Mari Mater O¹Neill emplea palabras o frases cortas para denominar sus obras, numeradas en secuencia. Los títulos pocas veces revelan el intricado y ambicioso alcance de las imágenes. En este caso la serie se compone de siete piezas en las que emplea el metal. Cada obra consiste de tres tablas ensambladas con aluminio, formato que le permite explorar distintas maneras de componer. La ordenación numérica le brinda un asidero metódico, el aluminio una estructura rígida en la que se desenvuelven las imágenes. De primer golpe, impacta la energía frenética de estas imágenes. Mirar las obras de Mari Mater O¹Neill implica un proceso de explorar, de adentrarse en el laberinto de la imaginación de la artista. Montañas, paisajes marinos, figuras, palabras, bodegones, se nos van revelando a medida que la vista se ajusta a la fuerza centrífuga de la pincelada. El trazo es por momentos fluido y continuo, haciendo alarde de la maestría con que maneja el pincel. Pero es también corto y enfático, en ritmo de staccato. En muchas de las obras incluye siluetas de trapecistas y maromeros, a manera de viñetas realizadas con una línea tosca, como los dibujos de los niños. Veladuras y siluetas tenues, puntos de color y texturas rugosas, trazos cortos y firmes, O¹Neill incluye casi todo lo que puede hacer con el óleo y el pincel. Y esa variedad en la manera de utilizar los materiales de la pintura dista mucho de ser un catálogo de las posibilidades expresivas de la artista: nos adentra al cuestionamiento de la validez de la pintura de caballete, tema casi obligado en el postmodernismo y el apogeo de la realidad virtual, por marte de quien es nuestra más destacada artista del Internet. Los trapecistas y maromeros que figuran en las obras nos remiten al mundo del espectáculo, tema que la artista ha trabajado casi desde el comienzo de su carrera. El maravilloso y heroico mundo del circo, la destreza física, el control absoluto del cuerpo, han captado la imaginación de muchos artistas de nuestro siglo. El alumunio es la carpa de ese circo imaginario en el que O¹Neill ensambla este conjunto de obras. El espectáculo es variado, en cada obra explora una manera diferente de utilizar los elementos de la composición. El formato es homogéneo; con la flexibilidad que le ofrecen las tres tablas y el marco de aluminio, O¹Neill ensaya diversas relaciones entre el metal y la pintura. El aluminio, elemento novedoso en la obra de la artista, expande su vocabulario expresivo. Lejos de ser un componente neutral, se convierte en elemento importante para el desenvolvimiento de la serie. En ocasiones el aluminio es el marco de la composición (M-1 ), soporte que le permite ensayar otra manera de colgar la obra (M-4, M-6 ), panel adicional (M-2, M-7 ), elemento que invade y oculta parte de la composición ( M-3, M-5, M-6 ). La rigidez del metal establece un contraste con la pincelada fluida, en movimiento continuo; el gris frio del aluminio equilibra las explosivas composiciones. Mari Mater O¹Neill realiza esta serie para explorar nuevas alternativas a la pintura de caballete. Cada obra plantea problemas formales diferentes. Si otras series estaban unidas por un tema común: el autorretrato, el paisaje, el discurso feminista, la configuración de Puerto Rico, en la serie presente impera la búsqueda. Emplea el pastiche y la transgresión como elementos guías de esa búsqueda: cómo acercarse al antiguo problema de cubrir una superficie con colores, cómo hacer pintura relevante, de cara al cinismo elevado a teoría en el postmodernismo. Comienza la serie enmarcando las tres tablas en un marco ancho, al que hace incisiones que evocan colgantes de un cortinaje suntuoso. Al final de la serie otra vez corta la plancha con siluetas de maromeros y un gorra estrambótica. O¹Neill explora la proyección de su pintura a lo tridimensional. En M-4 los tres paneles estan en perpendicular con la pered de fondo, mientras que en M-6 la plancha de metal invade la parte superior de la composición y le permite la proyección de cada panel en el espacio. En M-3 barras paralelas de aluminio se proyectan del marco: ocultan la imagen parcialmente a la vez que dan estabilidad a la figuración caótica. La trangresión del metal en la pintura es más dramática en el magnífico bodegón de guineos M-5 ; la imagen queda truncada por la caja de aluminio cuya apertura permite sólo una leve ojeada del panel que resguarda. Paradójicamente, las trangresiones del metal terminan por acentuar el carácter enigmático de las obras, su geometría estabilizadora funciona como estrategia pictórica. Como tal, pierde su carácter perturbador y se asimila al aura de la composición. O¹Neill emplea la transgresión del metal en la pintura así como la apropiación de obras del pasado, de Carlos Collazo y Francisco Oller. Pero apropia a Oller y Collazo en el sentido originario del término, los hace propios: la cita se convierte en punto de partida para una elaboración personal, muy suya. Transgresión y apropiación, dos de los pilares de la teoría del postmodernismo, la ambivalencia y el pastiche, que en manos de O¹Neill terminan no por destruir la pintura, sino afirmando una voluntad de expresión personal. A la vez que explora las más avanzadas posibilidades de la computadora y navega incesantemente en la autopista informática, Mari Mater O¹Neill realiza este conjunto heterogéneo de piezas en la antigua técnica del óleo sobre tabla. En ese mundo de la realidad virtual y las imagenes siempre borrosas y etéreas del pixel, O¹Neill produce El cuarto del quenepón , una página en el Internet que le ha brindado a nuestros artistas y escritores una apertura al mundo entero. De ese gran foro etéreo aterriza en este conjunto de pinturas trabajadas en un medio inventado por los hermanos Van Eyck hace casi seis siglos. Los cuestionamientos del postmodernismo la llevan a buscar nuevas avenidas para su pintura, el empleo del aluminio le brinda posibilidades expresivas. Como los maromeros de esta serie, Mari Mater O¹Neill ejemplifica las difíciles hazannas de una artista contemporánea, flotante entre mundos que los teóricos del arte caracterizan como mutuamente excluyentes. Pero cuando la fiebre del Internet amaine, y las homogéneas imágenes flotantes que nos entran por la pantalla se conviertan en aburrido lugar común, cuando el cinismo postmodernista agote sus 15 minutos de fama, todavía quedarán estos ambivalentes y enigmáticos paisajes, trapecistas, maromeros, pintados con el brio y la pasión de esta artista puertorriqueña. Marimar Benítez accesado en El cuarto del Quenepón