DESTREZAS DE PENSAMIENTO CRITICO
 
 
Nancy Rosado Camacho


    Dicen muchos filólogos que aquella persona que se expresa bien, tiene una eficiente conexión entre pensamiento y palabra, es decir, hablan bien porque piensan bien. Pero no necesariamente tiene que ser así en todos los casos. Muchas personas piensan muy bien pero no tienen facilidad para expresarse. Esto es por timidez, por inseguridad o porque no han encontrado la manera más adecuada para transmitir lo que están pensando. Sea por una u otras razones, para pensar bien se necesita someter la estructura mental a una rigurosa disciplina de entrenamiento. A prima facie, los estudiantes forman parte de esta población estratificada que requiere un entrenamiento especial. El mismo dirigirá los esfuerzos a depurar la estructura mental de modo que esté preparada para recibir los principios más elementales de los conceptos lógicos en el pensamiento. El problema en cuestión aparece cuando los alumnos exploran el discurso escrito. Al no estar capacitados lógicamente para escribir, se ven impedidos para desarrollar coherentemente sus ideas sobre lo que se les está solicitando que escriban. En este trabajo investigativo, me propongo identificar lo que a mi juicio son los principales aspectos que se tornan problemáticos y que afectan adversamente la producción textual efectiva de muchos estudiantes universitarios. Debo aclarar que hago referencia al libro del profesor Irving Copi, por una razón muy especial. El mencionado libro ha sido el texto utilizado en mis cursos de Lógica.

    En un artículo que escribiera hace algunos años, analizaba los temas considerados por el Profesor Irving Copi acerca de los conceptos básicos de la Lógica. Dicho estudio obedecía a los resultados delos exámenes que fungían como criterios de evaluación a mis estudiantes de los cursos: Introducción a la Lógica y Razonamiento Lógico y Crítico.

    El primer día de clases les solicitaba que cumplimentaran una prueba con carácter diagnóstico en la cual intentaba medir la capacidad inmediata de¡ estudiante para desarrollar un tema, tomando en consideración su desconocimiento sobre los principios básicos de la Lógica. El producto de este ejercicio dejaba mucho que pensar al intelecto. Desde errores elementales en la escritura hasta graves problemas en la estructura lógica de la canalización de sus pensamientos a través del discurso escrito. Por esta razón durante cuatro años me dediqué a estudiar de manera disciplinada, casi sagrada, el modo en que mis estudiantes universitarios pretendían desarrollar las ideas que tenían respecto del tema en cuestión que les ofrecía para su articulación mental y escrita. Resultaba sumamente interesante leer aquellos trabajos, para luego someterlos a un intenso análisis lógico-estructural.

    Una mirada retrospectiva hace sumir al entendimiento humano en la filosofía socrática, cuando pensamos en la famosa «Mayéutica». Considerándola como un método de interrogación intenso o por aquello de rendirle honores a la profesión de la madre de Sócrates, es muy importante la enseñanza que nos brinda el arte de la comadrona o el arte de «parir» ideas.

    Y como dijera el ilustre filósofo, de la misma manera en que una mujer puede dar a luz a una criatura, de esa misma manera el hombre puede dar a luz ideas. En términos de hermenéutica filosófica, lo que nos quiso decir Sócrates fue simplemente que, mediante el uso del Método de la Mayéutica, el hombre puede alcanzar un cierto nivel de pureza en su pensamiento. Los tres niveles que incluye el método mayéutico invitan a detenerse en cada uno de ellos en vías de lograr un mejor entendimiento sobre la propuesta socrática. El primero de ellos: la «ironía», consiste en la descripción de las conversaciones entre Sócrates y sus jóvenes discípulos. ¿Cómo era esa conversación? El Maestro preguntaba y sus alumnos le contestaban. Estas respuestas se hacían de manera poco prudente, es decir, lo primero que se les ocurriera a los jóvenes era lo que respondían. Este primer plano es a lo que llamo «pensamiento». Son las ideas concebidas por nuestra estructura mental. Por supuesto, en este plano, dicha estructura no ha recibido necesariamente, señales reflexivas. El segundo nivel, propiamente conocido como «mayéutica», es en donde realmente se da la parte reflexiva. Es aquel nivel en el cual los estudiantes comienzan a profundizar sobre el tema en cuestión y por ende, las contestaciones deben ser más coherentes. En el tercer plano, «alétheia» o desvelamiento de la verdad o quitar el velo para que salga a la luz la verdad sobre las cosas, ya el estudiante está preparado para asumir actitudes completamente maduras sobre lo que se le ha preguntado.

    Haciendo una sinopsis sobre estos tres niveles en el pensamiento del hombre, según la concepción que nos legara Platón de su maestro, podemos notar varios puntos. En primer lugar destacaremos que uno de los propósitos del método mayéutico es demostrar que una persona ensimismada o que muestra cierta inmadurez en su manera de decir las cosas, está capacitada para superar este nivel retrógrado de entendimiento. En segundo lugar, razonar, dar a luz una idea, reflexionar, es como el proceso de parto en una mujer, es decir, un proceso por lo general, doloroso, el cual requiere mucho esfuerzo pero el cual permite que el producto final sea algo hermoso: un hijo o la pureza del pensamiento mismo. Cuando en el salón de clases hacía esta analogía del famoso parto y de sacar a relucir la verdad oculta, los estudiantes sonreían y decían que el proceso de parto en una mujer podía darse de dos maneras: parto con dolor y parto sin dolor. El primero requería gran esfuerzo de su parte pero el segundo, no tanto. No hubo mucha discusión al respecto, sin embargo, nunca le dije a mis estudiantes que en el caso de la mayoría de ellos, el parto se daba con muchísimo dolor.

    Aprovechando la coyuntura de la concepción mayéutica--socrática, tal vez vendría bien mencionar la Teoría de la Reminiscencia platónica, para efectos de analogía. Decía Platón que antes del nacimiento del hombre en la Tierra, nuestras almas vivían en el «Topos Uranós», el Lugar Celeste. Allí se encontraban admirando sólo la verdad sobre las cosas. En el momento en que el cuerpo estuviera por nacer, la presencia de esta alma sería requerida. Por lo tanto tiene que dejar su Mundo para habitar el nuestro. A medida que pasa el tiempo y el cuerpo va desarrollándose, esta alma olvida su procedencia. Lo que quiere decir Platón con esta Teoría es que el hombre tiene la capacidad de alcanzar y conocerla verdad sobre las cosas puesto que su alma una vez vivió entre ella. El proceso también es uno doloroso. No se da arbitrariamente sino metódicamente. Tiene que ir paulatinamente como si caminara dentro deuna procesión, paso apaso, con calma, sin desesperarse y preparándose para recibir el puro pensar, la verdad.

    Es interesantísimo ver los rostros de mis estudiantes en esta lección filosófica. Tal parece como si lo vieran lejos de ellos. ¡Si supieran que lo que hace viable este proceso es el deseo por aprender los pasos a seguir para llegar al verdadero raciocinio! Es un asunto de voluntariedad. Si ellos quieren aprender y vivir la Lógica, pueden hacerlo pero tienen que dedicarse a su estudio y aplicación. El denominador común entre estas concepciones filosóficas es el valor que le otorgan al ente humano. Le ofrecen atributos importantes tales como el espacio y la aptitud del hombre a abrirse ante el mundo intelectual, lógico.

    Haciendo referencia al artículo que escribiera, el mismo representa un resumen de los puntos más importantes que el profesor Copi menciona en el capítulo primero de su libro Introducción a la Lógica (Eudeba, Buenos Aires, 1962, pp. 3-48). Dicho escrito se trae a la luz con el propósito de realizar el análisis del problema lógico -estructural que exhiben los estudiantes a la hora de redactar un tema. Comienzo diciendo que mis estudiantes del curso de Lógica consideran que pensar y razonar es lo mismo. Este es el caso de la mayoría de ellos cuando les requiero el primer día de clases la definición que ellos ofrecerían sobre estos términos. No saben distinguir entre una oración y una proposición. Si unimos estos elementos, inferiremos que no pueden construir razonamientos, ni por ende, razonar. Además si partimos de la consideración de que para hablar bien, hay que pensar bien, mis estudiantes tampoco saben hablar. Puedo mencionar y analizar varios factores que les ayudarán a los alumnos a ordenar su estructura mental en vías de aprender a formar razonamientos. Por ejemplo, pensar no es razonar. ¿En donde estriba la diferencia? Podemos pensar en un ser querido que se encuentra lejos de nosotros. También podemos pensar en alguna fantasía juguetona que se asome a nuestra mente, o simplemente pensar que los extraterrestres han venido a buscar a todos los políticos mediocres del mundo. De hecho, las personas, especialmente los ióvenes, se bastan solos para echar a volar esa estructura mental que también alberga a la imaginación. Ahora bien, cuando se presenta un problema en nuestras vidas, éste requiere un tipo de pensar diferente- el pensamiento unido a la reflexión, es decir, el razonamiento. En segundo lugar debemos aprender a razonar. El estudiante debe familiarizarse con una serie de términos indispensables que lo van a guiar hasta alcanzar este tipo de pensamiento refinado. Estos son: la premisa, la inferencia, la proposición, la oración, los indicadores de premisa y los indicadores de conclusión. Si nos damos a la tarea de definir la terminología necesaria, comenzaremos por decir que las premisas son las razones que me llevan a una inferencia. Su importancia radica en que representan la base de un razonamiento.

    La Inferencia es la conclusión de un razonamiento. El razonamiento es un tipo especial de pensamiento en el cual llegamos a una conclusión a partir de premisas.

    Las proposiciones son oraciones que afirman o niegan algo, De ellas se puede afirmar si son verdaderas o son falsas. Los indicadores de premisas son palabras que señalan el lugar en que se encuentra una premisa. Entre estos están: puesto que, en tanto que, debido a que, por la razón de que, por el motivo de que. Es todo aquello que nos indique una razón que actúe como base para sostener la conclusión. Los indicadores de conclusión nos ayudan a encontrar la conclusión de un razonamiento. Por lo tanto, por consiguiente, podemos inferir, podemos concluir, luego, así. Es decir, todas aquellas palabras que nos indique que hemos llegado a una conclusión.

    El razonamiento se compone de proposiciones y no necesariamente de todo tipo de oración. Aquí surge el primer juego de palabras: «Toda proposición es oración pero no toda oración es
proposición». La única oración considerada proposición es la enunciativa. En términos de estructura lógica no es lo mismo decir: La vida es hermosa, a exclamar ¡Qué hermosa es la vida! La primera es una oración enunciativa. La segunda es una oración exclamativa, La primera propone, enuncia que la vida es hermosa. En la segunda se profiere el que la vida sea hermosa. La primera es una roposición mientras que la segunda es una oración. Si vamos a estudiar por ejemplo el caso de la oración interrogativa: «¿Dónde están tus libros?», aquí vemos que tampoco se propone nada. No se puede afirmar si lo que se dice en esta oración es verdadero o es falso. Sólo se está preguntando. La oración imperativa: «Tráeme las llaves», no propone nada, sólo imparte una orden. Tampoco se puede indicar si lo que aquí se está diciendo es verdadero o es falso. Cuando repasamos la oración
exclamativa «¡Qué hermoso anillo!», notamos que en ninguna parte de la oración se pretende proponer algo, sino que se expresa en favor de la belleza del mismo. En la oración enunciativa
«Algunas flores son amarillas», se propone, se enuncia el amarillo de algunas flores. De esta aseveración se puede decir si es falsa o es verdadera.

    Cuando analizamos la importancia de la premisa, observamos que es la base del razonamiento mismo. No puede haber un razonamiento sin el uso de premisas. De hecho la premisa es una proposición que está dentro de un razonamiento. Aquí surge el segundo juego de palabras: todas las premisas son proposiciones pero no todas las proposiciones son premisas. En efecto, yo puedo decir lo siguiente: «Estoy aburrida». Esto es una proposición pero no es una premisa. Para que esta proposición llegue a ser premisa, tiene que incorporarse a otra proposición que le sirva de apoyo para que se dé el razonamiento. Así: «Estoy aburrida, por lo tanto, iré al cine». Ahora tenemos un razonamiento sencillo. Es como si al presentarse un problema en nuestra vida, estemos conscientes del mismo pero sin buscar una solución. Recordemos, entonces, que la estructura básica de un razonamiento incluye dos elementos: premisa y conclusión. Debemos considerar que no pueden haber premisas aisladas, sólo proposiciones sueltas. No podemos construir conclusiones sin una base (premisas). Esto, además de ir contra la lógica, también resultaría una irresponsabilidad en el campo de la ética. Por otro lado no podemos plantear razones (premisas) sin llegar a una inferencia, es decir, sin completar reflexivamente el pensamiento.

    Uno de los problemas con el cual se enfrenta la estructura mental humana en su proceso de desarrollo lo es la categoría falaz. Si repasamos cualquier libro de Lógica, podríamos ver las distintas definiciones que nos ofrece sobre el término «falacia». Considerándola como errores de razonamiento o como ideas falsas, la falacia representa una amenaza constante al logro del pensamiento refinado. En términos numéricos, la cantidad de falacias que conocemos es bastante significativa y lo que resulta sorprendente es la combinación de éstas para afectar de forma adversa el sano raciocinio en el hombre. Teniendo presente el libro del profesor Copi, particularmente el capítulo tercero, vemos las distintas clases de falacias que nos presenta. Podríamos decir que las falacias suelen ser un tipo de argumentación incorrecta. Al parecer pasan como razonamientos correctos y convincentes, sin embargo, al momento de estudiarlas nos damos cuenta de que no lo son. Pueden tener una perfecta estructura lógica de razonamiento. Por eso es que debemos tomar las debidas precauciones respecto de ellas. El continuo uso de la falacia puede resultar, hasta cierto punto, peligroso al razonamiento lógico porque la supuesta argumentación que ésta envuelve, no es legítima. Repasando algunas de ellas, la apelación a la fuerza es aquella falacia en la cual se incurre cuando se amenaza o se utiliza la fuerza o el chantaje en vías de lograr un objetivo. Por ejemplo, los llamados grupos terroristas que amenazan con colocar un artefacto explosivo si no acceden a sus peticiones o también el caso de los secuestros. Una segunda categoría faláz obedece al argumento ofensivo. Se comete esta falacia cuando se ataca a la persona en su interioridad, en su privacidad. Por ejemplo, decir que la Filosofía de Platón no es importante debido a su alegada homosexualidad. Otra situación sería cuando surge un incidente entre dos personas y la primera le dice a la segunda:
« Si dices que eres mi amigo, ¿cómo es posible que no me hayas defendido frente a aquellas personas que estaban hablando de mí? «. En esta situación vemos que dos cosas no necesariamente tienen que combinarse en una relación causal. Desde la perspectiva lógica, la objetividad y la imparcialidad tienen prioridad sobre todo tipo de relación emotiva. El hecho de que entiendas que tu amigo actuó mal, es suficiente razón para no defenderlo, aunque sí puedes hacer planteamientos objetivos de modo que parezcan un apoyo para él. Aún así la amistad no puede basarse en la arbitraria idea de que, cada vez que tus amigos cometan errores, debas utilizar infundadas y caprichosas apologías de sus actos.

    Una tercer tipo de falacia lo es el argumento por la ignorancia. Este es el caso de una persona que sostiene que algo en particular es falso porque no se ha demostrado la verdad y viceversa. Cuando una persona afirma lo siguiente: «no existen los espíritus. Esto es una invención ya que la Ciencia no lo ha demostrado aún». También se niega a aceptar la existencia de los OVNIS porque ni siquiera ha visto uno, es decir, ver para creer. En estos casos vale recalcar que por el hecho de que una persona no esté de acuerdo con otras sobre diversos temas, no debe pretender que ella y sólo ella tiene la razón. En un tercer caso se presenta la situación acaecida en un Tribunal de Justicia. Se sigue un juicio por homicidio. Hay un breve receso. El acusado y la hermana de la víctima se encuentran en el corredor. Ella le dice lo siguiente: «eres un asesino, aún no se ha demostrado tu inocencia». Vale aclarar que el acusado sigue siendo inocente hasta que se pruebe lo contrario. Este es un caso especial en donde el argumento por la ignorancia no representa un planteamiento falaz. La falacia la está cometiendo ella al juzgarlo apresuradamente. La cuarta falacia obedece al argumento al pueblo.

    Una persona hace incursión en esta falacia cuando se apela a los buenos sentimientos, a las emociones de una masa con el propósito de lograr su aprobación sobre algo en particular. Algunas
agencias de publicidad parecen incurrir en esta falacia, aunque ellos opinen que se trata de una estrategia para vender el producto. Por ejemplo, en un comercial de televisión se plantea que hay que comprar «X» marca de café porque es hecho en Puerto Rico. Como es hecho en Puerto Rico y es un deber patriótico consumir lo que el país produce, estamos obligados moralmente a apoyar esta marca en particular. En una segunda situación se indica que debes bañarte con «X» marca de jabón porque éste produce unas burbujas las cuales a su vez causarán en tí un estado de éxtasis que te transportarán al otro mundo. Obviamente todo el mundo querrá estar en el otro mundo.
    La próxima falacia, el llamado a la piedad es muy parecida a la anterior. Pero en ésta se apela a la misericordia de una o unas cuantas personas para que acepten una situación que ha surgido. Vamos a asumir que una persona está conduciendo su automóvil en estado de embriaguez y a velocidad excesiva. Un Oficial de tránsito lo detiene y se dispone a darle una infracción. El hombre trata de justificarse diciendo que iba en exceso de velocidad porque tenía que comprarle un medicamento a su moribunda esposa. Otra situación presenta el caso de una estudiante que es sorprendida, durante un examen final, con un papel que contiene todos los apuntes tomados en clases sobre el tema para el cual se está examinando. La estudiante le pide al profesor que por favor la perdone por el error cometido, pero que ese es el único curso que le falta para graduarse. Por otro lado, ella necesita terminar sus estudios para comenzar a trabajar y así ganar dinero ya que es la única fuente de ingreso en su familia. La apelación a la autoridad, nos presenta a una persona socialmente distinguida y reconocida, anunciando algún producto que ni siquiera conoce, entonces se pretende que el receptor lo tome como algo verdadero. La falacia está en que se apele a una figura de renombre en aspectos que no están dentro del área de su especialidad. Todos recordamos aquel comercial para la televisión de la Sra. Chacón y el famoso «coolant» de Amalie. El accidente inverso indica que por la razón de que se ofrezca una solución a un problema en particular, esta misma solución se le podría dar a todos los problemas en casos parecidos.

    Imaginemos que nuestro mejor amigo ha decidido tomar clases de natación con la mala suerte de que en un descuido de su entrena or nuestro amigo sufre un calambre. La situación llegó a tal punto, que por un momento pensamos que se iba a ahogar. Estamos cometiendo esta falacia si pretendiéramos que se prohibieran las clases de natación debido a que la posibilidad de sufrir un calambre es muy alta y por ende nadie estará interesado en morir ahogado. Otro ejemplo es el caso de una persona que ha estado tomando un medicamento en particular, para aliviar una condición. Estaría cometiendo la falacia, si pensara, que como a ella le ha ido bien con la medicina, a todas las demás personas que estuvieran en situación similar, también les vendría bien.

    La causa falsa establece una conexión causal (relación entre causa y efecto) errónea. Si una amiga te pide que la lleves a comprar unos zapatos a un Centro Comercial. Pero tú no puedes complacerla porque estás en exámenes finales y tienes que estudiar. Además si accedes a llevarla perderías mucho tiempo. Cuando te diriges a la Biblioteca para estudiar, un camión impactatu automóvil. Rápidamente se tiende a asociar el hecho de haberle negado el favor a la amiga con la situación del incidente con el camión, es decir, «me pasó esto por no haberle hecho el favor a mi amiga». En la petición del principio se trata de justificar o explicar una situación dada utilizando las mismas palabras. No hay realmente una razón legítima, sino un planteamiento completamente circular. Cuando pretendemos resolver un incidente surgido entre dos amigas, se plantea una dinámica de diálogo. Una le dice a la otra, «necesito hablar contigo para aclarar lo que pasó». La segunda le contesta que no es necesario hacerlo. La primera pregunta por qué. Recibe la respuesta «porque no». Luego, la primera insiste «pero, ¿Por qué no?», a lo que la amiga le repite «porque no». Esta situación es muy común cuando el problema que se ha presentado es muy delicado. Si la segunda no se muestra en la disposición de escuchar a la primera, ya sea por la excesiva molestia que siente ante la circunstancia manifestada o por las razones que sean, entonces, debemos adjudicarle a la segunda, un error de razonamiento por no escuchar siquiera las explicaciones de la primera. En el caso de la primera amiga, ella planteará el por qué de la decisión de la otra en no atenderla. La segunda no buscará razones legítimas sino que le responderá con un rotundo «porque no». Este tipo de actitud resulta muy peligroso porque la persona se está cerrando herméticamente ante los argumentos que su amiga necesita presentarle para explicar lo que pasó. En este caso hipotético, la primera debe insistir de la manera más sutil posible para que su compañera se abra al diálogo. Mucha gente disfraza esta situación con el epíteto de «terquedad». Ya esto no se usa. El calificativo «terquedad» ya dejó detener una connotación graciosa. Se ha convertido en un señalamiento poco amable dando paso a lo absurdo, es decir, a un comportamiento que va contra la razón misma. La falacia del énfasis puede considerarse una argumentación que suele ofrecer más de una interpretación y por eso genera confusión. Se comete esta falacia cuando se enfatiza, cuando se recalcan sólo algunas partes de lo que se quiere decir y por esta razón se puede alterar su significado. En los titulares de periódicos, en revistas y en algunas promociones de programas televisivos, esta falacia aparece con frecuencia. Como primer ejemplo, vamos a suponer que en un periódico aparezca el siguiente titular: HUELGA EN LA U.P.R. ¿Qué es lo que se va a pensar? Que en efecto la Universidad está en huelga. Pero no es así. Cuando leemos la información en detalles vamos a encontrarnos con lo siguiente: «la guardia universitaria está alerta ante lo que podría ser una posible huelga en la U.P.R. para el mes entrante. Hay un ambiente de desagrado entre el estudiantado debido al aumento en la matrícula». Obviamente este ejemplo es muy común dentro de los medios publicitarios.

    Estas son algunas de las muchas falacias que se han estudiado por la Lógica y que han sido descritas por el profesor Copi. El punto que surge en este momento es cómo poder lidiar o mejor aún, cómo podemos eliminar las falacias de nuestra estructura mental y por ende del lenguaje escrito. Según las personas que hemos estudiado la Lógica de manera rigurosa, es bastante dificil eliminar las falacias. Lo más que se puede hacer es tratar de evitarlas y con todo y eso, la tarea resultaría ardua. Tendríamos que estar pendientes en todo momento del modo en que las otras personas planteen ciertas situaciones y esto nos obligaría a vigilar el vocabulario que dichas personas utilicen. Aquí el lenguaje tiene una participación importantísima. Uno de los temas que surge en la lógica es el llamado lenguaje emotivo. Este punto representa un verdadero problema para mis estudiantes en el momento de la redacción. No es otra cosa que el permitir que la emoción invada nuestra estructura mental a la hora de juzgar una situación y al momento de llevarla al papel. Esta dificultad suele darse cuando les pedía a mis alumnos que trataran de escribir un ensayo sobre lo que ellos consideraban los problemas más apremiantes de nuestra sociedad. No hubo que esperar mucho para el inicio de la adjudicación de todas las responsabilidades habidas y por haber, tanto a políticos como a otras personas claves en nuestro país. Justamente esto es lo que yo no quiero ni puedo aceptar en un estudiante de Lógica. El pensar lógico requiere una cierta disciplina. Es la idea de que al emitir juicios sobre las cosas, lo hagamos de la manera más responsable y objetiva posible. Como ya se ha mencionado una de las dificultades que confrontan los estudiantes en la redacción es esta manera inadecuada en que suelen utilizar el lenguaje emotivo. Ejemplo de esto es el pasaje que indica la labor realizada por algunos servidores públicos: «Me parece que los problemas del país no tendrán soluciones inmediatas porque todos los políticos en vez de trabajar para el pueblo, lo que hacen es ganarse el dinero del pueblo y porque no tienen el más mínimo interés en servir ala gente debido a que no les importa lo que le pase ya que no pertenecen a su familia y por lo tanto no harán nada». Este es un ejemplo muy común en la redacción de mis estudiantes. Los puntos que hay que destacar y que describen de manera explícita sus problemas en el desarrollo de un tema aparecen ilustrados, al menos algunos de ellos, en el ejemplo anterior. Hacen uso indiscriminado de indicadores de premisa. Este es el caso de la repetición de los «porque». Repiten demasiado las mismas palabras, por ejemplo: «gente». La oración, en cuestión, es muy larga, lo que puede causar la repetición y por ende la pérdida esencial de lo que se pretende decir. Lo que aparece como premisa puede muy bien indicar conclusión. De modo que una premisa
puede ser también una inferencia. Por otro lado, hacen uso del lenguaje emotivo en este caso, emotivo-negativo . ¿Cómo podremos cambiar el estilo de lo que quieren decir mis estudiantes sobre lo que ellos piensan de los políticos? Pareando premisa con conclusión, no construyendo oraciones tan largas, limitando los indicadores de premisas, eliminando el lenguaje emotivo. De esta manera se estaría escribiendo de una forma más objetiva. Podría ser así: «Me parece que los problemas del país no tendrán soluciones inmediatas. Una de las razones es la apreciación de que algunos políticos sólo trabajan para ganar un salario. Además varios de ellos no parecen mostrar un interés genuino en el servicio público. Podemos concluir que no realizarán una labor efectiva dentro del Gobierno».

    En síntesis de acuerdo a los resultados de las pruebas diagnósticas tomadas por los estudiantes, otros problemas que ellos han demostrado tener en la redacción comienzan por la integración arbitraria en una misma oración, de dos temas completamente distintos. Comienzan hablando de algo en particular y drásticamente pasan a otra área temática. Podrían optar por hacer una especie de tormenta de ideas, que les permita colocarán sobre la mesa toda un fraseología de aquellas ideas que deseen desarrollar en el escrito y que se circunscriban al tema en cuestión. Por otro lado, mis alumnos utilizan premisas que pueden ser también conclusiones entonces, no se sabe la función de las proposiciones envueltas. Si hay problemas en la identificación de estos roles, la coherencia en las ideas se verá seriamente afectada. Deben separar las razones a plantear sobre aquello que quieren demostrar. También incurren y promueven la repetición innecesaria de palabras en el texto redactado. Faltan en la precisión al definir conceptos. Ejemplo que ilustra esta situación es cuando definen la capa de ozono, como algo que tiene preocupada a la comunidad científica. También el abuso del componente emotivo cuando se expresan sobre una situación concreta representa una preocupación.

    En este punto hay que detenerse. El factor emocional puede convertirse en un verdadero problema al momento de emitir una opinión o simplemente a la hora de enfrentar una situación
delicada que se haya presentado. Una persona que de verdad se considere madura en el plano intelectual y emocional, no puede permitir bajo ningún concepto que sus sentimientos afecten su objetividad dentro de las circunstancias dadas. Se piensa con la cabeza y no con el corazón. Así es la Lógica. Lamentablemente hay circunstancias en la vida del hombre en que la emotividad en vez de hacerle bien, le hace mal. Este es precisamente el caso que describe una discusión entre los mejores amigos. Si uno de ellos le señala al otro que ha actuado de manera incorrecta en una situación dada, esta persona que ha hecho el señalamiento no puede de manera alguna dejar que el sentimiento de la amistad se imponga sobre la objetividad. El problema aquí es que hay personas totalmente cegadas por el sentimiento envuelto en una relación, y no pueden medir ni aceptar que han errado. Por supuesto, el hombre no es una máquina que sólo produzca razonamientos. Tiene un hipotálamo que a veces lo traiciona. ¿Qué podemos hacer con la emoción? ¿Acaso dejar de sentirla? Quizás no vendría mal pero esa generación autómata no ha nacido aún. Lo que propongo es un análisis serio de las circunstancias que llevaron a mi amigo a actuar como lo hizo. Debo comenzar escuchando sus planteamientos. Debo sentarme a dialogar con él y no mostrar agresión ni en mis palabras ni en mis actos. ¿Resulta fácil? De ninguna manera, pero hay que hacerlo. Sobre todo si el problema en cuestión ocurre entre dos personas unidas por el sentimiento.

    Otro punto álgido para los estudiantes lo ubico dentro de un contexto filológico. No es otra cosa que el desconocimiento de aspectos linguísticos. No conocen vocabulario. Este detalle afluye al problema que antes cité en el ejemplo de la capa de ozono y que concilia erróneamente la definición con lo definido, es decir, lo que se pide definir con la definición per sé. Aristóteles ofreció un tratamiento bastante elemental para resolver este problema. Lo que se pide es simplemente que completemos el pensamiento de manera tal que se logre la consecución de la meta. Los conceptos utilizados por el filósofo de Esta gira advienen por el hecho de explicar bien las cosas. A tales efectos presenta las concepciones del Género Próximo y la Diferencia Específica en el lenguaje. En
la oración: «la geometría es una rama de las matemáticas , ' notaremos que en cuanto a definición se refiere, la misma, no está del todo correcta. Lo que sucede es que resulta muy abarcadora porque el cálculo y el álgebra también lo son. Entonces habría que buscar una diferencia específica que establezca la distinción entre la geometría y las demás ramas matemáticas. Dentro de la Lógica estos conceptos del Género próximo y la Diferencia específica pueden relacionarse con la idea del definiendum y el definiens. Considerando las teorías sobre la definición, el definiendum es aquella palabra o frase que se pretende definir, mientras que el definiens apunta a las palabras utilizadas para definir el definienduni. En última instancia coinciden, pero dentro de una definición coherente estos conceptos no son repetitivos. ¿Resulta parecido al sujeto y al predicado? Lo importante es que dentro del predicado no debe aparecer repetido el sujeto porque aunque definiendum y definiens cuadran en términos de denotación, no coinciden en símbolos. Una frase popular que vendría muy bien en este momento sería: al pan, pan y al vino, vino. No es otra cosa que precisar de manera acertada o llamar a las cosas por su nombre y de acuerdo a una definición atinada.

    Antes de revisar las estructuras gramaticales del lenguaje, le preguntaba a mis estudiantes lo siguiente: ¿Cómo sabrías tú cuándo una persona con la que estás hablando no está razonando? La sencilla respuesta de ellos se asomaba con absoluta rapidez. Me decían que ellos se daban cuenta que una persona no está razonando cuando pronuncia malas palabras, cuando se muestra incoherente, cuando no sabe lo que está diciendo. Y hasta aquí llegaban sus respuestas. De hecho, estas señales podrían tomarse en consideración como respuesta a mi pregunta, pero hay otras más. El profesor Copi, en el capítulo segundo de su libro, menciona los que él considera que son los principales usos del lenguaje. Entiendo que la importancia de mencionar estos usos es la manera en que pueden relacionarse al no-razonamiento. Las funciones básicas del lenguaje se clasifican entres renglones: uso directivo, uso expresivo y uso informativo. La función informativa cumple con la encomienda de comunicar datos, aspectos, nuevos descubrimientos, y en otras palabras, nos dice lo que está ocurriendo en el mundo. El uso directivo es aquella función del lenguaje que utiliza oraciones de carácter imperativo. En éste se imparten órdenes, se pretende «originar o impedir una acción». El uso expresivo trata de comunicar sentimientos, estados de ánimo o actitudes.

    La pregunta que surge es: ¿Qué tienen que ver estas formas discursivas del lenguaje, con el razonamiento? Considero que es preciso vincular el lenguaje con la Lógica, puesto que el uso de estas estructuras en la vida cotidiana, puede representar el nivel del razonar. Para decirlo de una forma más directa y determinante, sostengo que una persona que constantemente y de forma arbitraria esté haciendo uso de la función directiva del lenguaje, no sabe razonar. Esto es, aquellas personas que con frecuencia, imponen su criterio a los demás sin darles oportunidad a que reaccionen. Son individuos que viven dando órdenes. En segundo lugar, una persona que constantemente esté haciendo uso de la función expresiva del lenguaje, no sabe razonar. Esto es, individuos que continuamente están quejándose, criticando, sin ofrecer verdaderas soluciones a los problemas. Un tercer punto obedece a que el razonamiento del hombre tiene que basarse en un análisis, en una reflexión y no en estados anímicos particulares. Además, el verdadero razonamiento es característico de toda aquella persona que sea cautelosa al hablar, y si por alguna razón ha cometido crasos errores en un comentario emitido, tiene que recapacitar inmediatamente. Como próximo punto, el verdadero razonamiento es característico de toda aquella persona que no se deja dominar por emociones, problemas, situaciones conflictivas, situaciones inesperadas, estados de ánimos, sino más bien, que puede tener control sobre todas estas variantes.

    Hay que aclarar un detalle. Es imposible concebir al hombre como una producción patente de razonamientos. El uso expresivo del lenguaje es fundamental para un poeta, para los enamorados, para expresar la belleza de una criatura que apenas comienza a vivir. Por otro lado, el uso directivo es imprescindible para aquel joven empresario que se estrena en el dificil campo de la administración. ¿Cómo conciliar entonces, estos tres usos? De una manera sencilla. A lo largo de nuestra vida, el hombre debe utilizar el lenguaje adecuado en el momento apropiado.

    Un último tema que demanda atención es la dualidad entre razonar bien y razonar mal. Recordemos que una de las definiciones más comunes de la Lógica es aquella rama de la Filosofía que estudia y establece la distinción entre el razonamiento correcto y el incorrecto. ¿Acaso queremos decir que una persona puede razonar de forma incorrecta? Por supuesto. Veamos el siguiente razonamiento silogístico. «Todos los peces son animales. Todos los animales son mortales. Luego, todos los peces son mortales». En este ejemplo, tanto las primeras dos premisas como también la conclusión son proposiciones verdaderas. Esto quiere decir que el razonamiento es totalmente válido y además es correcto. En el segundo ejemplo: «Todas las arañas son animales que vuelan. Todos los animales que vuelan son rojos. Luego, todas las arañas son rojas». ¿Qué ocurre con este segundo razonamiento? Para empezar, todas las proposiciones son falsas. Sin embargo, es un razonamiento, porque tiene premisas y también conclusión, lo que lo hace merecedor de una estructura perfecta de razonamiento. Ahora bien, el razonamiento también es válido por la misma razón de composición, pero no es correcto. Un término se refiere a la composición en estructura y el otro al significado. Veamos este caso: «Liz Taylor es actriz y famosa. Glenn Close es actriz y famosa. Hillary Clinton es famosa. Se sigue que, Hillary Clinton es actriz». Aquí las premisas son verdaderas pero la conclusión es falsa. Vemos, entonces, que de proposiciones verdaderas puede salir una proposición falsa, es decir, de una cosa que sea cierta, puede surgir algo falso. De otra forma, de dos aspectos que resulten falsos, puede salir algo verdadero. «Todas las ballenas son animales que vuelan. Todo animal que vuela es grande. Todas las ballenas son grandes».

    Este es uno de los factores más importantes para determinar si una persona con la que se está hablando, está razonando o no. Si está razonando, hay que determinar cuánta validez tiene o no lo
que está diciendo. Puede darse el caso de que después de toda una elaboración verdadera, de premisas, la conclusión sea incorrecta.   Entendemos, entonces, que el razonamiento no es ni válido, ni correcto.

    A lo largo de este escrito he querido analizar varios aspectos que resultan importantes en el estudio de la Lógica. Son conceptos básicos que influyen grandemente en el modo de expresión escrita de muchos de nuestros estudiantes universitarios. Sólo espero que el estudiante pueda asimilar estas aclaraciones que he hecho, con el único propósito de ayudarlos en el estudio y aplicación de la Lógica a la vida diaria.
 

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