüismo impuesto a la cañona durante medio siglo, y que aún persiste en la escuela privada, ha convertido la enseñanza de una segunda lengua que debe ser bienvenida, en un problema hosco que debe ser resuelto "a como dé lugar".
Y el problema se agrava por la emigración de regreso que nos devuelve miles de puertorriqueños con su lengua casera casi olvidada o empobrecida y un inglés callejero que en muchos casos es casi un dialecto, como el "brooklynese."
Se agrava aún más la situación por el manejo irresponsable de la lengua por miles de profesionales que estudiaron en el extranjero y que como los ingenieros, los médicos y los economistas, siguen llamando en inglés lo que aprendieron en inglés sin tomarse el trabajo ennoblecedor de hacerse de la nomenclatura que provee su lengua materna, o de traducirla, o de inventarla.
Y sigue creciendo el problema por la insólita transformación de una economía agrícola en una economía industrial. Miles de fábricas, de materiales, de equipos, de procesos, surgen de pronto a nuestra vista y hay que nombrarlos para entendernos. Pero llegan con las fábricas los gerentes, los capataces, la "literatura" y la nomenclatura, como se dice en inglés pronunciado en español, o se hispaniza el vocablo, o se inventa uno nuevo, en vez de traducir los términos traducibles. Y con ello no estamos diversificando la lengua. La estamos corrompiendo. Nos estamos apartando de la lengua general y eso equivale a montar, sobre el hecho inexorable de ser geográficamente una isla, el hecho remediable de convertirnos en un islote culturalmente estéril.
Evitar ese desastre debe ser labor conjunta de la conciencia lingüística de los hombres individualmente considerados, y sobre todo del Estado.
Un estudio ya bastante avanzado iniciado por la Academia y dirigido por los académicos Humberto López Morales y Angel Jorge Casares da una idea de la penetración de anglicismos en el vocabulario de la industria textil y en el de la banca y la bolsa. Pero al solicitar a la pasada legislatura una asignación de $60,000 mil dólares para continuar el estudio y circularlo obtuvimos la siguiente asignación: para el estudio, cero; para la Academia, una rebaja de 40% en su presupuesto. Tal parece que algunos de los señores legisladores se sentían complacidos de saber que se estaba produciendo una suplantación de su lengua. La cultura y la lengua, hemos oído decir desde ciertos ángulos de la política, no son negociables. Pero si el proceso que hemos descrito se está produciendo en casi todas las profesiones y las actividades productivas, llegado el momento todo será muy fácil. No habrá nada que negociar.
Rechazamos de plano la noción que insiste en mantener que aquí no le pasa nada fundamental a la lengua, pues, desolador como el hecho que acabo de señalar, es el anglicismo que penetra día por día por todos los medios de comunicación. Sobre esto dice Avelino Herrero Mayor, "la costumbre de oír barbarismos acaba por embotar la conciencia lingüística."
No es este el momento para entrar en detalles pero de un solo anuncio de un periódico de la capital copiamos lo siguiente: Sombrillas folding; faldas wrap around ; panties, brassieres; shorts; camisas printed; polos de hombre y panty hose. Y en la siguiente página: spray-final net, ultra hold, stainless steel, llave Delta y fittings,set de fundas y blowers Seiko. El mismo día tropecé con el rótulo de un garaje que decía "se rebildean motores." Por la noche, en un debate televisado, un empingorotado defensor del bilingüismo aseguró, muy orondo, que él era "bilingual." Y a los pocos días, llegando a Barranquitas, nada menos que en el corazón de la montaña, dos rótulos: Carmen's Boutique y Negro's Bar. No es lingüísticamente razonable desconocer los peligros que nos están embotando la conciencia lingüística.
La acrescencia de nuevas voces no lesiona fundamentalmente una lengua. Pero en el caso de la lengua española, dispersa en veinte pueblos y sobre una enorme extensión geográfica, el peligro tiene varios ángulos: primero, que difieran radicalmente los extranjerismos que se incorporen a la lengua en unos y otros pueblos; que sean diferentes las acepciones de viejas palabras entre un país y otro; que sean demasiado profusos los neologismos: que los cambios léxicos, fonéticos y semánticos se produzcan en demasía; que los calcos sintácticos y semánticos le resten autenticidad y espontaneidad a la expresión.
La diversidad es inevitable. Pero, por suerte para todos, lo que nos uniforma es mucho más que lo que nos separa.
De lejos viene nuestra lengua. Es la hija más pura del latín que responde del 85% de su léxico. Pero ya venía el latín cargado del griego de la época clásica que le proveyó sus palabras más cultas. Y desde los tiempos del Poema del Cid ya se le agregaron galicismos que se multiplicaron en los siglos XVIII y XIX. Más de cuatro mil vocablos árabes la enriquecieron. Las carabelas y los galeones que llegaban cargados de pertrechos regresaban cargados de vocablos que nombraban cosas nuevas. Y este siglo presencia el acarreo de centenares de anglicismos, enriquecedores también, porque nombran utensilios, procesos y técnicas alumbradas por un mundo nuevo. No nos preocupa el anglicismo como tal. Por su vigor, la lengua española incorpora toda palabra que le cae cerca a su propia índole , y ya son español (ZÍPER, SUSPENSO, LÁSER, CHEQUEO, TÉLEX, MOTEL, CONTROVERSIAL, PANFLETO, ESTÁNDAR, PANEL, ESTRÉS) infinidad de anglicismos que los puristas han venido rechazando erradamente desde principios de siglo.
Lo que tiene que preocuparnos es la proliferación demasiado rápida del anglicismo superfluo o innecesario y algo más importante, los calcos sintácticos, el uso de la voz pasiva y los calcos semánticos.
La escuela puede eliminar esos males si conservan los gobernantes y los educadores la conciencia lingüística que parece estar embotando el asimilismo empedernido de algunos.
"Escribo como hablo" dice Juan de Valdés en su Diálogo de la Lengua y lo repite Unamuno cuatro siglos después. Está bien acomodar la prosodia a la ortología. Pero se debe escribir como se habla si se habla bien. Al que habla mal lo que hay que hacer es enseñarle a hablar. Y si no quiere aprender, que reviente.
Es buen ejemplo de esto lo que señala el hispanista Millard Rosenberg, en un ensayo publicado en 1935.
Un vendedor de productos americanos viaja por Hispanoamérica y lo que le interesa es ver a quien puede tomar decisiones. Su pregunta "¿Está el patrón? ¿Quién es?" recibe las siguientes respuestas:
-"Ese señor que estái."
-"Eje jeñó."
-"Er tío aqué que etá ahí parao."
-"Er cabashero que ashí se mira."
-"Ete quetacatrá."
¿Cómo lo vamos a escribir? Si cada cual cree que tiene derecho a escribir a su manera, estamos patrocinando la anarquía lingüística y provocando la atomización de una de las grandes lenguas de la cultura.
Quienes crean que todo esto es tolerable por el hecho de que se produce, le darán su visto bueno al fraude, porque se produce; a la narcomanía, porque se produce; a la joroba, porque se produce. Pero si hay ley penal para el que viola las normas, sanción debe haber para los que postulan la corrupción de la lengua por el hecho de que se produce. Para eso se inventó la crítica.
Y aquí viene bien lo que decía Amado Alonso. Si la lengua escrita y la lengua hablada se separan, la lengua escrita acabará en lengua muerta, la lengua hablada en dialecto. No postulamos ni una cosa ni la otra. Pero la lengua escrita ha de servir de cauce para evitar peligrosos desbordamientos que en el trópico nuestro pueden alcanzar carácter de inundación.
Hay cambios ortológicos que obedecen a tendencias generalizadas y que por lo tanto no lesionan la unidad lingüística que debe ser ideal hispanoamericano. Están generalizados en casi toda América.
Pero hay dos vicios que apartan el español de Puerto Rico de la lengua general y que además de afear la lengua ponen un sello de inferioridad social o cultural en el hablante; la neutralización de l y r y la malsonante velar que debilita la r que es la letra más viril de nuestra lengua: la letra clave de 'rayo', 'guerra' y 'revolución'.
La naturaleza tiene su lenguaje y fue la maestra de idiomas del hombre primitivo. Y el hombre aprendió a hablar con el susurro del viento en los árboles, con el murmullo del agua del río, con el rumor de las olas del mar. Debe haber aprendido la r con todo lo que se arrastra en la selva; y la k con todo lo que cae, tronco, roca o peñasco. Revolcamos el agua y nos parece que está hecha más que de gotas, de eles. Para decir sí, la cabeza se inclina y un sonido suave subraya la aquiescencia. Nadie puede decir sí sin sonreírse y para decir que no hay que levantar la cabeza como la fiera que gruñe ante la amenaza o el peligro.
El hombre aprendió a hablar con los pájaros y muchos se llaman como se llaman porque ellos mismos nos dijeron su nombre; el juí, el judío, el bienteveo, el guaraguao, el pitirre. Y estos que señalo son nombres nuestros, no los dice así nadie más. La n es letra de fuerza. Con ella nos negamos, a lo que sea. La ñ es la n del 'no', que, atemorizada, nos da el "ñé ñé ñé" del hombre "ñénguere".
La lengua juega con el sonido, que es vibración del aire en las cuerdas vocales, trasladándolo desde los labios y los dientes hacia el paladar y la faringe, con mayor o menor intensidad. Y ese juego se aprende desde la cuna hasta que se automatiza. Nadie tiene que pensar dónde ha de poner la lengua para decir relámpago o catarata. Por eso es un placer jugar con la lengua materna, que es igual que jugar con las palabras y por lo tanto con las ideas.
Pero hay que pensarlo dos veces cuando se trata de una segunda lengua, adquirida o aprendida. Y por ahí entra el tartamudeo. No se puede alterar fácilmente el hábito de hablar de cierta manera y algunos no lo logran en una vida entera. Conozco boricuas que regresaron después de cincuenta años y hablan el inglés con acento español. Y conozco americanos, y hasta hijos de americanos nacidos aquí, que después de medio siglo hablan español con acento inglés.
Y si eso ocurre con el acento ¡qué no podemos decir de las palabras! Si los sinónimos no existen ¡cuánto más difícil es hallar la palabra equivalente en otro idioma! La dificultad es notoria hasta en las cartas comerciales; en la traducción de la poesía o del humor es prácticamente insuperable.
Por lo tanto, al tratar de incorporarnos otra lengua tropezamos con dos escollos que solamente pueden salvar a la perfección individuos excepcionales: el tartamudeo y la vacilación. Y cuando el desatino de suplantar la lengua se intenta sobre un pueblo entero el resultado puede llevar al desastre expresivo, al embotamiento de la sensibilidad, fácilmente observables en miles de puertorriqueños desde los ínfimos niveles socio-económicos hasta las máximas posiciones gubernamentales.
Por interés cultural tanto como por conveniencia económica tenemos el derecho, y casi diría la obligación, de aprender bien la lengua inglesa, pero sin abdicar de nuestro derecho a preservar y enaltecer la lengua propia: y con el derecho, la obligación de depurarla, de acrecentarla. Es herencia demasiado rica para despilfarrarla, demasiado noble para repudiarla, demasiado grande para empequeñecerla.
Nuestra lengua viene de lejos y acarrea en su caudal el saber de muchos pueblos. Decimos OLIMPO, DIOS, NINFAS, SIRENAS, FILOSOFÍA, IDEA, ARMONÍA, MATEMÁTICAS, GEOMETRÍA, MÚSICA, POLÍTICA, y Grecia está hablando en nosotros.
Decimos CIUDAD, ESTADO, REY, EMPERADOR, LEGIÓN, CIVILIZACIÓN, PAZ, JUSTICIA, JUEZ, JURAMENTO, RITUAL, Y ROMA ESTÁ HABLANDO EN NOSOTROS.
Decimos ALMUD, ALAZÁN, ARROZ, y el mundo árabe está hablando en nosotros. Decimos DEBUT, BOUQUET, CORSAGE, "TARTUFISMO", y "CHAUVINISMO", y Francia está hablando en nosotros. Decimos SONETO, CHÁCHARA, ESCARPÍN, RITORNELO, y aparece Italia en nuestra lengua.
Y llegan las carabelas, y surgen del misterio de las islas del Mar Océano y después de la Tierra Firme multitud de voces nuevas, y desde 'canoa', que es la primera palabra americana que salta al Diccionario de Nebrija, hasta 'quinina', 'cabuya' 'chocolate', 'macana', 'guayacán': América habla por nosotros. Y del taíno, del náhuatl, del quechua, del guaraní, del cumanagoto, acentos de la América autóctona llenan la lengua de nuevas cualidades expresivas.
Y de Africa nos llega poco, pero ahí están, buen número de palabras pintorescas y rítmicas como 'ñáñigo', 'vodú', 'ñame', 'bongó', y sobre todo "ñé-ñé-ñé" que es el habla del ñénguere.
Y ahora se agregan las voces del inglés, y ya son español bien confirmado por la Academia de Madrid, control, rosbif, estrés, láser, suspenso, panel, panfleto, en su acepción verdadera, que es escrito breve de agitación revolucionaria.
Centenares de anglicismos pululan por nuestra lengua y con exceso en Puerto Rico. Algunos serán incorporados porque su uso prolongado lo exige. Otros se esfumarán porque la lengua se purifica a sí misma y rechaza eventualmente lo que no se acomoda a su índole.
Ordena las palabras y habrás ordenado el pensamiento. Y a los que se preguntan ¿orden, para qué? y hacen profesión de fe en el caos, como en ciertas literaturas que se llaman nuevas, en el pecado llevarán la penitencia de perder con la palabra la razón. Alienado del mundo ha de vivir el hombre que después de nombrar su mundo y de ordenarlo se permite arrastrarse a otra nueva Babel que lo confunda, lo rompa y lo disperse.
Ser es hacer, que el hombre es hijo de sus obras. Pero antes de hacer, ser es pensar. Y es con palabras que se piensa.
Nos han hablado mucho de un "American way of life." También hay una manera de ser puertorriqueña. Y ser no es estar. Ser es esencia. Y al preguntarnos, ¿qué somos? no podemos dar sino una respuesta; una historia, una cultura, una lengua y una raza. Sobre esas cuatro piedras se cocina al fuego lento de los siglos nuestro sentimiento nacional que durará lo que dure la lengua, y eso es, para siempre.

El hablar latino-ibero

El hablar latino-ibero

Alguien ha dicho que en el principio fue el verbo. Y que la palabra es la raíz del acto. Por eso cuestionar es siempre peligroso. Y tal vez por eso mismo es tan fácil pasar de las palabras a las manos. Y por eso los débiles tienen que poner tanto cuidado en sus palabras. Quien, consciente de su debilidad, cuida lo que ha de decir está demostrando una gran fuerza de espíritu. Hablar por hablar es fácil. Hablar en exceso es fanfarronería. Nuestra literatura está llena de desdén por los que demuestran tener palabras más grandes que su capacidad para refrendarlas, desde el apóstrofe a los Infantes de Carrión que leemos en el Poema del Cid.

Lengua sin manos,
cómo osas fablar.

Palabra es pensamiento. Y el honor, una idea sin la que el hombre no puede seguir viviendo como hombre. Palabra de honor es palabra que obliga. Y la mujer siempre ha cuidado de que sostenga su honor el hombre en quien puso su corazón. Se cae de su pedestal el hombre que no es capaz de mantener su honor con su vida.
Y otra vez saltamos al Romancero. Cuando el Cid monta para ir a la Corte a reclamar su derecho a vengar la afrenta que le han inferido a sus hijas los Infantes de Carrión, Jimena le dice en uno de los versos más recios de la poesía española:

A la Corte vais, buen Cid y a lo que vais a la Corte ha de dar corte la espada porque no tiene otro corte.

La lengua, como la mujer, hay que cuidarla. Está llena de hermosura y de secretos que sólo se descubren con amor. Las grandes literaturas, y la española es una de ellas, están cuajadas de formas de expresión estremecedoras. En ellas reconocemos los rasgos salientes de la propia cultura que absorbemos como la propia lengua por los poros, sin darnos cuenta.
En la literatura encuentra el hombre lo que quiere encontrar, lo que es más consonante con su espíritu, lo que le revela los secretos de la propia cultura. Veamos en una cápsula, y tomando al azar algunas citas del Romancero, si sentimos o no que hablamos la misma lengua y pertenecemos a la misma cultura representada por este poema.
Jimena pide justicia al Rey contra el Cid que ha matado a su padre en duelo.

Mira buen rey que desciendes
de aquellos claros varones
que a Pelayo defendieron
con castellanos pendones,
y cuando no fuera así
tu brazo ha de ser conforme,
dando venganza a los chicos
con rigor de los mayores.

Aquí está el secreto del poder real. Su poder emana de sus vasallos. Todos contribuyen con dineros, armas, caballos y caballeros a mantener el orden frente a la anarquía feudal. La lealtad es su símbolo más alto. La lealtad a cambio de la justicia. Para eso es la Corte. Para impartirla. Y no puede haber lealtad sin honor. Por eso dos versos finales dan la clave de lo que cada vasallo cree tener derecho a esperar.

dando venganza a los chicos
con rigor de los mayores.

Si fijamos en una escala la alcurnia de los valores yo me atrevo a colocar la justicia en el pedestal más alto. Creo firmemente que el supremo valor del hombre sobre la tierra es la justicia. Y si lucha tan denodadamente por la libertad es porque alienta un secreto instinto que le dice que sin libertad no puede haber justicia.
El interés nos nubla frecuentemente la conciencia, pero cuando suficientemente alejados del interés personal podemos fijarnos objetivamente en los sucesos humanos, nuestra simpatía cae siempre del lado de los que defendieron la justicia y la libertad frente a los desmanes de la arbitrariedad. Es lo que nos lleva a levantar, según vamos recreando nuestra historia, las figuras de Montesinos, de Vasco de Quiroga, del Padre Las Casas. Y porque dentro de esa tradición vivimos podemos ponerle acento de orgullo a ese momento de nuestro siglo XIX, en el que nuestra comisión abolicionista -Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Francisco Mariano Quiñones, dueños de esclavos- pide la abolición de la esclavitud con indemnización o sin ella. No había de tolerar el país por más tiempo la perpetuación de esa injusticia denigrante tanto para el esclavo como para el esclavizador.
Pero sigamos con el Romancero. Hay una palabra que no carga la misma fuerza semántica en inglés, la palabra 'altivez', siempre emparentada con el orgullo. Con el orgullo, y no con la soberbia, que es el orgullo enfermo. En pocos lugares de ninguna literatura está tan intensamente retratada como en el Juramento de Santa Gadea de Burgos.
El rey don Sancho, amigo del Cid, ha sido asesinado a mansalva por el traidor Bellido Dolfos. Corre el rumor de que su hermano don Alonso puede haber sido el responsable del desaguisado. Don Alonso va a ser coronado. El Cid Campeador le toma el juramento.

En Santa Gadea de Burgos,
do juran los hijosdalgo,
allí le toma la jura
el Cid al rey castellano.
Las juras eran tan fuertes
que al buen rey ponen espanto,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
...........................................
Villanos te maten, Alonso,
villanos, que no hidalgos
............................................
Mátente por la aradas
que no en villa ni en poblado;
sáquente el corazón
por el siniestro costado,
si no dijeres verdad
de lo que te fue preguntado.
Si fuiste, si consentiste
en la muerte de tu hermano.
Jurado había el rey
que en tal nunca se ha hallado;
pero allí hablara el rey
malamente y enojado:
-Muy mal me conjuras, Cid,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas hoy me tomas la jura,
mañana me besarás la mano.
-Por besar mano de rey
no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre
me tengo por afrentado.
-Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero, probado,
y no vengas más a ellas
dende este día en un año.
-Pláceme, dijo el buen Cid,
pláceme, dijo, de grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno,
yo me destierro por cuatro.

Y lo que quiero recalcar al citar estas palabras anónimas que pasan de boca en boca desafiando el tiempo no es sólo la persistencia de unas normas de cultura, sino la identidad que encontramos en ellas. En el rumor y en la leyenda los pueblos ponen lo que quisieran ser, y lo que quisieran que hubiese sido. El cantar popular revela el alma popular. Hoy seguimos poniendo nuestra admiración en los que desafían, en nombre de todos, la arbitrariedad del poder cuando el poder se vuelve arbitrario.
Han pasado los siglos, pero perduran la lengua y los gestos nobles y los perfiles de los claros varones de ayer. Y ahora, en este siglo, veamos cómo reanudó un gran poeta de nuestro tiempo, Manuel Machado, el día de hoy con el de ayer.

CASTILLA

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules y en los ojos, lágrimas.
"Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa,
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas.
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!"
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita "¡En marcha!"
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Y sigue cabalgando y seguirá cabalgando por todos los caminos de la fantasía y la imaginación popular. En el héroe, aureolado por el polvo de la leyenda, depositamos valores permanentes. Donde menos se piensa salta la frase reveladora de un estado de ánimo.
El respeto al valor, la alta estima en que se tiene el honor, la defensa del débil, la sed de justicia, el desprecio a la traición, el castigo al traidor, la lealtad al rey si es justo, el pedestal en que se coloca a la mujer,... todo eso nos llega en la lengua, en la historia, en la leyenda, en la literatura. Y aunque no sepamos de dónde viene, llega a nosotros inevitablemente y nos forma imperceptiblemente.
Y como ejemplo de este aserto, ver algunos versos tomados al azar:

Crueles como cobardes,
como cobardes, traidores.

Y poner mano en mujeres
non es de caballería.

No ficieron como buenos,
como manda la hidalguía.

Que atrevidos con mujeres
nunca lo son con los hombres.

Porque el golpe del agravio
no hay miembro que no lastima.

Cualquier pueblo que pierde su lengua, que se deja desfigurar su cultura, que se deja tergiversar su historia, se convierte en masa amorfa, en juguete de ambiciones ajenas: pierde la resistencia. Y si nosotros hemos podido conservar identidad y voluntad de continuidad, si seguimos siendo un pueblo, es porque en nuestra raza, en nuestra lengua, había secretos y hondos reductos de firmeza. Sabíamos que pertenecemos a una cultura mayor, a una historia mayor, y que en ellas están los valores para alcanzar un destino más alto. Si no son héroes de la historia de Puerto Rico el Cid Campeador, con su leyenda increíble; el Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, paseando sus tercios españoles por todos los escenarios bélicos de Europa; don Juan de Austria, deteniendo a los moros en Lepanto y salvando a Europa para la cristiandad, entonces la historia de Puerto Rico cabe en un dedal.
Si no son hitos de nuestra literatura el Poema de Mio Cid, el Romancero, las Cantigas de Alfonso el Sabio, y los sonoros versos del Arcipreste, entonces nuestra literatura ocuparía una nota marginal en una historia de la literatura universal.
Si no son parte de nuestro acervo político el Fuero Juzgo, las Siete Partidas, los Fueros de las viejas ciudades españolas, el Fuero de León, que antecede a la Carta Magna y va más lejos, y ofrece mayores garantías a los vasallos que la carta inglesa, entonces nuestro derecho no tendría más fuente que la voluntad omnímoda de los caciques.
Si no fuese nuestra lengua la prolongación de la misma que cantó las glorias de aquellos héroes, y se doblegó en el verso al metro y a la rima para servirle de pauta al laúd, y formuló las normas que elevan a España a forjar el primer estado moderno en la Europa del Renacimiento, entonces nuestra lengua sería un islote deshabitado en el inmenso mar del lenguaje humano.
Nuestra cultura es fundamentalmente hispánica, y puesto que la historia nos hace la cultura, hay que buscar nuestras raíces en el suelo de la historia española. Cualquier otro andar es andarse por las ramas, pretender que dé fruto un árbol montado al aire.
Pero siempre hemos de andar con la angustia de que el futuro puede frustrarse. Ese es nuestro drama, y hay drama cuando no sabemos lo que va a ocurrir.
De la conciencia de esa conciencia histórica dan fe nuestros escritores y nuestros poetas. Como única prueba quiero ofrecerles una estrofa de "El patito feo" de Llorens Torres, que da la más apretada síntesis que conozco de ese saber que venimos de lejos.

Oro latino se asoma
a tu faz, y en tu faz brilla.
Lo fundió en siglos Castilla,
y antes que Castilla, Roma.
Lo hirvió el pueblo de Mahoma
en su fragua sarracena,
y antes que Roma, en Atenas
los Homero y los Esquilo
hilaron de ensueño el hilo
de la hebra azul de tus venas.

En tu historia y religión
tus claros timbres están
que fuiste el más altao afán
de Juan Ponce de León.
Mírate con corazón
en tu origen caballero,
en tu hablar latino-ibero,
en la fe de tus altares
y en la sangre audaz que en Lares
regó Manolo el Leñero.

No se puede decir con mayor economía lo que he tratado de decirles en las largas palabras que ya llevo dichas. Es cuestión de palabras, pero no es cuestión superflua.

Poder de Evocación

Poder de evocación

Cuando leemos literatura española van surgiendo nombres de pueblos, de lugares, de sitios, que tienen para el español extraordinario poder de evocación.
La Mancha, los Campos de Montiel, Fuentelespino, Lucena, Monreal, Ocaña, Argamasilla,... Vemos pasar por la meseta calcinante a don Alonso Quijano en su Rocinante. Y así seguimos viendo cómo salen de las páginas de los libros, la Mezquita, la Giralda, el Alcázar, la Alhambra, nombres y piedras cargadas de historia y de recuerdo.
Ese es el poder evocador que tienen para los que nos fuimos temprano del pueblo, los nombres de las calles, de los lugares, de las flores y los árboles, los rostros familiares de los que aún viven y de los muchos que murieron.
Cuando me encuentro con Gustavo Agrait, o en España, con mis hermanas que hace tantos años se fueron, vamos juntando los recuerdos y el pueblo se nos presenta como un cuadro iluminado. Nada más que mencionar la Plaza, y la historia se nos revela como un paisaje cuando se esfuma la niebla.
España fue el primer estado moderno y los inventores de la planificación. El Consejo de Indias y la Casa de Contratación diseñaron la Conquista y la Colonización. En 75 años, con 150,000 hombres se había conquistado un continente, desde Oregón al norte hasta la Patagonia en el extremo sur; las dos Floridas, Luisiana que abarcaba el territorio de las dos márgenes del Misisipi hasta Canadá, y las islas del Pacífico y las grandes y pequeñas Antillas del Caribe.
Y en todas partes los pueblos fueron trazados de acuerdo con el clima y la topografía. Y todos se parecen. La plaza, y a un extremo la iglesia, y al otro el Ayuntamiento: el poder eclesiástico y el poder real. Y en torno a la plaza, las casas principales en los solares que concedía la Corona a los primeros pobladores, Y estaba dispuesta en tal forma que podía cerrarse con carros y maderas para rechazar ataques de indios y piratas.
No hay muchas casas centenarias, porque las primeras se construían de madera o de mampostería, y con la prosperidad de la provincia, se construían cada vez más vistosas y sólidas. Ahí está en pie, fuerte como el primer día, la casa de mi abuelo, don Salvador Tió y Urgell, que fue alcalde de este pueblo. En ella nació mi padre, don Salvador Tió Malaret, que si viviese, tendría ahora ciento ocho años. En ella viví un tiempo todavía adolescente. Y por eso, cuando vuelvo desde lejos la vista al pasado, veo como en una película, las paredes anchas como de fortaleza, los balcones de hierro forjado, las ventanas de celosías movibles, el cielo raso alto para defender al dueño del calor aplastante del trópico. Y esa es una de las expresiones de la cultura: la casa, que debe ser construida en función del clima y de la gente que ha de vivirla. Con las casas de imitación, importadas de clima frío y diseñadas para gente de otras formas de vida social, empieza a cuartearse la cultura. Pero fue tan funcional la casa colonial, que a pesar de las influencias de afuera, el estilo se resiste a desaparecer. Y ya en la Capital, donde esas influencias nefastas han tenido mayor penetración, ya no se construyen condominios sin balcón. Y las casas de igual diseño, construidas en línea como los automóviles, en las urbanizaciones, al poco tiempo cobran otro aspecto. Los dueños se van encargando de incorporarles rasgos de la propia cultura: el balcón, la terraza, los balaustres, las rejas y los árboles y las flores de nuestro trópico exhuberante.
Para hacer una ciudad lo primero, dice Ortega, es hacer una plazuela. Es el centro de la comunidad, el corazón del pueblo. No hay nada para conocer a fondo, y para sentir con hondura el espíritu de la propia tierra, como la vida de un pueblo pequeño, donde la plaza ocupa el lugar del ágora griega, el lugar de la reunión, del diálogo que identifica al hombre con su cultura que es como decir su raíz. Nada crece en el aire, aprendí a ver el mundo desde el campanario de mi iglesia.
Allí se reúne la gente para hablar, para conocerse, para discutir sobre las cosas del pueblo y del país. Allí íbamos a la retreta, que sólo sonaba bien de noche, porque de día el sol le derretía la cera con la que se tapaban los agujeros. Allí veíamos a las señoras y a sus hijas cuando cruzaban para ir a la misa o a la novena. Allí nos veíamos en el cine, donde a veces venía también alguna obra de teatro. Allí había unos bancos donde los más viejos discutían negocio y política. Y otros bancos donde los más jóvenes discutían basketball y marcas de bebidas.
De allí salían las procesiones, del Corpus, del Encuentro; las rogativas cuando nos sorprendía algún desastre, y se rezaba cantando, con velas y cruces alzadas, para pedirle al gran Dios que lloviera o que dejase de temblar la tierra.
La plaza no era de nadie y era de todos. En ella se forjaban amistades y enemistades por asuntos de política o de amor. Pero era el corazón del pueblo; uno de los elementos que nos daba ese sentimiento de solidaridad sin el cual las gentes que viven cerca nunca llegan a sentirse cerca.
Una planificación que no supo empatar sus planes con las tradiciones de la propia cultura, ha roto en muchas de las nuevas urbanizaciones en todas partes, ese elemento fundamental de nuestra cultura: el sentido de participación.

For whom the bells toll
they toll for thee,

pone Hemingway en la entrada de su libro de ese título. Pues bien, esas campanas tocaban para todos, cuando repicaban con alegría o cuando doblaban a muerto. Tocaban para todos. Y esas campanas me siguen sonando en los oídos como el día que las oí por primera vez hace tanto tiempo que casi me avergüenzo de confesarlo.

Había en este pueblo tres plazas. Además de la plaza que he descrito, la plazuela, la explanada frente a Porta Coeli, más frecuentada por los viejos artesanos. Y la Placita, en el alto de San Sebastián que era la plaza de la ruralía. Allí venían campesinos y jíbaros a vender sus animales los domingos por la mañana, a vender artesanías, a hacer sus permutas -una yegua y una lechona por un caballo- y a conocer gente de otros barrios para regresar con algún cuento de alguna nueva experiencia.
Pero un rasgo claro podía haber observado cualquier extraño. No había diferencias tajantes entre las gentes que allí acudían. San Germán era una comunidad.
Por primera vez en aquella Placita oí hablar de un gallo inglés, un gallo jerezano, un gallo lorigao, un gallo manilo. Y por primera vez noté que una jaca no era una yegua. Y vi la diferencia entre un rucio, un chongo y un caballo. Y la diferencia entre un caballo zaíno, un pinto, un bayo, un boquiduro o un estrellero.

IX

Mi viejo San Germán, mi pueblo hermano,
mis calles bordeadas de balcones,
mis campanas del Sábado de Gloria
derramando alegría a borbotones.
Tú subes a las nubes por la Cuesta del Viento.
Y bajas hasta el río por la calle del Río.
Y en las dulces mañanas de neblina y de frío
rezas con la campana de plata del convento.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Ah! mi pueblo callado y pensativo
reclinado en las lomas del recuerdo
desafiando el tiempo y el olvido.

Notas sobre la lengua

Notas sobre la lengua

1. Lengua y cambio incesante

Por la palabra se saca al hombre como por el hilo se saca el ovillo. No hemos de esperar que un muellero hable como un cura o un atleta como un médico. El tipo de actividad a la que nos dedicamos determina en gran parte nuestro modo de hablar, que cada profesión tiene lenguaje propio, que a veces resulta hermético o incomprensible para los no iniciados.
Pero como la vida social es comunicación incesante de unos con otros, el habla de cada cual se va nutriendo imperceptiblemente del habla de todos los demás. Por eso es tan extenso el léxico de una lengua importante. Y por la razón de su extensión tan vasta nadie conoce todas las palabras de un idioma. Los escritores más conocidos apenas utilizan cinco o seis mil palabras de los centenares de miles que componen una lengua de cultura. Y hemos leído que el vocabulario de un campesino inglés no pasa de quinientas palabras. Con ellas se basta para comunicar cuanto requiere su actividad diaria. Cercado por lo cotidiano no necesita más.
En nuestro tiempo, sin embargo, son tan vastos los medios de comunicación que el vocabulario se nos enriquece a todos por la penetración de la radio, de la televisión, del periódico, de la novela, del lenguaje político que, por lo menos en una democracia, tiene que explicar a un pueblo entero conceptos sobre economía, educación, derecho, medicina, y tantas otras cosas sobre las que gira la vida de una sociedad moderna.
El progreso de la ciencia y la técnica ha sido fabuloso en el último siglo, tan fabuloso, que alguien asegura que están vivos los responsables del 70 por ciento de los inventos conocidos.
Miles de palabras ignoradas por nuestros abuelos se han incorporado al habla común. Para citar solamente algunas: bombilla, aire acondicionado, penicilina, neurosis, dínamo, generador, inflación, automóvil, teléfono, televisión, apendicitis, trombosis.
Vocablos nuevos para nuevas cosas, o nuevas acepciones de viejas palabras: la lengua está en continua ebullición. Por eso el Diccionario no puede contener nunca la enorme riqueza del vocabulario de un pueblo, y menos cuando se trata de centenares de millones de almas ubicadas en un territorio tan enorme como es el caso de nuestro mundo hispanohablante.
La lengua crece de muchas maneras

1.Por la necesidad de nombrar las nuevas cosas que descubre.
2.Por la necesidad de nombrar las cosas que inventa.
3.Por la nueva acepción que cobran las viejas palabras.
4.Por el juego incesante de las ideas que lleva a crear palabras incesantemente.
5.Por influencia de otras lenguas.

La lengua crece como el niño y acaba desfigurándose, como el hombre. Sabemos lo que puede durar la vida del hombre. No sabemos lo que puede durar la vida de una lengua. Pero así como el ser humano se aferra a su vida y siente angustia comprensible ante la muerte inevitable, los idiomas pasan por idénticos estremecimientos espirituales. No hablo por hablar: cada idioma tiene su propio espíritu, su peculiar y propia (y a veces impropia) manera de ser y de hacer.

2. La difusión de la lengua española

Las mil, o mil quinientas lenguas de América se unifican. Y la lengua común es uno de los factores principales de la Pax Hispanica. Si la colonización hubiese sido tan brutal como la pinta la Leyenda Negra, la guerra habría durado tres siglos con el exterminio de los indios como en Estados Unidos. Sin embargo, el Barón de Humboldt afirma que los indios son mucho más numerosos en 1803 que cuando llegaron los españoles.
La esclavitud de los incas en el Perú, que hoy nos la pintan como un sistema comunista, fue en realidad una sociedad esclavizada por el Inca y su casta gobernante. Era tan enorme la diferencia entre la cultura que llegaba y la que existía, que luego de las luchas iniciales la pacificación fue completa.
La mezcla de razas empezó de inmediato. Y en la primera generación ya Perú ha producido un clásico de las letras hispánicas, el Inca Garcilaso de la Vega.
En México se terminaron los sacrificios humanos y el canibalismo. Hernán Cortés, con 1,300 hombres, jamás habría conquistado un imperio sin el apoyo de las tribus oprimidas (los toltecas, los tlascaltecas) que vieron en Cortés al libertador.
Las tribus pagaban un tributo del 10% a Moctezuma. Cortés traslada la misma contribución a su gobierno. Y a los caciques amigos los convierte en alcaldes, y les da la vara del mando en nombre del Rey.
Y en todas partes se levantan iglesias y escuelas. Y los predicadores aprenden las lenguas indígenas para propagar la fe. Al iniciarse la guerra de la independencia hay 10,000 iglesias en México y 70,000 en toda Hispanoamérica. Y aunque en la adopción del ritual se haya producido un sincretismo religioso de dudosa autenticidad, la ética cristiana se difundió por todo el continente,
Y son precisamente la lengua y la moral cristiana, los elementos que prestaron a nuestro continente su extraordinaria homogeneidad.

3. Lengua y nación

En el principio fue el gesto. Apenas empezamos a leer Cien años de soledad damos en este párrafo que anuncia a un gran escritor:

El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y
para poder mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Y así, señalando con el dedo y acompañando la señal con un golpe de voz el hombre aprende a nombrar el mundo que lo rodea. Sabemos que la palabra empieza siendo casi pura onomatopeya. Y tan pronto el hombre se agrupa con otros hombres es, además, convención. Y por la palabra el hombre se va adueñando de su mundo, expresándolo, entendiéndolo y comunicándolo. La lengua fue desde su remoto comienzo el vínculo fundamental entre los hombres. Nombrar las cosas de la misma manera es una de las razones fundamentales que promueven en el grupo humano la solidaridad, y lo convierten en sociedad y de sociedad en nación.
Pero el hombre tarda miles de años en poder fijar su pensamiento. Tan importante como el fuego y la rueda que sacan al hombre de la caverna a la luz, es la palabra escrita. Y de Caldea y Asiria nos llegan las primeras tabletas de barro con caracteres e inscripciones inteligibles. Egipto suma a ese progreso el descubrimiento del uso del papiro que facilita la inscripción, y que pasa de ahí a Grecia y Roma. En la Edad Media se difunde la utilización del pergamino, trabajado de la piel del chivo, que facilita la preservación de los textos sagrados, pero es a los chinos a los que debemos la invención del papel, posiblemente en el siglo II de nuestra era. De los chinos lo aprenden a fabricar los árabes en el siglo VIII y ya en el siglo XII hay fábricas de papel en Andalucía. De ahí España lo pasa a Cataluña, a Francia y a Italia. La cultura, como puede verse, es una carrera de antorchas, hasta que a alguno se le cae la antorcha.
Pero no sólo se escribe en estos materiales. Los griegos, y sobre todo los romanos, aprendieron a escribir en la piedra y el mármol. Por eso los romanos ponían tanto cuidado en las palabras. Cuando tenían que tragarse las palabras se tenían que tragar una lápida completa. No nos vendría mal escribir las promesas políticas en lápidas de cementerio.
Es, pues, desde que el hombre aprende a fijar sus palabras que empiezan a surgir las bibliotecas. Y siglo por siglo el saber acumulado por la experiencia se va atesorando en subterráneos y en bóvedas. Ya no se depende solamente de la memoria de los ancianos para reconstruir el tiempo que pasó.
Fundamento básico de cualquier cultura es su lengua. Quien no sabe nombrar no puede escribir. Y aunque para el trajín cotidiano del hombre bastan unos centenares de palabras, una lengua apta para los altos menesteres de la ciencia y del arte tiene que enriquecerse día por día. Y la biblioteca es la fuente donde abrevar la sed de saber.
No sólo se muere un pueblo por la decadencia de su lengua; se muere por la desfiguración o el olvido de su historia. ¿Por qué y para qué vivieron nuestros antecesores? Si nada de lo que hicieron o crearon nos importa, ¿para qué hacer hoy lo que será dado al olvido o al desprecio mañana?

4. Los refranes y la cultura

Infinidad de refranes son comunes a muchos pueblos porque tienen un origen común. Generalmente surgen del trasfondo religioso, y puesto que los pueblos de Occidente tienen un fondo cristiano en el refrán, encontraremos que se han recogido en una cápsula lingüística individualizada preceptos morales extraídos en alguna forma de la Biblia. Otras veces el origen del refrán se encuentra en la gran literatura de otros siglos y a cada rato tropezamos en las páginas de los grandes literatos y filósofos con ideas y conceptos que estamos oyendo a cada rato en el refrán. Por ejemplo:

1."Nadie es profeta en su tierra."
(Cierto que ningún profeta está sin honor o estimación sino en su patria,
en su casa y en su parentela.)
(San Juan, Evangelio, Cap. 4, v. 44)

2."Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde."
(El bien no es conocido hasta que es perdido)
(Cervantes, Don Quijote, p. 2, Cap. LIV)

"Los necios no aprecian el bien que tienen hasta que lo pierden."
(Sófocles, Ayax)

3."No se pueden poner todos los huevos en una canasta."
(El éxito consiste en poner todos los huevos en una canasta y cuidar la
canasta.)
(Andrew Carnegie, The Empire of Business)

4."El que a hierro mata a hierro muere."
"Vuelve tu espada en la vaina, porque todo el que se sirve de la espada, a
espada morirá."
(San Mateo, Evangelio, Cap. 26, v. 52)

5."Ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio."
"Con la misma vara que midas serás medido."
(San Lucas, Evangelio, Cap. 6, v. 38)

6.Justicia: "Constans et perpetua voluntas jus suum cuique tribuere."
(Derecho Romano)

"La justicia consiste en no quitar a nadie lo suyo."
(Hobbes)

"La tragedia humana está en el divorcio de la justicia y el poderío."
(Vasconcelos)

7."Allá van leyes do quieren Reyes."
(Cervantes)

"Es bueno que las leyes sean tales que dejen pocas posibilidades a la
decisión de los que juzgan."
(Aristóteles, Las Leyes)

5. Expresión y comunicación

Vivir es esencialmente comunicarnos. Múltiples son las formas de comunicación de que nos valemos para ello: nos comunicamos por señas, con dibujos o ilustraciones, ya sean éstas fijas o móviles -el cinematógrafo-, con gestos y exclamaciones, con símbolos como la bandera y la cruz, o con la mirada y los suspiros como los enamorados. Pero el principal vehículo de la comunicación es el idioma, ya sea hablado o escrito. Pero para que el idioma sea un buen instrumento de comunicación es necesario conocerlo, familiarizarnos con él, respetarlo, y tenerle cariño, amarlo. A lo que no se le tiene cariño y afecto no se lo trata bien; se lo subestima, se lo menosprecia y maltrata. En Puerto Rico es corriente el mal uso o abuso y maltrato de nuestro idioma; por eso, en gran parte, no nos entendemos bien: en lugar de discutir, disputamos.
Cada idioma tiene su alma peculiar, su sentido único tan definido como indefinible para los que saben vivir desde su idioma. Con el idioma comunicamos algo más que ideas o pensamientos: comunicamos emociones, sentires y sentimientos. Las palabras tienen vida propia. Algunas, como la masa del pueblo, se amontonan, se apretujan, van y vienen sin saber para qué ni hacia dónde existen. Pero entre ellas están las palabras excepcionales, las palabras intensas, las palabras amorosas o apasionadas o sensuales; las palabras que obligan a pensar o nos ponen a sentir sin que podamos adivinar la causa.
Los idiomas son distintos, y no principalmente porque sus palabras sean diferentes, sino porque son distintas sus esencias, su ritmo, su construcción, que responden a las más íntimas formas del espíritu de un pueblo.
Dijimos que una lengua es un medio de expresión y de comunicación. Por expresarse entendemos manifestarse la persona humana; por comunicarse entendemos intercambiarse pensamientos, trasmitir órdenes e instrucciones que se entiendan, explicarse con claridad, argumentar con fuerza y coherencia, etc. Expresión es realización, logro de caracterización; es poder exteriorizar el sentido propio, la propia concepción que se tiene de lo bello, de lo bueno, de lo noble, de lo sagrado, y la calidad de la emoción y de la sensibilidad. Hablar, por lo tanto, ya sea con otros o con uno mismo, es pensar, sentir, justipreciar, querer, crear, transformar. Y mientras más se ama y se domina la lengua propia, mejor se piensa, se siente, se justiprecia, se quiere, se crea y se transforma.

6. En el principio

Se dice: en el principio fue el Verbo. Y se viene interpretando con error desde que se le dio crédito irrevocable al Libro, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Pero la verdad es que no fue el verbo.
En el principio fue el gesto. Y después el grito. El asombro, la defensa, el pavor son sus raíces. Pero cuando el hombre descubre que tiene voz, como tiene inteligencia, trata de modularla. Y el hombre empieza a ser hombre, se escapa del cuerpo del animal cuando, en un momento incógnito de la historia, pronuncia la primera palabra. Pero sólo entra en la historia cuando descubre que el sonido puede representarse; cuando aprende a escribir. Sólo entonces sale de la leyenda y se incorpora a la historia.
El hombre entra en la historia por su propio pie; la forja con su propia mano, pero sólo se empieza a adueñar de su mundo cuando aprende a nombrarlo. En el principio, sin embargo, fue el gesto.

1.Mover la cabeza afirmativamente
2.Mover la cabeza negativamenteNo
3.Arquear las cejasPreguntar
4.Extender el índice Señalar la dirección
5.Cerrar el puño Amenazar
6.El pulgar hacia el lado Voy hacia allá
7.El pulgar hacia abajo Mátalo
8.Mano abierta con la palma hacia arriba Petición
9.Dos manos en ademán de inquirir Preguntar
10.Movimientos de tocar el pianoFraude
11.Una mano bajo la manga Por la izquierda
12.Indice señalando la sien con movimiento circularLoco
13.Indice señalando el ojo Yo lo vi
14.Chocar los dedos de las dos manos Conflicto
15.Guiño Coquetería
16.Guiño Advertencia de que algo anda mal
17.Cejas arqueadas Asombro
18.Boca abierta Asombro
19.Las manos en la cabezaAngustia
20.Movimiento con la nariz ¿Qué pasa?
21.Dedo del corazón contra la base del pulgar como castañuelaLlamada
22.Movimiento del índice hacia sí¡Ven acá!
23.Movimiento negativo del índice¡No!
24.Movimiento de hombros¡A mí qué!
25.Movimiento de la mano hacia afueraVete
26.Sacar la lenguaBurla
27.Indice pasado por el cuello¡Te mataré!
28.Patada en el pisoEnfado
29.Movimiento de la mano como para pegarAmenaza
30.Taparse la narizPeste
31.Golpe de los nudillos en la cabeza Torpe
32.Golpe en el codo Mezquino, avaro
33.Mano extendida con la palma hacia el frenteDetente
34.Todo el brazo en ademán de atrás hacia adelante¡En marcha!
35.Rozar una palma sobre la otra¡Se embriscó!
36.Golpe en el pechoAfirmación
37.Golpe de pecho¡Mea culpa!
38.Atusarse el bigoteDarse importancia
39.Mesarse la barbaPreocupación
40.Juntar las manosImplorar, orar
41.Echar la cabeza hacia atrásAltanería
42.Bajar la cabezaHumillación
43.El dedo a los labiosSilencio
44.Mano a la orejaNo oigo
45.Entrelazar los dedos de las dos manos Arreglo, entendido

7. Contrastes entre lenguas

Decía María Kodama, la joven viuda de Jorge Luis Borges, recientemente fallecido, que la relación sentimental con el gran escritor empezó cuando ambos estudiaban juntos el inglés antiguo. Y aclaró que "Borges decía que le gustaba mucho el inglés porque se podían decir muchas cosas con pocas palabras".
Las lenguas monosilábicas, como el inglés, tienen una característica que es común a las lenguas que por no haber desarrollado en larga evolución un sistema de declinaciones que provee distintas formas para los distintos casos, una gramática que fija y sistematiza normas consagradas por el uso para el empleo de los recursos lingüísticos, recurre al pareamiento de palabras de una o dos sílabas para construir una palabra nueva. Es procedimiento fácil y fructífero en inglés. Difícil y poco frecuente en español.
Ya nos lo decía hace muchos años, con su fino espíritu crítico, don Epifanio Fernández Vanga: "Para la poesía, ninguna lengua como el inglés. Un endecasílabo puede admitir en inglés cinco o seis conceptos que jamás podrían recogerse en un endecasílabo español". Y nos lo decía doliéndose de una de las limitaciones de nuestra gran lengua. La riqueza del español tiene otro carácter. Con los prefijos, y especialmente con los sufijos, puede salir de una raíz una frondosa multiplicación de significados. Una sola palabra puede darnos la clave. Por la palabra mar podemos navegar largamente sin peligro de naufragio: mar, marino, marinero, marinería, marea, marejada, marullo, marear, marearse, mareo, maremoto, maremágnum, marina, marítimo, marisma, marisco, marisquería...
También presta gran movilidad a nuestra lengua lo que se puede hacer con los aumentativos y diminutivos y otras terminaciones que nos ayudan a formar palabras todos los días. Vean lo que puede hacerse con la palabra mano: mano, manita, manaza, manotazo, manotón, manivela, manigueta, manifiesto, manoteo, manosear, manojo, manual, manómetro, manopla, manera, manejo, manejable.
Y luego es abundantísimo lo que podemos hacer componiendo frases que dan a la palabra 'mano' significados múltiples, como: a mano, por trasmano, mano a mano, de mano en mano, a la mano, manos afuera, de la mano, sin mano, mano de obra, cargar la mano, alargar la mano, soltar la mano... y luego, qué variedad de significados cuando decimos: manilargo, manirroto, manisuelto.

8. El lenguaje del humor

¿Qué es el humorismo, que hoy por influjo inglés llamamos 'humor'? Humor es cualquier gesto, palabra o escrito que produce risa. Y si produce risa es porque es portador de una carga de comicidad. Y esa comicidad surge cuando la mentira tropieza con la verdad y se cae 'por su propio peso'. Por lo tanto, mientras mayor el peso, mayor será el traspiés, mayor la caída.
A veces, para que surja la risa, ni siquiera es necesaria la caída: el traspiés basta. Y el traspiés, al hablar de humor, se puede producir en la vacilación de la conducta, en el titubeo expresivo, en el quedarse mudo cuando hay que hablar; en el hablar más de la cuenta cuando sale a cuenta callar. También en la indumentaria impropia, lo mismo en el trabajo que en la fiesta, en la contradicción entre lo que se dice y lo que se hace o lo que se está dispuesto a hacer.
Hay palabras que tienen vis cómica. Si decimos que un hombre es gordo no estamos diciendo gran cosa. Pero si decimos 'gordinflón' o 'regordete', ya la palabra nos hace sonreír. Lo mismo diríamos de la palabra mujer. Es la designación de un ser humano normal. Pero si decimos 'mujerzuela', 'mujeraza' o 'mujeruca', ya estamos haciendo tres caricaturas. Estas palabras las crea el sufijo, que sirve para enriquecer extraordinariamente la capacidad expresiva en nuestra lengua. Pero hay otras palabras que no necesitan del sufijo o de ninguno de los accidentes de dicción, de las distintas formas de metaplasmo. Por ejemplo, "fiñi-fiñi", como llaman en Santo Domingo al tiquismiquis. O 'fililí', palabra que gustaba mucho de usar como adjetivo Juan Ramón para referirse a la literatura ñoña o superficial que hace más floritura que literatura. Otra es la palabra"ñeñeñé", de buen cuño negroide puertorriqueño. Palabras como éstas hay muchas en el lenguaje.
Similar efecto cómico tiene a veces el uso de esdrújulos consecutivamente en una oración. Son efectos dramáticos, pinceladas. Pero son efectos que tienen que usarse oportunamente. En la literatura, como en la vida, no hay nada peor que ser inoportuno.
Hay humor de situación que necesita muy poco de la palabra en contraste con el humor de exageración o de disminución, que agranda lo pequeño para que se vea lo pequeño que es y se empequeñece lo grande para que no se crea tan grande. A los que se le van los humos a la cabeza lo primero que se nos ocurre es bajarles los humos.
La risa la provoca el asombro o la sorpresa. Desnudar la verdad es una de las grandes funciones del humor; y ser mayor placer. La caricatura, por ejemplo, descubre una psicología, un carácter, mediante un rasgo bien elegido. Consideremos un ejemplo:
"Los mejicanos descienden de los aztecas. Los peruanos, de los incas. Los argentinos descienden de los barcos. Y los puertorriqueños, ¿de quién descendemos? Nosotros no descendemos, ascendemos. ¿Adónde? ¡Adonde sea!"
Nosotros somos un pueblo creador. Somos lo inventores de la pelea monga. O, mejor dicho, los imitadores. La lección nos llega de los americanos que dicen: "If you can't beat them, join them". Y eso es lo que ha pasado aquí. Se rompió el gran imperio y nosotros, a la deriva, lo único que podíamos hacer era o la pelea o la amistad. Y nos dimos la mano pero guardando la distancia -y de cuando en cuando enseñando los dientes, que eso es el humor, la manera civilizada de anunciar que uno está dispuesto a morder.
La lengua ofrece muchos recursos diversos al humorista. Enseguida propongo una lista de ejemplos:

1. EL REFRÁN: "Un hombre que madrugó, un talego se encontró".

"Más debió madrugar el que lo perdió"
2. EL MODISMO: "Tiene más golpes que una puerta de golpe".
"Le dieron como a pillo e película".
"Un negro color teléfono"
"Esto está color de hormiga".
3. LOS GIROS QUE PRESTA LA LENGUA:
(a) La figura de dicción.
(b) Las figuras retóricas: símil, metáfora, sinécdoque, perífrasis,
redundancia, pleonasmo, metonimia, homonimia.
(c) Los afijos y, sobre todo, los sufijos: BIGOTE, BIGOTITO, BIGOTILLO,
BIGOTAZO, BIGOTÍN, BIGOTE DE FOCA, DE BROCHA, DE GATO.
(d) El juego de palabras. La lengua española ha hecho derroche de estos
juegos, no sólo en la gran literatura sino en la tertulia de amigos, en el
banco de la plaza, en el friquitín.
(e) Las palabras compuestas: COMIVETE, PISICORRE, PIQUIJUYE, LAMEOJO,
TIRIJALA, SALPAFUERA, GÜELENAGUAS, SIETEPELOS, ROMPEIRASGA,
ASCABUCHEO.
(f) Las palabras caricaturescas: REGORDETE, ÑEÑEÑÉ, ÑÉNGUERE,
BOJOTE, BARRIGUITA, BARRIGÓN, OMBLIGO, MALANGO, CABEZÓN, MOFOLONGO,
FOFO.
(g) Las palabras onomatopéyicas: GLUGLÚ, PACATÁS, BIMBÁN, ACÁN,
GUIRIGAY.
(h) Las palabras que son fonéticamente desagradables: HIPOPÓTAMO,
ALCACHOFA, CACATÚA, JURUTUNGO.
(i) Las palabras que son fonéticamente agradables: ALHELÍ, BILÍ, COQUÍ,
MORIVIVÍ, SIEMPREVIVA.
(j) Los diminutivos, cuando se usan como antífrasis: "chiquitín" (a un
gigantón). Un "paseíto" (una ejecución).
(k) Los adjetivos usados en sentido inverso: "de color" (a un jincho).
(l) Los sufijos aumentativos y diminutivos: HEMBROTA, PICARÓN,
MACHOTE, PALABROTA.

Hay muchas clases de humor. El humor puede ser tan fino que apenas lleva a esbozar una expresión de agrado. Y, según su tono, o los materiales que emplee, va llevando a la sonrisa, a la risa, a la carcajada y puede ser a veces tan duro o repugnante que lleve hasta la mueca.
En el primer peldaño, en su punto más bajo está el retruécano, lo que en inglés llaman pun, el mero juego de palabras que juega más con el sonido, con la fonética, que con el sentido que puedan tener las palabras que se ponen en juego.
Un ejemplo burdo de retruécano se da en esos chistes de camino, que una vez que alguno tiene éxito se multiplican de corrillo en corrillo hasta que se inutilizan de tanto repetirse, y de tanto estirar el absurdo hasta que se les rompe la gracia. Ejemplos de este tipo inferior pueden hallarse por miles. Pero hay varias acepciones. Retruécano es la figura retórica que consiste en poner al final las palabras del principio con un sentido irónico o bufo o picaresco:
"No están todos los que son ni son todos los que están".

Pero retruécano es también el mero juego que utiliza palabras de pronunciación similar con diferente significado. En la variedad de sus formas y matices, como en otros rasgos, el humor se parece a la poesía. Esta variedad se expresa en el gran número de palabras que asociamos con el humor: gracia, chiste, broma, bochinche, equívoco, calambur, juego de palabras, ironía, sarcasmo, burla, retruécano. Como puede verse en esta breve lista el sinónimo no existe.

9. Lengua y cantar

Una gran lengua tiene que producir necesariamente gran variedad de canciones y cantares. Hay lenguas más musicales que otras. El italiano es una lengua dulce y musical. El inglés, por su carácter monosilábico, por sus palabras breves, es ideal para el verso lírico. El español es una lengua pausada, grave y recia, pero sus desinencias, sus prefijos y sufijos permiten jugar con una raíz como pocas lenguas.
La sencillez de su fonética, la claridad de sus vocales, lleva a los hombres que hablamos español a jugar con la lengua como pocos.
De esos juegos de palabras y con las palabras está llena la literatura del Siglo de Oro. La paremiología española, la compilación del refranero, es la más rica de Europa. Los modismos son incontables. Y el fenómeno podemos verlo en la riqueza literaria no sólo del Romancero, sino en los grandes autores como Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Baltasar Gracián y ese gran genio de la poesía, la sátira y el humor que fue don Francisco de Quevedo y Villegas.
Esa gran riqueza lingüística se desparramó por toda América con los conquistadores y los colonizadores. Y he visto cantigas y canciones recogidas en Colorado; coplas y décimas en Venezuela, que nos recitó en Madrid Rómulo Gallegos; y en los versos del Martín Fierro, el poema nacional argentino, que se repiten de igual manera en los valles y los montes de Puerto Rico. Es parte de nuestra inquebrantable unidad cultural. Somos una isla geográfica, pero no somos un islote cultural ni una isla perdida; formamos parte de una cultura y una lengua mayor. Geográficamente somos una isla; culturalmente somos un continente. Y en nuestras canciones, que surgen como un manantial del alma de nuestra gente, podemos oír y sentir la palpitación de un mundo enorme al cual estamos indisolublemente vinculados.