|
Compaginando
Cuando sediento de amor
Salté la malla vecina,
Por recelo o por pudor
Cogí la fruta caída:
Y cuando del cofre ajeno
Rebusqué la mejor piedra:
Era la piedra sin brillo
Que ya nadie la quisiera
Entre las flores silvestres
Segué ya, la dalia mía,
Vi muy tarde y sin remedio
Que una espina contenla.
Por eso si al mallar vuelvo
De nuevo a buscar mañana,
Aunque arriesgue un poco más
No escogerá fruta vana
O si de aquel cofre ajeno
Piedras volviere a buscar;
Las robaré con engarce
O ninguna ha de faltar.
Y si volviere de nuevo
Dalias de nueva a cortar;
Las cortaré sin espinas
. . . . O intactas se han de quedar.
Segar una vida entera?
Plagiar un sueño de amor?
-Si ésta vez soy delincuente-
Que se me llame ladrón
|