archivo documental de artes plásticas puertorriqueña

El Nuevo Día, 1992

Eros y Enigma en las cajas de Julio Micheli


por Doreen M. Colón Camacho
Especial para Por Dentro

Julio Micheli es un artista ponceño que desde la década del sesenta ha creado una vasta obra en distintos medios como óleo, acrílico, esmalte, acuarela, tinta china, cerámica, madera, tela rellena y ensamblajes o construcciones. La galería del Colegio Universitario de Mayagüez presenta la serie más reciente de ensamblajes llamados cajas que muestran una evolución temática de un creciente contenido erótico.

La construcción de cajas como medio artístico no es una expresión de nuevo cuño. El norteamericano Joseph Cor nell es el artista que inició la construcción de cajas durante el primer tercio de este siglo. En ellas Cor nell colocaba objetos de distinta naturaleza para hacer sus planteamientos estéticos y filosóficos má bien de tipo surrealista.

La idea de encapsular objetos es una expresión que se asemeja al concepto de las campanas de cristal tradicionales de la época victoriana que encierran re lojes, flores artificiales, y otros objetos decorativos.

Las cajas de Julio Micheli tienen carácter y personalidad enteramente propia. Sus primeras cajas surgen en la década del setenta. Inicialmente son de formato pequeño en forma de cubos (4"x4"x4"1/2) y rectángulos (6"1/2x13"1/2x2"1/2). Los cubos de láminas de acrílico transparente o como las rectangulares, de madera con cubierta de vidrio, encierran objetos de distinta factura, color y forma. Estos objetos cobran, dentro de la caja, un significado nuevo con carácter estético, simbólico o filosófico, cargados a su vez de misterio, de misticismo y en ocasiones con un sentido del humor muy particular del artista, lo que se acentúa con los propios títulos. Rojo dentro de una caja y Au tocaja son algunas piezas que se exhibieron por primera vez en el Convento de los Dominicos del Instituto de Cultura Puertorriqueño en el l972.

Micheli oculta frecuentemente formas y objetos en sus construcciones con el propósito de guardar un secreto que nadie pueda dilucidar. De este modo, la caja se convierte para el artista, en un medio de expresión a la vez que en un juego para con el espectador. Esto responde a un principio que proviene del Dadá, en que el arte es juego y no es para tomarse en serio. Marcel Duchamp fue la máxima figura de comienzos de este siglo que implanta esta idea mediante la selección y adopción de objetos prefabricados como el medio para su expresión personal. Así, cualquier objeto puede conver tirse en arte. Este pensamiento se convierte a partir de entonces en la esencia del antiarte; y que hoy día se ha tornado paradójicamente en la guía misma del arte.

Cápsula del tiempo, Manual de los ecos, Lo blanco de una nube y el eclipse y Abracadabra forman parte de otra serie que se origina en la década de los ochenta y que se exhibe en la Biblioteca de la Universidad In teramericana de Ponce en el 1984. Esta serie muestra un formato mayor pero algunas de las cuales se distinguen por su estrechez, dificultando el aprecio de la pieza en su totalidad y obligando al espectador a descubrir el contenido en secciones.

Cada vez que Julio retoma el proyecto de las cajas, éstas surgen como una expresión nueva cargadas de una energía que despiertan en el espectador el interés de rebuscar y aceptar el reto del nuevo juego de formas, ideas y conceptos.

Esto es exactamente lo que sucede con la nueva serie de cajas que nos ocupa. Hace algún tiempo hemos percibido una latente sensualidad y erotismo en las cajas de Julio Micheli y que ahora transparece de manera evidente. Estas cajas conjugan un fuerte erotismo con una concepción de tipo intelectual y conceptual.

Una mujer, una rosa y el mar; Un ratito de color, el abismo y brauni mix; Y eso que usted no ha visto los huesos; y La vida es sueño son las piezas impactantes que atrapan la vista del espectador y le obligan a curiosear y entrar en un mundo sugestivo donde la sensualidad y el erotismo fluyen libremente. La composición está constituída por varios planos verticales en los que combina fragmentos tridimensionales, vaciados en distintos materiales por el mismo artista, figuraciones de algunas partes de cuerpo humano, masculino o femenino; con acuarelas, dibujos y otros símbolos.

No falta en algunas piezas un elemento característico de Micheli que son unos objetos reflectores que rebotan formas y colores escondidos dentro o fuera de la caja como es el caso de la imagen del propio observador; elemento que nos resulta un tanto extraño cuando nos descubrimos formando parte de la composición. La delicadeza de la formas, el color y el realismo textu ral de los elementos que componen la imagen dejan al observador igualmente perplejos.

El formato de estas cajas más recientes varian entre veintidos y setentitrés pulgadas de alto, de una y media a once pulgadas de ancho, y de un promedio de tres y media pulgadas de profundidad.

Otras cajas como Le long du rebord, Palo, palito, palo é plantean otras imágenes y otros temas. Destacamos Kedu Daxu, cuya concepción final tomara siete años, y en la qye se hace referencia al lenguaje artificial computarizado con elementos de la naturaleza.

Julio Micheli obtuvo su formación artística durante la década de los cincuenta en Miami y California. Se inicia en el campo del arte publicitario, pero la in geniosidad creativa que le caracterizó de niño afloró prontamente dentro del marco universitario que esti mulaba y propiciaba la experimentación artística.

Al estudiar la trayectoria artística de Julio Micheli, observamos que la expresión estética de todos estos años responde a dos corrientes. Una de tipo formal, donde la aplicación del concepto diseño es la esencia de la obra y donde el orden, balance, armonía y pro porción dan sentido y razón de ser a la obra. Otra, basada en el antidiseño y la experimentación en donde el artista rompe a conciencia con las pautas y exigen cias tradicionales del arte. Hoy día la corriente del anti-arte es norma en la producción artística de las nuevas generaciones pero la temprana manifestación de esta estética en la obra de Julio Micheli, es decir, desde los finales de los cincuenta y comienzos del sesenta, le convierten en uno de los precursores de la experimentación dentro del marco del arte puertorriqueño.

La formación de Micheli en los cincuenta se suscita en un ambiente donde desde la década anterior, el arte en los Estados Unidos, se desarrollaba dentro de dos corrientes. Por un lado, la surrealista, que había co brado ímpetu con la presencia de sus máximos represen tantes europeos como Breton, Ernst, Masson, y Matta, a quienes el caos de la Segunda Guerra Mundial obligó a buscar paz en el Nuevo Mundo; y la línea abstracta, la que combinaba expresinismo gestual con un fuerte e intenso colorido se había convertido en la corriente artística puramente estadounidense conocida como el ex presionismo abstracto con Pollock, W. de Kooning, Baziotes, Motherwell y Rothko entre sus mayores exponenetes

En esa misma década, en Puerto Rico, el arte sentó las bases para dar origen a lo que llamamos un arte na cional, inexistente desde la era indígena por razones resultantes de un colonialismo político, social y cultural que habían ahogado toda manifestación de tipo nacional desde la colonización norteamericana implan tada desde el último decenio del siglo pasado. Durante la década del cincuenta y del sesenta se sucitan en la Isla hechos históricos y culturales que despertaron en un núcleo de artistas de distinto género (pintores, grabadores, cineastas, y escritores entre otros) la ne cesidad de encaminar sus esfuerzos y capacidad artísti ca hacia promover, divulgar y conservar los valores puertorriqueños. La mayoría de estos artistas habían es tudiado estudios de vanguardia en Europa, Méjico y Es tados Unidos, deciden, sin embargo, anteponer su compromiso patriótico a los puramente artísticos. Son estos artistas quienes forjaron durante esta segunda mitad del siglo la esencia de un arte netamente puertorriqueño.

Entendemos que la obra de Julio si bien parece tan dis tante de las tendencias predominantes en sus contem poráneos, su arte se desarrolla en la trayectoria esta blecida durante su formación, a decir, la búsqueda de los contrastes fuertes de lo estético y lo anti-estético. La originalidad de su vasta producción es evidente y esta ha contribuído seriamente a definir su particu laridad, lo que no resta tampoco de su puertorri queñidad, más aún, de su ponceñidad. Esto tiene mérito de autenticidad ya que no se trata de un artista que ha dependido del halago de la audiencia, de la crítica o de la aceptación de sus contemporáneos. Su temática, estructura y propósito no son cónsonas con los intere ses y temas de sus contemporáneos nacionales, pero consideramos que es ahí donde reside el carácter deter minante y libre de su obra.

Hacemos un reconocimiento al Dr. Bacó, quien por tantos años dirige la Galería del Recinto Universitario de Mayaguez, y quien reconociendo los méritos del artista puso a su disposición el tiempo y el espacio. La calidad del catálogo publicado por esta institución no refleja un verdadero aprecio por la obra del artista. La habilitación y actualización eventual de la galería permitirá destacar las muestras que tanto esfuerzo con lleva realizar.