Editorial

EDITORIAL

Beatriz Navia


Adolfo Bioy Casares aseguraba que no hay desdicha que oscurezca la alegría de escribir e inventar algo nuevo. Similar emoción hemos vuelto a sentir todos los que contribuimos en la edición del presente número.

Con esta nueva entrega nos afirmamos en el complicado y fascinante camino del arte y la literatura, contagiados por tantos escritores que, directa o indirectamente, coinciden al afirmar que "la poesía -en su sentido más amplio- es una forma de redención".

La obra de arte nos vuelve más humanos, nos hace más solidarios y permite iniciar un intercambio de ideas, imágenes e interpretaciones que enriquecen en lugar de empobrecer nuestra convivencia. La lectura aporta ideas inteligentes, liberadoras y evita la estupidización alienante; las buenas películas clarifican mucho más que un discurso retórico y hueco; los brillantes cuentos de humor revelan cómo, a través de la literatura, puede darse en el blanco; la cultura ayuda a contrarrestar la pobreza y deformación humana. Es muy probable que un criminal nunca haya leído a Neruda, como muy probable será que un poeta nunca mate por placer o por dinero.

Algo debe andar mal en nuestro medio social cuando, a través de un obsesivo y constante proceso de inversión de lo que deben ser las verdaderas prioridades humanas, se asigna un espacio desproporcionado en los medios de comunicación para cubrir los hechos de sangre que lamentablemente han caracterizado la vida nacional e internacional y se reduce en cambio los espacios dedicados a obras de creación o a la promoción de eventos artísticos. ¿Cómo es posible que en un segmento dedicado a la cultura dure escasos minutos y la mayoría de las veces se refiera a modas y cuidado de perros? ¿Cómo es posible que dos minutos de llamada a una "línea psíquica" cueste lo mismo o más que un buen libro?

Debemos buscar más alternativas de acción frente al rechazo, desinterés o indiferencia que gran parte de los jóvenes siente ante todo lo que sea expresión artística y tradición cultural. ¿Cómo es posible que un joven sólo bostece ante una obra de arte y sea capaz de estallar en llanto si su carro tiene un rasguño? Nuestras sociedades son responsables de esta glorificación de la vida material.

Frente a una realidad cada vez más deteriorada es necesario favorecer iniciativas que tiendan a enriquecer nuestra sociedad civil. "La conspiración de la poesía" -movimiento espontáneo que ha resurgido San Germán, Ponce, San Juan y en otras partes de Puerto Rico- puede ser el indicio de que algunos sectores quieren llenar los vacíos con su aporte en el campo de la cultura.

Otorgar funciones redentoras a la literatura podrá parecer como un inútil gesto de mitificación y egocentrismo o como una forma de perder el tiempo frente a unas páginas salpicadas de símbolos ininteligibles. Afortunadamente hasta la fecha, nada ha podido impedir que se dé continuidad a una de las tareas esenciales que desde la antigüedad se le confían al poeta: descubrir y reconstruir el orden del universo; o, como diría Eugenio Montejo, al escritor le corresponde descifrar "el alfabeto del mundo".

Isabel Allende, a quien entrevistamos para la presente edición, parece coincidir con esta creencia, al afirmar que le "resulta curioso de que a pesar de cierto desprecio hacia la literatura, siguen existiendo libros, sigue habiendo gente que lo único que puede y quiere hacer es escribir, aunque se muera de hambre".