Justicia y Libertad
 
Orlando Plaza Plaza
Estudiante de Honor del seminario
Don Quijote de la Mancha
del prof. Eloy Recio.
 
    Y hablando de libertad, Cervantes esbozó este tema a través de sus propias vivencias cuando fue privado de este preciado valor. Recuerde que desde Argel hasta su propia patria, casi toda su vida estuvo encarcelado por alguna u otra razón. Tal vez el hecho de comenzar su obra: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme ... », nos recuerda que tal vez fue en una cárcel donde gestó su obra maestra. Pero aún en esa condición fisica, nadie pudo privarlo de la libertad de pensamiento lo que lo guió a la creación literaria y a la inspiración humanística.

    Desde el comienzo de su novela, vemos la creación de su humanístico personaje, un ser diferente que a los Ojos de los demás parecía un loco, pero que nació de la propia libertad y en libertad. Fueron los libros, el conocimiento y el amor por la humanidad los responsables de aquella hermosa locura, que era capaz de transformar lo feo en hermoso, lo malo en bueno, lo injusto en justo y hasta corregir ala humanidad y de enderezarlos «entuertos». Era libre para ser caballero andante, para escoger sus armas y para darle un sentido mesiánico a su vida, aún en plena madurez, y fue libre para la acción, porque entendía que el hombre se realiza en pos de sus acciones a través de ellas y por ellas mismas, De lo contrario, no hay tal realización, si no se actúa con la responsabilidad que conlleva tal grado de libertad. Por eso atacó los «molinos gigantes».

    Veamos como Cervantes, el fénix de las letras españolas elabora este valor universal a través de su gran obra maestra: EL QUIJOTE. En los primeros capítulos, don Quijote se lanza a una aventura sin precedentes, pero en pleno campo recuerda que no puede enfrentarse a ningún tipo de aventura si antes no es armado caballero andante. Necesita con urgencia un castillo y transforma libremente esa realidad, esa perspectiva que tiene a la vista: una venta en castillo para lograr lo que desea en esos momentos, una ceremonia oficial para ser un hombre libre. Es una realización instantánea, no hay tiempo que perder. ¿Es efimera esta condición del espíritu y del pensamiento?

    Su primera aventura oficial no fue otra que la defensa de lo que predicaba: la justicia y la libertad. Andrés, el mozo del labrador estaba atado a un árbol y era castigado por su amo. Este abuso, este atropello enfureció a nuestro héroe que se enfrenta a este poderoso terrateniente por defender con dignidad el concepto de la libertad. Libera bajo amenaza, bajo presión a este niño de la garras de su verdugo; no solo lo libera si no que le hace prometerle que de ahora en adelante será tratado con respeto y dignidad porque es un ser libre y digno. Todos sabemos que ocurre lo contrario, pero don Quijote comple con su misión, a la humanidad le tocaba hacer el resto. Es la enseñanza de valor lo que él, como Jesús, predicó con la palabra y con la acción. En esta aventura, la que refleja en concepto de reivindicación social; el hecho de liberar a la humanidad del abuso del poder, el maltrato mediante el filo de la espada y de la palabra. Es enseñar al hombre el respeto por la dignidad y la libertad humana como se hace justicia. Este era su ideal y por el luchó, sin importarle las consecuencias. El ser humano no puede ser libre; éste era su lema.

    Su concepción sobre la libertad no flaquea. Nos encontramos en la encrucijada del camino con un hombre libre que le permite a su caballo escoger el camino de las aventuras. Por doquiera que vaya iré predicando y actuando en pos de la liberación de la humanidad de aquellos males, injusticias y sinsabores. Estos ideales se enfrentan a una realidad amarga, a una España atada a su pasado, a sus convencionalismos y a sus prejuicios. Resulta irónico y es precisamente el propósito de Cervantes, burlarse de esa situación de atraso en la que España y el mundo se encontraba.

    Cervantes es un gran admirador de la mujer, por algo se le considera un teórico de la liberación de la mujer y no olvidó que
desde Eva para acá la mujer ha sido objeto fisico y sexual del hombre, utilizada, explotada, maltratada y manipulada por los hombres, por la cultura y por la sociedad misma. Trató Cervantes de salvar también la dignidad de este ser tan admirado por él. Se valió del personaje de Marcela, la gran defensora de su propia libertad como mujer y como ser humano, de ser ella misma, de escoger su propio destino existencial y romper con los roles tradicionales.

    Marcela se enfrenta a sus acusadores, a sus verdugos con fe y valentía. No es ella culpable de la muerte de Crisóstomo, su enamorado. Ella no tiene la culpa y se defiende teniendo como corte el paisaje, el bosque, la naturaleza y como defensor su propia libertad de acción. Quería ser libre y los hombres debían respetar esa decisión. ¿Por qué tenía Marcela que seguir atada a los convencionalismo s, a las riquezas y a la belleza fisica? ¿Qué le importaba a ella que otros se murieran de amor o se suicidara, sí en el fondo sabía que a esos hombres les guiaba el afán ancestral de dominar y manipular a la mujer, de no respetar su libre albedrío, su derecho a ser ella misma. Lo insólito del caso es que Marcela se rebela en contra de toda una sociedad, de toda una historia. Es la valiente Marcela, el personaje que utiliza Cervantes para criticar e ironizar ala España que le tocó vivir. Es la Virgen María que sale de su nicho, se quita el velo y se lanza valientemente contra los verdugos que asesinan a su hijo: Jesús, un pueblo, una historia, una historia, una lengua y una religiosa.

    Es Marcela toda una metáfora que transciende tiempo y espacio. ¿Y aquellos cabreros? Es insólito, pero son ellos, los hombres que a través del velo milenarios quieren tocarla, poseerla, gozarla y obsesionarse hasta la muerte. Solo consiguen un acercamiento sutil que los conforma con un bello ideal, pero nada más. Es la esencia del poder, del llegar, del observarla pero que teme que se rompa el hechizo si lo logran. Es ella una musa griega que los hombres no pueden tocar, es prohibitiva, es ella; la libertad, que por ella misma se defiende como una fiera herida.

    Don Quijote teme romper ese hechizo y se conforma con admirarle como parte también de la historia. Siente un gran profundo respeto por esta legendaria musa que refleja sus ideales y luchas. «Yo nací libre y para poder vivir escogí la soledad de los campos.

    Nuestro héroe no pierde oportunidad: «Ninguna persona de ningún estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía ... » Este puede considerarse uno de los pasajes más conmovedores y poéticos escritos en honor a la libertad de la mujer y de todo ser humano nacido libre, libertad que le ha regalado Dios como parte de su inmensa misericordia.

    Estas palabras de don Quijote parecen del Señor puestas en los labios de nuestro héroe para que sean recordadas a través de esta universal obra maestra de la letras españolas.

    De la seriedad y formato con que Cervantes trabaja la historia de Marcela, inmediatamente pasa en forma irónica y burlesca a la defensa de la libertad en la hembra que por instinto se defiende de otras bestias (Rocinante y el asno) ante el natural acoso sexual. ¿Libres? Del sutil discurso lleno de frases escogidas a uno lleno de mordiscos y patadas por parte de los hacer. ¿Se ríe Cervantes? Por algo es un genio. Bueno, si no aprendes a través del lenguaje ¡pues, vamos¡ que entenderán por medio de los golpes. De alguna manera, o por medio de la persuasión o por medio de la guerra, hay un desesperante deseo de defender la libertad, cada uno se defiende como puede.

    En todas las aventuras de don Quijote hay un intento genuino por defender y clarificar los más nobles valores universales. Cervantes no quiso presentar esta preocupación a la usanza clásica y revistió su intención con plomo humorístico a prueba del tiempo. Fue su intención además impregnar toda gestión humanística con toques relevantes a los últimos gritos novelísticos de la época.

    Una de esas aventuras revestidas de sabor genuinamente española es la famosa aventura de los galeotes. Todos recordarán que estos hombres iban atados por las manos y cuello a trabajar forzosamente en las galeras por orden del rey y como castigo a sus delitos. A la luz de un «cuerdo» esto no tiene nada de espectacular, pero para un «loco soñador y con intención premeditada de resolver lo no resuelto». Aquel nefasto espectáculo lo llena de ira y de recocijo al saber que podría resolver todo un tratado de justicia y libertad. Tiene que liberarlos por una razón poderosa, su coherencia de comportamiento con su código de Justicia. No tolera que estén atados porque va contra su voluntad de seres libres. Así lo dice a los guardias quienes se sorprenden por tan raro comportamiento y les exige que libere a esos hombres (recuerde que don Quijote vive la Edad Dorada, utópica, idealista y paradisiaca de perfección y libertad).

    ¿Qué pretende Cervantes? se burla y critica en forma rebelde y anarquista el concepto de justicia española. Descargó toda su furia con su pluma y con aquella espada vieja y rota contra las tradicionalistas instituciones judiciales de su país, injustas, parciales, racistas, prejuiciadas e inquisitorias propias de una nación mal gobernada, Hay ironía, pero también hay posibles alternativas que perfilan hacia la democracia. Veamos: Don Quijote se dirige a cada galeote y le hace un pequeño juicio. Los interroga- les pregunta el delito a cada uno. Después de escucharlos determina que son inocentes pues el delito cometido no equivale al castigo otorgado, por lo tanto no hay justa administración de la justicia.

    Esta sentencia de Don Quijote, pretende corregir la mala administración judicial y la falta de libertad del pueblo que se convierte en causa y efecto de la situación corrupta, dictatorial e inquisitoria de toda una época. Por tal razón trató de hacerle un juicio justo y rápido a aquellos condenados por el rey. aquellos hombres que no estaban acostumbrados a juicios ni a perdones, entendieron poco de aquellas locuras y la emprendieron a golpes contra su salvador, igual que hizo el pueblo judío contra Jesús al tratar de liberarlos del yugo imperialista romano de la época medieval. No hay bondad ni agradecimiento, pero nuestro héroe comprende que «hay que hacer el bien sin mirar a quien» y sin esperar recompensa alguna. Así es la nobleza de acción.

    Pero Cervantes no pinta en su obra a aquellos burlones de la justicia como víctimas. Son pícaros que no tienen seriedad ni respeto por defenderse, por unirse para enfrentarse a la justicia. Se conforman con poco y solo tratan de sobrevivir robando ropa, comida o haciendo tonterías por la falta de una conciencia definida. Aprovecha Cervantes en esta escena para dar a conocer el comportamiento picaresco del pueblo español retratado en este puñado de pícaros galeotes que iban a cumplir veinte años en galeras por el simple hecho de robarse un poco de pan y así poder saciar su hambre. Hay que liberar a la patria, liberar el sistema, a los hombres, a la cultura, en fin a todo lo que ate al ser humano, diría Cervantes.

    Hay una escena un poco humorística donde se puede apreciar el amor tan grande que Cervantes tenía por España. Es aquella princesa encantada que llevaban unos encantadores, ¿Verdugos? raptada y en contra de su voluntad. Era su deber de caballero andante liberar a su «patria-princesa» del yugo de sus verdugos. Se enfrenta a ellos con valentía, con honor para liberar a España. ¿Quienes eran esos verdugos? Conociendo a Cervantes, no dudaría que como las musas griegas, cada verdugo representa los prejuicios, el atraso cultural y religioso, la inquisición católica contra la ciencia, las ideas, la investigación y hasta contra las artes, la filosofia y el progreso: «ruedas que no corren, princesas encerradas en su propia prisión, verdugos-hombres que no piensan, que no luchan, que se conforman con comer y respirar». De esa locura humana quería Don Quijote ¿Cervantes? liberar a su patria y al mundo también (Recuérdese el valor universal de la novela) que atrasa a los pueblos y los hace esclavos de sí mismos.

    Notamos a través de la obra que cada aventura es un intento por hacer justicia mediante la liberación de situaciones, males, enfermedades, analfabetismo, aunque para ello tenga que utilizarla perspectiva óptica y humana. Es una hermosa locura que todo lo transforma en ideales perfectos por los que sueña el hombre a través de sus vivencias, fantasías y dolores.

    ¡Qué agradecido estaría Dios si liberara al mundo de tanto rufián, de la vanidad, del odio, del orgullo, de la hipocresía, del maltrato y de la inercia! Al acabar con todos aquellos «gigantesmolinos» que a su vista se presentaban. ¡Con qué valentía se enfrentó a aquellos «gigantes del mal», él solo, con su espada vieja y rota y llevando como bandera su amor por la humanidad, su genuino deseo de transformar el mundo en uno perfecto, lleno de justicia y de libertad.

    Si graciosas y picarescas fueron las respuestas de los galeotes a los interrogatorios de Don Quijote, más gracioso aún es el juicio donde toda una sociedad le hace a la realidad, allá en la venta con el asunto del «baciyelmo». ¡Que si era bacía,quesiera yelmo, y este insignificante objeto crea una polémica entre jueces, abogados, fiscales, acusados y otros miembros propios de la justicia de la época. (¡Qué burla, qué ironía de parte de Cervantes!). Nadie se pone de acuerdo y termina el dichoso juicio entre golpes, mordiscones, patadas, arañazos y otros casillos propios de gente que nunca se pone de acuerdo. ¿Qué quién pone orden? El mismo que provocó la polémica: Don Quijote y es Sancho quien reconcilia la realidad mediante lo que él entendió fue un juicio justo, llamado a la bacía, «baciyelmo». Creo que ésta es una manera precisa de hacerle justicia a la interpretación de la realidad subjetiva. Decía Hostos, «Para conocer la justicia, déjate perseguir por la injusticia».
 

CONCLUSION

    Cervantes elabora con mucha sutileza el tema de la justicia y la libertad en la primera parte de su obra valiéndose de un personaje mesiánico, humorístico y al parecer loco. Porque verdaderamente hay que estar loco para tratar de enderezar un mundo «jorobado y entuerto» pero Don Quijote no vaciló en esto. Lo vemos lleno de gozo y amor cuando valientemente trató de defender de la injusticia, del abuso y la esclavitud al mozo Andrés. Puso todo su honor y empeño por desatar a la niñez del abuso, de la explotación, de la marginación y del prejuicio que cometen los poderosos contra los niños que son los más débiles y sufridos.

    Libertad y justicia proclama la propia mujer en labios de Marcela, que ha sido humillada, explotada y utilizada por el hombre como un objeto personal, a través del tiempo, de la cultura y de la historia. Es un grito de rebeldía y de protesta en contra del hombre que la acosa, que la persigue y que la humilla social, moral y psicológicamente. ¡Bravo por Marcela!,

    Libertad y justicia contra el orden instituido, contra el monstruo poderoso del estado y la religión que manipula al hombre y que lo hace sentir impotente ante el aparato político, sus leyes y parlamentos. Protesta y defensa contra las víctimas de un sistema canceroso que resuelve a favor de los poderosos, de los de arriba, de los que tienen el sartén por el mango y el mango también, Compasión y misericordia para aquellos los oprimidos, para los que sufren los vejámenes inquisitoriales y dictatoriales de un sistema que defiende al rico y al poderoso. Hombres pobres y desdichados que van a galeras por el solo hecho de cometer un delito mortal contra el estado: robar lo que han robado, la comida y la ropa.

    Liberar al mundo del monstruo del mal, de la vanidad, del falso orgullo, de la vanidad, del falso orgullo, de la idolatría y de la soberbia que asfixia al mundo con sus poderosas manos. ¡Qué agradecido estaría Dios si él con su valentía pudiera destruir a aquellos malvados «gigantes» que se apoderan de la tierra y la destruyen a su paso!

    Si el hombre no tuviera ideales, sino tuviera una Dulcinea, por qué luchar, de seguro desaparecería toda razón de vida y no tendría una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra.