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La sin Alma
Por la alcoba, que entreabierta
quedose por un descuido,
pude ver tu cabellera
rubia, sedosa, esparcida
sobre tus anchas caderas. . .
Pude ver más, vi tus senos
cortos, graciosos y erectos
con la blanqura de un nardo
y la sensación de un beso.
Emocionado y nervioso
entre el recinto en que estabas,
ví tus ojos entreabrirse
palpé tus carnes de nácar,
era perfecto tu cuerpo
! de Miguel la pincelada!
eras tentación de un vivo,
y de un muerto? No eras nada.
Busqué con afán inquieto
lo que más me interesaba. . .
Dejé la alcoba vacía
porque no te encontré el alma.
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