A Nilda

En mi llegada de la tierra extraña,
Salúdate mi mano en fuerte abrazo,
Para unir momentáneo el duro lazo
Que ha sido de amistad muy soberana
Regocijan mis ojos la hermosura
De la chiquilla que hace poco tiempo,
Pasábamos jugando el pasatiempo
De una vida soñada de locuras.
Fué la amiga ideal de todo un mundo,
Indeleble amistad, toda una vida
Y aunque mi ausencia no será sentida
Yo sentiré su ausencia muy profundo. . .
Perdoname mi niña, sí el poema.
Que dedicado a tí, nada te ensalza:
Eres la "Diosa del Nilo" en tus ternuras;
La "Venus", delicada eres en gracia. . .
Yo no puedo cantar lo que tu eres,
Eres mucha mujer, mucha belleza;
No es poema que agranda la mujer,
Es la mujer que engrandece el poema.
El arpa será sorda, lo verás.
Espera que te cante el hombre tuyo
Y de los bosques el sutil arrullo,
A tus piés los pondrá .. . .

Y él, que te canta con el alma plena,
Incrustará sus versos en tu corazón
Y llorarás y reirás de la alegría,
Al ver que el sueño ya no es ilusión.
Más si el destino ávaro en su osadía,
Con escollos atrásate el camino;
Ya no vuelvas atrás, sigue con fuerzas,

Que el destino jamás tuvo otra vía. 
Que nazca el sol con púrpura de fuego 
Y te bañe la luna con su traje de plata, 
Y alumbren tus caminos los luceros 
Y canten las campiñas serenatas.
Que en todo triunfes y al salir airosa, 
Recuerde el corazón como testigo,
Que el amor no es siempre mariposa
Que quiso alimentarse en blanco lirio; 
El amor es virtud que lleva el hombre 
Sembrado que al crecer llaman cariño
Y en éste amigo siempre fué sincere. . .
Tan sincero y cordial, come el de niños.