Aceptarás el reto de enseñar matemática
y prepárate lo mejor posible para que tus estudiantes puedan aprender.
Reconocerás que algunos estudiantes les temen o
no les gustan las matemáticas, serás compasivo y comprensivo
al enseñar.
Transmitirá a tus estudiantes que su valor propio
no está relacionado con sus habilidades matemáticas.
Adaptarás tus estrategias de enseñanza para
lidear con los diferentes estilos de aprendizaje de los estudiantes.
Respetarás todas las preguntas de todos los estudiantes
como tú quieres que respeten las tuyas.
Continuarás trabajando mediante diferentes avenidas
con la respuesta de "Todavía no entiendo" hasta que se logre comprensión.
No le preguntarás a la clase: "¿Entienden?".
Por el contrario, determinarás lo que cada estudiante sabe o no
sabe, y tratarás sus problemas en forma individual.
Identificarás los estudiantes que necesitan ayuda
adicional y te asegurarás que la misma esté disponible para
ellos.
Involucrarás a los estudiantes activamente en la
clase, les asignarás tareas diariamente en el salón, les
dará asignaciones a diario y pruebas cortas frecuentemente, puesto
que la disciplina del estudiante se refleja de la disciplina del maestro.
Aunque a veces parezcan pocas, contarás tus bendiciones.