¿Dónde naciste?
Preludio de una entrevista

Por: Franklin Graulau



Estas líneas, en un momento dado, estuvieron comprometidas en el espacio de una entrevista. El día era idóneo para dejarse preguntar. Las mismas se predecían y yo pensaba que solas se contestaban. Hablar de uno mismo, de la obra y su trabajo, a veces se me hace muy pujante, pero en el transcurso de la conversación, descubro estados puramente conceptuales que tengo que describir y llamarlos por sus nombres. Esto me tambalea la lengua y me pone la creatividad en bolines. De no ser así, hubiese sido escritor, orador, poeta, bombero o policía, pero la plástica es el lenguaje que más me asienta. Explicar la obra es como preguntarte ¿cómo te sientes? y que otro conteste por ti.



De todas maneras, aunque me resulte incómodo hablar de mi, el día no estaba tan mal para dejarse entrevistar. Al fin y al cabo el semblante del entrevistador me resultaba tan cómodo que en un momento pensé que me diría: "¡nene, cómete tu cereal!" Este tipo de entrevista es tan predecible, que me puse en piloto automático, listo para comenzar.



Pero, ¡uf!, con qué pregunta se le ha ocurrido a éste empezar. Me pregunto, cuál fue el propósito del entrevistador. Claro, que sólo a él se le ocurre comenzar una entrevista de esa manera. Quedé frizado como cuando los niños juegan "un, dos, tres: ¡pesca'o!". Mientras desconectaba el piloto automático, traté de organizar mis pensamientos. Creo que pasó un eterno minuto de silencio; mientras tanto, la pregunta chocaba contra las paredes. Clara y dominante, repetía en un eco frenético haciendo ruido así: ¿qué es un artista?...., ¿qué es un artista?..., ¿qué es un artista? Pocas veces me había cuestionado esto tan directamente y, cuando traté de contestarla, se me arremolinaron otras variantes con la misma necesidad de ser contestadas. Seguía mudo; la ambigüedad se asomaba por la ventana, justamente detrás de la oreja del entrevistador, y me hacía señas, poniéndose a mi disposición. En la espera, una "monería" de pregunta se dirige a un artista, y se sienta a reclamar una "chulería" de contestación; y claro... ¿qué contesto? Como el artista, como el crítico, como un diccionario, o simplemente "Puerto Rico lo hace mejor"...



Pienso que fue a propósito la encerrona del entrevistador. Yo seguía mudo y, en el espacio, una pregunta “cliché” esperaba una contestación extravagante. Este concepto está completamente desvirtuado; un artista hoy día se tiene que acostar con su equipo de promoción y mercadeo, con su representante, con su público, con sus luchas internas y existenciales, con la política, la religión, la moda, la prensa... y luego de esta prostitución, ser fiel a su arte. Hoy día el poeta le escribe a la "rosa", cuando en su jardín florece el cemento y la terracota.



A un artista no lo hace una obra de arte, el artista es el pensamiento que se enfrenta al planteamiento estético o no, hecho materia. Es su tristeza, su miedo, el amor y el desamor, junto a sus grandes temores, los que forman la inconformidad y el atrevimiento que hacen a un artista crear. El genio se apodera del alma y empieza a edificar un mundo, un lenguaje diferente. Aunque el hambre y la crítica trastoquen el planteamiento estético y temático, no siempre éste se camuflagea de “flamboyán”.



En estos días impredecibles, el crítico de teatro escribe de cerámica, el de cerámica escribe de cine, el de cine escribe de grabados, el político habla de religión y el religioso los condena a todos.




Es aquí que, con frecuencia, pecamos al ver la obra de un artista como una copia de la realidad, rechazando la presencia -compleja pero poderosa- de una realidad propia, nueva y desconocida. El artista es un mundo propio, misterioso e intrincado, cuyos valores e intenciones descansan dentro de sí. En la creación está la determinación que, más que narrar experiencias cotidianas, se avalancha en el planteamiento de las mismas, pero, ésta vez, re-enfocadas, difuminadas y destruidas, para, con el mismo componente, levantarlas. Es este componente el que se oxida en el pensamiento de algunos críticos que son igual que las lavadoras: no distinguen el tejido, y, en su ignorancia, te pasan por el rodillo. Peor aún es ver cómo la experiencia de aquellos que le han ganado la madurez a los años, se tambalean ante el cambio de un nuevo pensamiento, una nueva visión.



En fin, definir un verdadero artista en todos los compases de la creatividad es una tarea imposible, que sólo se puede gestar en la vagina de la ambigüedad... Caray, ¡cuántas cosas me pasan por la mente en tan poco tiempo! Pero ahí sigue el entrevistador: inherte y fijo a mi semblante, tratando de penetrar en mi pensamiento, escondido detrás de un interminable minuto de silencio.



Tan pronto, al escapar de mi inoportuno embelezo, regreso a la entrevista, sin recordar qué exactamente me había preguntado. ¿Qué es un artista?... ¿quién es un artista?... ¿cómo es un artista?...- ¡Uf!, que mala onda, no me quedó otro remedio que preguntarle: ¿me puedes repetir la pregunta? Este suspiró tres veces: -¡Ah, sí! ¿Dónde naciste?





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