REFLEXIONES SOBRE QUIMICA
 
Romualdo Avila Iturralde
 

    Tan simple y, sin embargo, tan asombroso...

    Para la vida el agua es la substancia número uno. Su fórmula es muy simple: H20. Un átomo de oxígeno más dos átomos de hidrógeno. Se puede decir que es la primera fórmula química de la que uno se entera.

    Intentemos imaginarnos qué aspecto tendría nuestro planeta si de súbito quedase privado de agua.

    ... Lúgubres y vacías «Ojeras» de las depresiones de los océanos y los mares cubiertos de una gruesa capa de sales antes disueltas en el agua. Lechos resecos de los ríos y manantiales sumidos en eterno silencio. Rocas desmoronándose hasta el polvo por falta de agua que ligaba sus componentes. Ningún arbusto, ni flor, ni ser viviente en la Tierra exánime. Y en lo alto, un cielo siniestro e insólito donde nunca, jamás, aparece ni siquiera una nubecilla solitaria.

    El agua es, al parecer, el más simple de los compuestos, pero sin ella es imposible cualquier clase de vida, tanto racional como irracional.

    Tratemos de aclarar el porqué de esto.

    Ante todo, porque el agua es el más maravilloso de los compuestos químicos que hay en el mundo.

    Cuando Celsius inventó el termómetro, se fundamentó en dos magnitudes, dos constantes: la temperatura de ebullición del agua y la temperatura de su congelación. La primera la igualó a 100 grados, y la segunda, a cero. Después dividió el intervalo entre estos puntos extremos en cien partes iguales. Así apareció el primer instrumento para medir la temperatura,

    Pero, ¿qué habría pensado Celsius si se hubiera enterado de que el agua debía congelarse no a 00 y hervir no a 1000? Y sin embargo, lo hace precisamente a estas temperaturas.

    La ciencia moderna estableció que el agua se nos presenta como un grandísimo impostor. Es el compuesto más anómalo del globo.

    Los científicos dicen que el agua debe hervir a una temperatura de 180 grados inferior, es decir, a 80 grados bajo cero.

    Por lo menos, el reglamento que rige en el sistema periódico le prescribe que hierva a esa temperatura antártica.

    Las propiedades de los elementos que forman parte de uno u otro grupo del sistema periódico varían con cierta regularidad, cuando se pasa de los elementos ligeros a los pesados. Consideramos, por ejemplo, las temperaturas de ebullición. Tampoco varían por antojo las propiedades de los compuestos, Estas dependen de la posición, en la tabla de Mendeléiev, de los elementos que forman las moléculas. Entre otras, también las propiedades de los compuestos hidrogenados, o hidruros de los elementos que pertenecen a un mismo grupo.

    El agua se puede llamar hidruro de oxígeno. El oxígeno es miembro del sexto grupo, En este mismo grupo están alojados el azufre, selenio, telurio y polonio. Las moléculas de sus hidruros tienen la misma estructura que la molécula de agua: H2S, H,Se, H2Te, H2Po. Para cada uno de estos compuestos se conocen las temperaturas de ebullición que cambian con bastante regularidad al pasar del azufre a sus compañeros más pesados. Pero la temperatura de ebullición del agua sobresale bruscamente en este grupo. Es mucho más alta de lo debido. Parece que el agua no quiere tomar en consideración las reglas establecidas en la tabla de Mendeléiev, desplazando a 180 grados el proceso de su transición a estado de vapor. Es la primera anomalía asombrosa del agua.

    La segunda está relacionada con su congelación. Los estatutos del sistema periódico prescriben que el agua deba pasar a sólido a 100 grados bajo cero; empero, el agua infringe maliciosamente esta exigencia, convirtiéndose en hielo a cero grados.

    Esa desobediencia del agua permite sacar la siguiente e interesante conclusión: el estado líquido y sólido del agua en la Tierra es anormal.

    De acuerdo con el «reglamento» debería encontrarse en forma de vapor. Imagínese el mundo en que el agua cumpla estrictamente las prescripciones del sistema periódico. Es un tema muy fecundo para los autores de obras de ciencia ficción. Estos pueden aprovechar este hecho, único en su género, para escribir numerosas novelas y narraciones sugestivas. Pero para nosotros, estimado lector, al igual que para los científicos, es una confirmación más del hecho de que la tabla de Mendeléiev es una construcción mucho más complicada de lo que puede parecer a primera vista, y que el genio de sus habitantes se asemeja, en grado sumo al carácter de las personas. No se puede encerrar en marcos determinados. Y el carácter del agua es muy caprichoso... Pero, ¿por qué?

    Porque es muy peculiar la estructura de las moléculas del agua, gracias a lo cual éstas tienen una propiedad muy acusada de atraerse mutuamente con gran fuerza. En vano buscaríamos en un vaso de agua moléculas solitarias. Las moléculas forman grupos que los científicos llaman asociaciones. Sería más correcto escribir la fórmula del agua de otro modo: (H20)n, donde n designa el número de moléculas en la asociación. Estos enlaces asociativos entre las moléculas del agua se pueden romper sólo con grandes esfuerzos. Por eso el agua se funde y hierve a temperaturas mucho más altas de lo que se podía esperar.